En ocasiones –malditas- el calor del asueto es congelado por
la noticia más devastadora; a modo de una brutal glaciación de la sangre y los
sentimientos, nos llega cercano el dolor más insoportable e injusto al que un ser
humano se enfrenta, sin capacidad alguna de manejarlo: la muerte de un hijo, la
desolación.
La presente es una de esas fatales horas -maldita-
Una maravillosa amiga del Castillo y de su encargado, ha de enterrar a un hijo. Una madre está capacitada para todo, salvo para un trance de esta índole -maldito-
Al ser imposible llevar consuelo, uno ha de conformarse con el más cálido abrazo, y recurrir al gran Bach –autor a quien ella venera- para que nos reconforte con su más bella música para un acto tan trágico: la Cantata BWV 106 Gottes Zeit ist die allerbeste Zeit Actus Tragicus, donde el dolor no deja lugar ni siquiera para las cuerdas más agudas…
(video codonauta)