domingo, 1 de marzo de 2015

Antikrist, la ópera


Antikrist es la única ópera de Rued Langgaard (1893-1952), músico danés que se movió con gran elegancia desde tardío romanticismo simbolista hasta un futurismo excéntrico, pasando por un período neoclásico.

Hombre visionario e idealista, educado en un ambiente familiar donde la música era un nexo espiritual con la divinidad, con apenas veinte años pudo disfrutar de un concierto exclusivo de su obra por parte de la Filarmónica de Berlín, en pleno comienzo de su exitosa época modernista.

En este período se puede incluir Antikrist, al igual que su preciosa Sinfonía N. 6; la primera versión de la ópera data de 1921-23. La denominada por él mismo “Ópera de Iglesia” o también “Escenas del Juicio Final” es una obra teosófica, un drama alegórico preñado de moral religiosa que trata de la decadencia de la civilización occidental ¡sí, ya por entonces! Una llamada de atención sobre el egoísmo, la vanidad, la arrogancia y la ausencia de valores espirituales de la sociedad.

Para esa labor, Langgaard escribió un libreto, plagado de monólogos, valiéndose de un poema dramático homómino de P.E. Benzon y del personaje bíblico del Anticristo, figura diabólicamente seductora que nos devuelve al eterno conflicto entre construcción y destrucción. Fuertemente simbólico, hasta casi el absurdo, mira también al Wagner libretista.

La música, influenciada por su compatriota C. Nielsen, bebe directamente en el Romanticismo alemán, Schumann y Wagner especialmente, para continuar la línea post-romántica y expresionista del Richard Strauss de Salome, con toda su carga de voluptuosidad, belleza y decadencia. Orquesta amenazante y omnipresente, y voces de intensa expresividad. G. Ligeti, considerado epígono de Langgaard, nos legó un gran remedo, su Grand Macabre.

Debido al rechazo de la ópera por el Real Teatro Danés, la rehizo entre 1926 y 1930 para dejarla en su versión definitiva, que también sería rechazada y que no pudo ser montada en escena hasta 1999.

Preludio
Prólogo (Lucifer, La Voz de Dios): creación del Anticristo:



Acto I
Escena I. La Luz de la Sabiduría (Espíritu Enigmático, Eco del Espíritu Enigmático): introducción que caracteriza el espíritu de la época justo después de la llegada del Anticristo.
Escena II. Vanagloria (La Boca que dice Grandes Cosas): representa la superficialidad de la vida moderna.
Escena III. La Desesperación (El Abatimiento): describe el pesimismo y la apatía de la época.

Acto II
Escena IV. La Lujuria (La Gran Prostituta, La Bestia Escarlata): ejemplifica la erótica del Poder:



Escena V. La Lucha de Todos contra Todos (La Gran Prostituta, La Mentira, El Odio): el mundo del Anticristo.
Escena VI. La Perdición (Voz Mística, La Voz de Dios): Dios destruye al Anticristo.

Conclusión: Coro "Ephphatha": desde la luz celestial canta la enseñanza moral.

vídeos Barbebleue.i
Interpretación: corresponde a la de la ilustración.

domingo, 22 de febrero de 2015

Kafka - Kurtág


“Nos arrastrábamos a través del polvo, un par de serpientes”

Breves y selectos  fragmentos de escritos privados de Franz Kafka (diario, cartas) sirvieron de inspiración y guía al compositor György Kurtág para su obra Kafka-Fragmente op 24.  Escuetos como una sencilla frase algunos y lapidarios otros, todos son relámpagos en un cielo kafkiano:

“Dormido, despierto; dormido, despierto, ¡miserable vida!”

“Mi prisión, mi fortaleza”

“El coito como castigo a la felicidad de estar juntos”

“Ahora a la noche, después de estar estudiando desde las seis de la mañana, me doy cuenta de que mi mano izquierda, por compasión, envolvía con los dedos a la derecha, durante un momento”

G. Kurtág (1926) flamante Premio 2015 de Música Contemporánea de la Fundación BBVA, entró en el mundo literario de Kafka a través de su novela Metamorfosis; para llevar al pentagrama escogió escritos más íntimos y personales, casi teológicos en un sentido de religiosidad como refugio, donde el sentimiento (tristeza, desesperación, melancolía, soledad) cobra vívida expresividad en su música.

Una música para violín solo y voz de soprano, sin bajos, sin anclajes terrenales, en un guiño al repertorio yiddish. En un alarde de libertad interpretativa la voz se convierte en instrumento fieramente humano, al tiempo que el violín, queriendo ser voz, recorre las más complejas sendas de su íntima personalidad valiéndose de toda la gama de recursos expresivos y técnicos: glissandi, pizicatti, dobles cuerdas, golpes de arco, saltos imposibles, …  Expresionismo.

La obra se compone de 40 Fragmentos, algunos de apenas unos segundos de duración, estructurados en cuatro Partes.

Se trata de escuchar, y a la vez recordar las luminosas palabras de W. Benjamin, a propósito de Kafka, que bien pueden hacerse extensivas a esta obra de Kurtág: “rasga el cielo en cada gesto, como El Greco”

Parte I Fragmento 11: 
DOMINGO 19 DE JULIO DE 1910 (BERCEUSE II )
"Dormido, despierto; dormido, despierto, ¡miserable vida!"




Parte IV Fragmento 8:
NOS DESLUMBRABA LA NOCHE DE LUNA CLARA …
"Nos deslumbraba la noche de luna clara. Pájaros cantaban en los árboles. En los campos silbaba el viento. Nos arrastrábamos a través del polvo, un par de serpientes."



(vídeos Barbebleuei)

Juliane Banse, soprano
András Keller, violin
en una muy recomendable grabación del sello ECM

domingo, 15 de febrero de 2015

Excitante


Pocas combinaciones producen un sonoridad más excitante que la trompeta y el órgano, teniendo en cuenta, además, que hablamos de tan solo dos instrumentos. 

La potenciación del envolvente universo orquestal del continuo, con veleidades de solista, del órgano con el desparpajo extrovertido, y cierta dosis de tristeza circense, de la trompeta con su especial tímbrica, transmite pasión intrigante,  ansiedad endocrina, movimiento hipertensivo, alegría con tristeza, solemnidad y frescura al unísono; en especial si el sonido aprovecha la reverberación de una catedral o basílica, o cualquier templo de esos de altos techos y profundos espacios.

Entonces eres parte del Sonido. Pura Física.

En el fértil período musical del Barroco, el más fértil de la Historia, era bien conocido y utilizado para excitar los sentidos, tanto en composiciones ad hoc como en multitud de transcripciones.

Muchos son los autores que supieron sacarle partido, desde Vivaldi a Telemann.  Y entre tantos nombres ilustres hoy elegimos a uno menos conocido:  Jean Baptiste François Loeillet  (1653-1728) y su magnífica Sonata para órgano y trompeta en do mayor, escrita en la vieja arquitectura formal de sonata da chiesa, en cuatro movimientos Adagio-Allegro-Largo-Allegro:


(vídeo Barbebleuei)

Maurice André, trompeta
Hedwig Bilgram, órgano Detlef-Kleuker de la Iglesia Evangélica Alemana de París

domingo, 8 de febrero de 2015

Una cierta forma de silencio


Y si la Música
ayudase a olvidar?
mi querida memoria
se ha perdido entre
los adoquines de una vieja ciudad,
donde los niños se entendían
en el rodar de un balón.
Ahora ya no recuerdo
cuándo pisé el mar
por vez primera.

Y si las Sombras
fuesen el Mundo?
Lejos de la luz
soy una sombra, quieta,
que nadie ve
ni entiende;
en el reino del Amor,
soy el Olvido.

Desde la vejez
a la infancia,
nos movemos
entre la Necesidad y
el Orgullo
Por qué el mármol es más bello
al quebrarse?

Dicen que lo peor de la muerte
es el Silencio…

Los últimos años de la vida de J. Brahms conocieron un regreso a la obra pianística, al recogimiento del piano solo. Así fueron surgiendo en un plazo de un par de años: Siete Fanstasías para piano op.116, Tres Intemezzi para piano op. 117, Seis Piezas para piano op. 118 Cuatro Piezas para piano op.119.

Partituras alejadas del virtuosismo, muestran un alto grado de introspección y pureza de sentimientos; una luz esencialista. Varias colecciones fueron dedicadas a Clara Schumann, quien comentaría: “en estas piezas, por fin siento de nuevo agitarse la vida musical en mi alma”

Brahms tan solo escribió posteriormente  sus  Sonatas para clarinete y piano, los Cuatro Cantos Serios y los Once Preludios de Coral para órgano. Luego, el Silencio…

Escuchemos  la  exquisita lectura que hace  Radu Lupu  del  Intermezzo número 2   -Andante teneramente- perteneciente a las  Seis Piezas para piano op. 118:


(vídeo Beckmesser2)


fotografía "Laelia anceps" y poema "Silencio de Brahms": Barbebleue

domingo, 1 de febrero de 2015

Un extraño entre nosotros


En anteriores ocasiones hemos hablado en el Castillo sobre esa categoría de artistas cuyo éxito es escaso o nulo, pero cuya influencia es descomunal; se les llama artistas de culto, por su poca trascendencia mediática. A algunos también se les conoce como malditos, o incluso perdedores; nada más lejos de la realidad, pues sobreviven a sí mismos.

Nick Drake es otro buen ejemplo. Un cantautor hermético, introvertido, proclive a la depresión y bordeando el fatalismo. Contando apenas 20 años abandonó los estudios de Literatura Inglesa en Cambridge para dedicarse a la Música, grabando su primer disco Five Leaves Left (1969), una colección de canciones profundamente melódicas con letras desoladas.

Ésa sería su impronta: temas muy personales con melodías de ocaso e historias de soledad y sueños, susurradas con una voz acogedora, como un instrumento de viento madera. Había también una guitarra y un aire de folk doloroso.

Solo tres obras discográficas, que fueron de fracaso en fracaso, apenas defendidas ante el público, hasta su propia desaparición en 1974 –no está claro si por suicidio o error con los antidepresivos- y su posterior reivindicación como genio incomprendido. "A Stranger among Us" como bien titulaba el documental biográfico realizado en 1998.

Su segundo álbum Bryter Layter (1970) creo que es el más logrado pues maximiza todas sus cualidades con unos arreglos de cuerda y viento, de sabor jazzy, que armonizan admirablemente con la atmófera drakiana

El último, Pink Moon (1972), sería una especie de testamento musical muy personal sin apenas más elementos que la voz y la guitarra; una obra aún más intimista y recogida, minimal.

Les propongo escuchar tres bellísimos temas de su segundo álbum:

"One of These Things First": es un balanceo rítmico que cobra vida en la poderosa línea del piano…

(video txomin1985)

"Fly":  es un suave desgarro que sangra en la viola de John Cale…

(video Musinefilo359SubtiulosEspañol)

"Northern Sky": es una brisa del norte sobre un cielo azul purísimo…

(video txomin1985)

domingo, 25 de enero de 2015

Desde Bergen

                                                               
                                                                        Winter in Bergen
                                        by kind permission of Klaus Meyer (norwegianlight.com)

Casi con toda seguridad Edvard Grieg es el compositor noruego, nacido en Bergen, más conocido en el vasto universo de la llamada Música Clásica. Y en gran parte es debido a una obra sinfónica: las suites para orquesta Peer Gynt.

Grieg fue parte destacada del colectivo Euterpe que hizo frente al germanismo musical imperante, abanderando una escuela popular de profunda fibra romántico-nacionalista.

Pero Grieg es mucho más que una obra. En concreto su Concierto para piano y orquesta en la menor op 16  consiguió un lugar destacado en el gran repertorio romántico casi desde su estreno en Roma en 1870. Tomando como modelo el Concierto de R. Schumann, sus gélidos aires escandinavos, mecidos entre un profundo lirismo y un virtuosismo à la mode, fueron alabados hasta por el mismísimo Liszt (en especial su cadencia final le dejó boquiabierto)

Dicho Concierto, breve pero intenso, se estructura en tres movimientos:

I.   Allegro molto moderato: dos temas bien definidos, una danza popular “halling” y una elegía, que se desarrollan amplia y globalmente.

II. Adagio: música nocturna que expande, a través de las cuerdas con sordina, la bruma sobre el fiordo. Poesía musical para la chimenea. attaca

III. Allegro moderato e marcato-Quasi presto-Andante maestoso: una nueva danza que contrasta con un suave cantabile hasta la explosión de la cadenza final.

Escuchemos los dos últimos movimientos en la lectura que el legendario Svjatoslav Richter, el gran pianista cálido y romántico, ofreció en Praga en 1977 acompañado por la Orquesta Filarmónica de Moscú dirigida por Kiril Kondrashin. Una gozada, se lo aseguro.


(vídeo Barbebleuei)

domingo, 18 de enero de 2015

René Pape en AC


En lo primero que uno piensa al escuchar, en directo, a René Pape es en un vino, en un buen vino; un tinto con cuerpo y crianza, de esos que superan el estado líquido pero que corren gloriosamente, como caricias de madrugada.

La voz del cantante de Dresde es suave calidez, no solo por su tesitura de bajo barítono o bajo cantante, como por la riqueza de armónicos que atesora su timbre y la homogeneidad que expresa. Su canto, el uso artístico que hace de ella, es el complemento adecuado y natural: profundamente expresivo, se mueve desde lo dramático a lo lírico sin malgastar una gota de esencia ni perder cualidades sonoras.

Su aparición por la Temporada Lírica coruñesa, acompañado por el pianista Camillo Radicke, dejó sabores de madera en invierno entre la afición musical. En cartera un espectacular programa de lied y canción sobre la Trascendencia, que había presentado en septiembre en el Met y que llevará próximamente a La Scala. El coqueto Teatro Rosalía de Castro de A Coruña se hacía así su hueco entre dos templos descomunales…

El recital se abrió con los Gellert-Lieder op.48 de L. v. Beethoven: seis textos seleccionados del poeta Christian Fürchtegott Gellert, de profundo sabor religioso, que el genio de Bonn dedicó al conde von Browne-Camus. Una exposición austera que resultó impresionante en sentido literal, incluso hasta el temor.

De un A. Dvorak americano presentaron su ciclo Biblical Songs op.99 Oscuras canciones basadas en el Libro de Salmos de la Biblia de Kralice (1613), cuya profundidad fue humildemente sobrecogedora.

La segunda parte se inició con Three Shakespeare Songs op.6 de Roger Quilter, compositor británico del siglo XX. Sencillas obras hechas poesía pura por una melodía de acentos tristes.

Para el final dejaron la Gloria: los cuatro Cantos y Danzas de la Muerte de M. Mussorgsky, sobre textos de Golenishchev-Koutuzov. La omnipresente Muerte recorre, casi amigablemente, diversas escenas con un dramatismo fieramente humano, en un paroxismo que bordea la demencia (tan cara a Mussorgsky), y que Pape supo interpretar de manera conmovedora.

Escuchemos la tercera de ellas: Trepak

Reina el silencio, los bosques están desiertos,
Tormentas de nieve gimen y aúllan.
Parece como si, a lo lejos, en la noche oscura,
Pasara un cortejo fúnebre.
(…)

(vídeo Valen Cienne)

Dos Lieder y L’Ultima Canzone de Tosti despidieron, entre bravos,  a un enorme cantante de post-gusto generoso.

¿El pianista? Luminoso y expresivo, imprescindible!

domingo, 11 de enero de 2015

Música para Viola desde La Scala


Milán. Primeras décadas de 1800. Teatro La Scala. Verdi. El Conservatorio.
Todas estas variables de uno de los períodos más fructíferos de la Música, cuentan con un denominador común, todavía hoy bastante desconocido, llamado Alessandro Rolla (1757-1841)

Es de amplio conocimiento que Giuseppe Verdi fue rechazado en su intento de acceder al Conservatorio milanés. Uno de los integrantes del jurado fue el mencionado Rolla, quien, sin embargo, encauzó positivamente la formación musical del joven músico de Busseto. La razón de su presencia no era otra que ser el primer violín y director de la orquesta de La Scala de Milán, y profesor en dicho Conservatorio.

Alessandro Rolla había nacido en Pavia, un año más tarde que Mozart. Tras estudiar en Milán, a finales del XVIII era ya primer violista de la Orquesta Ducal de Parma, donde conoció al gran Paganini (aquí no hay consenso respecto a si fue alumno suyo). En 1802 llegó al primer puesto musical en el Teatro milanés, donde desarrolló una brillante labor como instrumentista y director de la orquesta durante treinta y un años. Años más tarde, fue nombrado primer profesor de violín y viola en el Conservatorio de la ciudad.

Además de gran virtuoso del violín, consiguió dar un gran realce al valor de la viola como instrumento solista. Publicó un abundante opus pedagógico sobre técnica instrumental de la hermana mayor del violín. Desde el podio de dirección vivió la gran eclosión del belcantismo, pasando por su batuta obras universales de Rossini, Bellini o Donizetti, amén de las obras maestras de Wolfgang Amadeus.

La composición fue otra de sus ingentes tareas, más centrada en el tratamiento de los instrumentos de cuerda, de nuevo con especial fervor hacia la viola, instrumento al que dedicó numerosas piezas, para su mayor gloria. El gusto por la melodía cantabile y el alto virtuosismo técnico son constantes en su opus.

Habiendo vivido en un período tan especial, en su música se pueden rastrear arqueológicos rescoldos del estilo galante, la perfecta arquitectura clasicista de Haydn, la elegante sutileza de Mozart o la pasión romántica de Beethoven, de quien se declaró ferviente admirador y cuya obra ayudó a difundir en Italia.

Su Divertimento en Fa mayor para viola y cuerdas, en dos movimientos, es un precioso ejemplo de genialidad compositiva y técnica instrumental desatada.
I. Andante sostenuto: dolorida melodía casi vocal que se desliza con timidez
II. Allegro alla polacca: refinado galope venido del norte

(vídeo Valentina de filippis)

Simonide Braconi, viola
Orchestra da Camera "Ferruccio Busoni" di Trieste.
Massimo Belli, director

martes, 6 de enero de 2015

Conciertos Navideños y 5


Johann Sebastian BACH

Oratorio de Navidad  BWV 248
Cantata para la Fiesta de la Epifanía
Coral "Nun seid ihr wohl gerochen":


(vídeo Barbebleuei)

RIAS-Kammerchor
Akademie für Alte Musik Berlin
René Jacobs

domingo, 4 de enero de 2015

Conciertos Navideños 4


Giuseppe TORELLI

Concerto à 4  opus 8  número 6
(per il Santissimo Natale)


(vídeo Barbebleuei)

Il Giardino Armonico