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viernes, 1 de junio de 2012

Y triunfaron los Colonna...

Entonces quise ver 
a mi excelsa novia, 
coronada como reina del mundo... 
Pues, sabes que 
¡mi novia se llama Roma! 

Sabemos desde muy pequeños que el futuro no está escrito (¿o sí?) pero que, siendo inasible, tiene una gobernanza (¡tan de moda!) que responde al nombre de destino (¡también conocido como dios de los mercados!). Pues el tal gobernador, siempre eficiente (¡no como MAFO!) con un sencillo quiebro, me llevó, tras una ausencia tan llorada como prolongada, hasta el Teatro Real de Mortier (¡qué bien suena!) para presenciar una ópera en concierto (sic) de Richard Wagner, repudiada por el propio compositor ¡!!! (sic, sic, sic) ... Por cierto, el regio teatro, además de subir precios ha dejado los programas de mano a la altura del bono-basura

RIENZI era el último tribuno (de Roma) y así se llama la obra de don Ricardo, que cuenta con un libreto suyo basado en una novela de Edward Bulwer-Lytton, el inventor de la novela histórica, el hombre de la chica inapropiada. Un texto un tanto farragoso pero evolutivo; imposible como el de todas las óperas. 

La partitura carece de estilo definido; huele a todo ¡incluso a Wagner! Se mueve entre la ampulosidad de la Grand Opera y el Verdi más popular, mientras apabulla con más heroísmo que tragedia con el omnipresente Coro que ejerce de narrador y actor, en actitud esquizoide. Si le añaden una orquesta casi siempre en tutti, casi siempre en ff, el efecto es demoledor: uno se siente de túnica vestido, laureada la cabeza y salvador de doncellas y capitales de la civilización... 

Entre tanta efe y palabrería, más de vez en vez que de cuando en cuando, asoma el wagner del porvenir... En ciertos pasajes de la Obertura, y especialmente en la Plegaria de Rienzi del Acto Quinto, aparece ese lirismo místico, que como una espina dorsal, recorre todo el organismo wagneriano desde Lohengrin hasta Parsifal. Escuchen atentamente si no (¡es Windgassen!):

   
(vídeo OperaDepot) 

Modo Crítico (conciso): función del 24 de mayo de 2012, triunfaron los Colonna... 
Claudia Mahnke: un Adriano Colonna vigoroso e íntimo a la vez, flexible y hermoso. 
Stephen Milling: Steffano Colonna de bella profundidad maligna y untuosa. 
Andreas Schager: Rienzi de noble timbre, irregular en fiato y metal pero compasivo y creíble en su plegaria, de mejorable fraseo. 
Anja Kampe: difícil cometido con el papel siempre crispado e inclemente de Irene, pero salió airosa, que no brillante. 
Grandes primarios para unos co-primarios mucho más pedestres, entre los cuales cabe destacar la siempre solvente Marta Mathéu como Mensajero de la Paz (¡adelante, chica!). 
Coro Intermezzo, coro titular del TR reforzado para la ocasión por el Philharmonia Chor de Viena: espectaculares, impactantes, imprescindibles... 
La Orquesta titular, Sinfónica de Madrid, ofreció un sonido muy por encima de mis recuerdos, con unos metales en un estado de forma como nunca había escuchado; fue conducida con decisión y empuje por Alejo Pérez, escaso en paleta de matices, si bien es cierto que la partitura no concede tregua. 

Vale, de acuerdo, no hubo la magia de la Traviata de Lisboa, ni el vértigo de la Prima de Riesgo (¡país!), pero ¿¡y lo que he disfrutado!?

miércoles, 19 de noviembre de 2008

El pluriempleo de Windgassen: Siegmund

Cuenta la leyenda bayreuthiana que en el Anillo de 1956, debido a la indisposición a última hora del por aquella época imprescindible Siegmund, el tenor chileno Ramón Vinay, hubo que localizar urgentemente en Stuttgart a Wolfgang Windgassen, a la sazón cimentando ya el mejor Siegfried del Nuevo Bayreuth, para que en un alarde de pluriempleo, sacase adelante el arduo papel. Parece ser que llegó al Festspielhaus con el tiempo justo, siendo maquillado y vestido durante el preludio de Die Walküre. En estas condiciones y ante la falta de ensayos (mal endémico de esta Tetralogía), legendarios fueron también los desajustes con el foso. Así quedó registrado en la genial e imprescindible grabación del Ring de Knappertsbusch de ese año.

Windgassen ya había cantado y registrado el rol, tanto con Furtwängler en 1953 en Roma, como al año siguiente con Keilberth, y aún lo haría en el Anillo de Kempe de 1960 en el templo wagneriano.

Si bien sus Siegfrieds han quedado como referencia ineludible, en el papel del welsungo nunca terminó de convencer, provocando incluso críticas adversas. Quizá por la tesitura más grave del hijo de Wotan, esta comprometida página ponía de manifiesto sus limitaciones de color, metal o potencia. Lejos de la lectura expansiva y heroica de Vinay, Windgassen componía un Siegmund más humano, íntimo y sufriente, supliendo con la actuación e introspección del personaje lo que la inadecuación vocal pudiese mermarle. Convirtiendo el ímpetu juvenil de su garganta, la claridad de su emisión, la expresión inteligente y matizada, en sus armas de conquista. No fue un Siegmund duradero en Bayreuth, demasiada labor, dejando paso a grandes intérpretes como Jon Vickers o James King

Escuchemos una pequeña pero clara muestra de ambos flancos en el fragmento “Ein schwert verliess” del primer acto de Die Walküre de 1956 dirigida por Hans Knappertsbusch:
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