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viernes, 23 de marzo de 2012

C.W. Gluck: TELEMACO

En plena labor reformadora de la ópera, tras haber publicado su maravilloso Orfeo ed Euridice, y previa a su otra cumbre lírica, Alceste, Gluck compuso una ópera en dos actos que fue sepultada por los siglos: Telemaco ossia L’isola di Circe (1765)

El motivo fue la celebración de la boda de José II de Austria con María Josefa de Baviera, para cuyas festividades aportó también otras dos obras: Parnaso Confuso y el ballet Semiramide. La ópera no tuvo éxito alguno y no volvió a subir a las tablas hasta el año 1987 en Salzburgo.

Durante esa catarsis de la opera seria que Gluck comenzaba a producir, Telemaco se mueve en un ambivalente doble plano, manteniendo la aristocrática presencia, rígida y distante, de la vieja escuela, pero dotándola de sus elementos diferenciadores, en cuanto al predominio de la acción dramática, en sus conjuntos, corales, recitativos orquestales, en sus arias sin da capo, insuflándole retazos de una Belleza tan desconocida como encantadora.

El libreto de Marco Cotellini nos traslada a la antigüedad clásica, como es obligado ante tan magnos fastos, para contarnos las peripecias de Telémaco que parte en busca de su padre, el héroe Ulises, que está prisionero, por amor, en la isla de Circe, junto a sus hombres que han sido transformados en árboles. Allí el joven Telémaco, ante la desesperación de la diosa hechicera, ayudará a la liberación de su padre y encontrará a Asteria, su prometida perdida.

De un reciente montaje en Basilea, con David DQ Lee (Telemaco) Agneta Eichenholz (Circe) y Tomasz Zagorski (Ulises) con la Freiburger BarockOrchester dirigida por Anu Tali, escuchemos:

La brillante Aria de Circe del Acto I In mezzo a un mar crudele


(vídeo Barbebleuei)

La ensoñadora Aria de Telémaco del Acto II, Ah! Non turbi il mio riposo, y la respuesta contundente de Ulises:

(vídeo Barbebleuei)

sábado, 12 de abril de 2008

Orfeo reformista

Christoph Willibald Gluck ha pasado a la historia de la ópera como el reformador (o reformista) del género durante el siglo XVIII. Un nuevo clasicismo basado en la simplicidad, la naturalidad y la verdad. Desaparecen el recitativo secco y el adorno superfluo; aparece la sencillez elegante y el arrobo económico. La música interpreta una arquitectura dramática. Nace un dramatismo natural, un hermanamiento de músico y poeta

Su primera versión del Orfeo ed Euridice, en italiano, estrenada en 1762 suele considerarse como la primera manifestación del nuevo estilo, aún con sus ataduras italianizantes. Estilo que se vería refrendado y enaltecido con Armide y sus Ifigenias.

Antes de profundizar en su aria más conocida, detengámonos por un momento en otro pasaje de enorme belleza, también en la voz de Orfeo: el aria “Che puro cel!" , dónde hace gala de una extraña y maravillosa orquestación:
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Marlyn Horne con las fuerzas del ROH y Solti a la batuta

Pasemos ahora al aria da capo “Che faró senza Euridice?”, originalmente para castrato, muchas de las más grandes mezzos han dejado su impronta en esta “teta de novicia” gluckiana , también de nuevo Marilyn Horne:
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Sin ánimo de ser exhaustivo, escuchemos ahora otros acercamientos a esta preciosidad: