
Con Islands se cierra un ciclo, el primero de King Crimson. Corría el año 1971, y tras un nuevo reajuste de miembros (se alistaban Ian Wallace y Boz Burrell), la banda entraba en los estudios Command para registrar la cuarta y última colaboración Fripp-Sinfield (suyos son todos lo temas). El resultado fue una obra maestra, tras ella la última gira americana, un directo muy criticable, Earthbound (1972) y la disolución definitiva… hasta la siguiente reencarnación del Rey Carmesí: la más poderosa y homogénea (Lark’s Tongues in Aspic_1973, Starless and Bible Black_1974 y Red_1974, así lo atestiguan).
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Island sorprende desde su portada: una impresionante fotografía de la
nebulosa Trífida en Sagitario. Originalmente nada más (y nada menos) ni título, ni nombre del grupo. En su corazón: un canto al eclecticismo en una obra conceptual (islas geográficas Baleares e islas internas). Su belleza está por todas partes:
en el angustioso océano de sonidos,
en la fusión con el jazz más vanguardista,
en el lirismo sombrío y húmedo de sus melodías,
en los sugestivos desarrollos instrumentales,
en los inmensos crescendi-accelerandi de enorme tensión,
en su extraña dinámica desgarradora,
en su audaz experimentación dentro del estricto mundo rockero,
en la apertura a nuevas vías de expresión musical,
en la fragilidad exquisita de su instrumentación.
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King Crimson:
Robert Fripp, guitarras,
melotrón y armonio
Ian Wallace, batería y percusión
Boz Burrell, bajo y voz
Mel Collins, flautas y saxos
Peter Sinfield, palabras, sonidos y visionesColaboradores:
Paulina Lucas, soprano
Mark Charig, corneta
Harry Miller, contrabajo
Robin Miller, oboe
Keith Tippett, piano
Formentera Lady: primer tema, primera sorpresa:
rock exótico. Lo abre un contrabajo con arco delineando el primer motivo, introduciendo la flauta y la voz de Boz, que desgrana la primera estrofa de la melancólica y lenta melodía; tras lo cual se aviva el
tempo con la potente entrada del bajo eléctrico
ostinato, y la batería que llevan al segundo tema (estribillo). Tras una repetición completa, aparece un solo de saxo, delirante, cromático; seguido de la aparición de ecos vocales fantasmagóricos (Boz y la soprano) que airean el ambiente y presentan la introducción al siguiente corte en los platillos:
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Sailor’s Tale: una jam-session de jazz sincopado. Un instrumental muy potente y progresivo que se prefigura en el bajo y se lee en guitarra y saxo hasta el éxtasis sonoro en el caos. Cambio de ritmo para un desquiciado solo de Fripp sobre una base de melotrón, que se va acelerando y creciendo en intensidad y texturas hasta fenecer en el melotrón. Puro Crimson, algo tóxico.
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The Letters:
lirismo doloroso. Voz queda, bajo y guitarra para abrir la melodía. De improviso, entrada furibunda del saxo rompiendo la quietud, más batería y solo de guitarra. Vuelta a la melodía en forte y desaparición por donde vino.
With quill and silver knife
She carved a poison pen
Wrote to her lover's wife:
"Your husband's seed has fed my flesh"..
Ladies of the Road:
blues contrastado. Íntimo inicio en la voz, que lee una obscena letra
(ver letras), y en la guitarra, para dar paso al bombo percutido y a un lacerante saxo de Collins sobre otro poderoso bajo eléctrico. La tensión se desvanece en un aéreo y extraño estribillo basado en un juego de voces al estilo Beach Boys o Beatles clásicos. Pura ensoñación que es barrida por sucesivos y vehementes solos en saxo y guitarra.
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Prelude: Song of the Gulls:
asombroso delirio. Puro
rock de cámara: cuerdas en
pizzicato (en el melotrón) y oboe para un tema de ritmo danzante claramente dieciochesco.
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Islands: la
perfección, la estrella rutilante, la isla interior, el fascinante abandono. Se inicia en el piano y en la flauta introduciendo a la voz, en otra melodía triste y desoladora en la primera estrofa, en plan pastoril. El segundo tema le gana en lirismo y abandono, y marca la presentación de la corneta y el armonio. Tras la segunda repetición de ambos temas, el oboe lee la melodía y el sonido va
in crescendo, aumentando su dinámica con el evocador solo de corneta sobre un acolchado y omnipresente melotrón. Para escuchar en completa oscuridad…
Una obra por delante de su tiempo, con división de opiniones en crítica y público. Para mi gusto magnífica pese a su pretenciosidad y delirio.