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jueves, 18 de noviembre de 2010

Alma eslava

La melodía de amplio aliento, profunda, amplia, eterna, pasional, forma parte sustancial del alma de la música eslava, y por extensión de toda su inmensa cultura. Una seña de identidad a través de generaciones, épocas y estilos.
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Paradigma del romanticismo en la cultura rusa, el compositor Sergei Rachmaninov (1873-1943) estrenó en 1901 su Sonata para violonchelo y piano en sol menor op 19, tras su muy popular Segundo Concierto para piano.
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En la sabia combinación de dos naturalezas instrumentales como son el piano y el violonchelo, se alcanza uno de los hitos de la música de cámara. La textura arquitectónica del teclado bañado por el color envolvente de la cuerda grave logran recrear los más variados estados anímicos.
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Esta Sonata en cuatro movimientos, deudora del Schumann más juguetón y de los humores de Brahms, nos atrapa en su vena melódica tan rica y poderosa, tan romántica, tan rusa, tan eslava…
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I. Lento – Allegro moderato - Moderato: íntima introducción que cede paso a dos temas melódicos de generoso desarrollo, y poderosa conclusión.
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II. Allegro scherzando: jugueteo en un piano ingenuo que sosiega el violonchelo en su sensata melodía.
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III. Andante: sencillez y serenidad, con atisbos melancólicos, en la siempre refinada melodía del lied, enriquecida en dos temas de gran hermosura e intensidad, que presenta siempre el piano y con un violonchelo que nos hunde en simas de gravedad infinita. Una serenidad a la que siempre tiende ese ente que denominamos, sin saber explicarlo, alma. Yo-yo Ma y Emanuel Ax nos proponen su lectura en un video de rovingeye2:
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IV. Allegro mosso – Moderato – Vivace: vivacidad pasional en su tratamiento melódico, contrastando al máximo las dos naturalezas instrumentales, sin primacías.
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Una pieza de impactante belleza, apropiada para regalar…el alma.

martes, 26 de febrero de 2008

Nirvana musical

Existen piezas o fragmentos musicales que nos impregnan muy profundamente, dejando honda y persistente huella. Su reminiscencia siempre nos causa un penetrante placer. Felicidad no sólo por evocación, sino pura e inmediatamente física. Una delicia urgente de síntomas que alcanzan el vello, y una saturación de endorfinas que satisface y sosiega. Y todo ello sin necesidad de conocer la explicación racional del motor etiológico, ni falta que nos hace. Yo les llamo “nirvanas musicales”.

Uno de ellos es el primer movimiento Allegro non troppo de la Sonata para piano y violonchelo en mi menor op 38 de Johannes Brahms, así como a él le gustaba decirlo, con el piano por delante. Una amalgama de :

. insondable hondura expresiva
. sobrecogedora intensidad emocional
. amplísimas dinámicas edificadas en la ansiedad
. melodismo desatado colmado de un lirismo energético
. pianismo protagónico y fundamental
. una cuerda abisal pero corpórea y mimosa


Queda aquí constancia en la fastuosa interpretación de Mstislav Rostropovich y Rudolf Serkin
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… ya la entrada al primer tema se produce en los territorios profundos del violonchelo, remontando sobre acordes del piano que recoge la melodía y, generoso, la comparte con la cuerda. Ambos protagonistas la llevan hacia el segundo y hermosísimo tema, expuesto en el chelo, con una dinámica demoledora. Vuelve la paz negociada por el teclado volcándola hacia el tema inicial. Uno y otro son desarrollados y reexpuestos en un mano a mano que nos pasma…