El Holandés errante - Pulo.
El plazo ha vencido
otra vez transcurrieron siete años.
Lleno de hastío
me devuelve el mar a tierra...
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¿Cuándo sonará
el golpe exterminador,
con el que saltará en pedazos el mundo?
Cuando todos los muertos resuciten,
entonces me sumiré en la nada.
¡Oh, mundos, cesad vuestro curso!
¡Eterna aniquilación, hazme tuyo!
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Aprovechando la gira autonómica de una denominada Ópera Checa de Praga, de cuyos nombres no quiero acordarme, he podido acercarme a una representación del Holandés wagneriano. Ante las escasas expectativas, he salido con el aprobado más dulce que recuerdo... Cuando no esperas nada, un algo te parece el todo.
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A pesar de una muy escasa orquesta, dirigida con interés; a pesar de una Senta joven, fresca, esténtorea, algo gritona y escasa de matices; a pesar de un Holandés recio, oscuro, angustiado también en su propio engolamiento, con una voz que no corría cuando se la exigía. Digo que, pese a estos pecados mortales, hubo un aire de Wagner en la función, un empuje y un oficio, limitado, pero plausible.
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Recordando dicha función he caído en la cuenta de la sobreabundancia de haches en los grandes intérpretes del atormentado volador. Escuchemos dos monólogos "Die Frist ist um":
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Hans Hotter: el incomparable, el prototipo, la vocalidad perfecta para el rol:
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Hermann Uhde: si bien más limitado, es otro arquetipo:
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Y London ¿por qué no tiene haches?