domingo, 15 de enero de 2017

De lo efímero


Somos maravillosamente efímeros…

Queridos lectores: he decidido que es el momento adecuado de poner fin a las actualizaciones de este blog musical que tantas satisfacciones me ha aportado. Son casi diez años (y 644 entradas) de pasear conjuntamente los jardines y estancias de este Castillo, tiempo suficiente para haber cumplido los propósitos para los que fue creado: compartir emociones y sentimientos por medio de la Música, de las músicas y las palabras.

Debemos ser conscientes de que somos ciclos de vida y atenernos a ello.

El Castillo seguirá abierto durante un tiempo, al menos mientras valoro la posibilidad de convertirlo en libro.

Barbebleue seguirá vivo en Facebook: 
https://www.facebook.com/arturo.r.camba

Arturo R. Camba estará trabajando en su ilusionante proyecto editorial, con mi amiga Pilar Fdez.-Pinedo: 
http://www.editorialcuestiondebelleza.com

Gracias a todos y a todas.

La despedida forzosamente ha de ser mediante una música maravillosa, un aria de nuestro bien amado WA Mozart: «Voi che sapete» canta Cherubino en Le Nozze di Figaro.

(vídeo Alejandro Frutos Comaretto)




domingo, 8 de enero de 2017

Déserts


A mediados de los años cincuenta, cuando Frank Zappa consiguió por fin hablar por teléfono con su ídolo musical de juventud, Edgar Varèse, el compositor nacido en París le comentó que estaba trabajando en una nueva obra titulada “Déserts”. Esta circunstancia estimuló todavía más la imaginación del adolescente Zappa pues por entonces el músico norteamericano vivía cerca del desierto de Mojave, California. Desde entonces Zappa tomaría como suya la máxima de su maestro: “The present-day composers refuse to die”.

Edgar Varèse (1883-1965) es un compositor muy personal, inimitable, explorador infatigable del sonido acústico y electrónico, divulgador y maestro del timbre instrumental, profundo y provocador como artista avanzado a su tiempo.

“Déserts”, la nueva partitura de Varèse tras veinte años sin escribir para orquesta, no explicita el desierto de arena, el páramo exterior, sino el desierto interior, la soledad profunda del ser humano. En palabras escritas del propio músico: “Déserts significa para mí no solamente los desiertos físicos, de arena, de mar, las montañas o la nieve, del espacio exterior, las calles desiertas en las ciudades; no solamente esos aspectos baldíos de la naturaleza, que evocan la esterilidad, el alejamiento, la existencia fuera del tiempo, sino también ese lejano espacio interior que ningún telescopio puede alcanzar, donde el hombre está solo en un mundo de misterio y de soledad esencial” (carta a Ódile Vivier).

Obra para viento y percusiones, que incluyen el piano, explora ese íntimo interior plagado de silencios. En las disonancias desatadas de los vientos, en sus ritmos imposibles, en los variados y refinados timbres, en la intensa repetición de motivos, en el exquisito sentido del color, o en la quietud sonora que emana, hallamos el latido del corazón más profundo y las preguntas más antiguas que todos nos hacemos cuando cerramos los ojos en compañía de uno mismo.

La partitura completa incluye también tres pasajes de “sonidos organizados”, material sonoro grabado en cinta magnética que incluye ruidos de fábricas o improvisaciones de músicos en directo. Si bien este conjunto pre-registrado está hoy día disponible para su ejecución con la parte orquestal, el propio compositor precisó que “Déserts” podía ser ejecutado sin el añadido de música electrónica. Así lo podemos disfrutar en el siguiente vídeo:

(vídeo LuxSonica)

domingo, 1 de enero de 2017

Sublime amistad


Vínculo sin interés
forjado en los albores del
raciocinio.
Complicidad de gestos,
de miradas como lenguaje
cognitivo.
Esfuerzos y deseos
compartidos sin distancia
emotiva.

Adolescencia, parejas,
paternidad,
enfermedad, música,
muerte.

La espuma de los años,
el roce de la vida,
descubrimiento conjunto
del placer y del dolor.

Opresivo abrazo,
sinceridad sin coste,
risas y llantos.
Sublime amistad.

poema dedicado, con mi mayor cariño y mis mejores deseos de año nuevo, a mi querido amigo Manuel Ángel Darriba  "Darri"  en estos duros momentos de salud... Preciosa Aria de tenor y dos violines obligados "Ich Will Nur Dir Zu Ehren Leben" de la Cantata de Año Nuevo del Oratorio de Navidad BWV248 de JS Bach.


(vídeo J.S.Bach)


domingo, 25 de diciembre de 2016

De lo Sublime

Abadía en el robledal - Caspar David Friedrich (1774-1840)

Pseudo-Longino, en su tratado “Sobre lo sublime”, en torno al siglo I, nos habla de la expresión de grandes y nobles pasiones que implican una participación sentimental. Un algo artístico que anima desde dentro y lleva al éxtasis.

Edmund Burke, en el XVIII, introduce el concepto de temor controlado en el origen de lo sublime, al nacer cuando se desencadenan pasiones. Es la emoción más fuerte que el alma es capaz de experimentar.

Para Immanuel Kant lleva implícito una idea de infinitud inabarcable, por tanto una sensación de desasosiego, de malestar, de inquietud.

Friedrich Schiller encuadra lo sublime cuando nuestra naturaleza percibe sus propios límites, con un sentimiento mixto de tristeza y alegría. Para el poeta las almas refinadas lo prefieren a cualquier placer.

Arthur Schopenhauer, ahondando en su componente maligno llega a categorizar fases de lo sublime, según el grado de destrucción del observador.

Barbebleue encuentra lo sublime todas la mañanas del día de Navidad en el Coro “Jauchzet Frohlocket, auf, preiset die Tage” con el que se abre, a golpe impresionante de timbales y metales, el WeihnachtsOratorium BWV248 de Johann Sebastian Bach

¡Felices Fiestas!

(vídeo meinhardo)

domingo, 18 de diciembre de 2016

Schubert en el Sur


Siempre me han gustado las Misas de Franz Schubert. Desde la primera vez que las escuché, hace ya bastantes años. No es que sean ni lo más destacado de su producción, ni unas obras maestras del género, ni tan siquiera son piezas novedosas ni paradigmáticas. Incluso pueden pecar de un cierto academicismo, cuando no de una extraña mixtura estilística heterogénea.

Pero Schubert acierta al imprimirles un alto grado de fervor religioso, enlazando con maestría su melodismo de altos vuelos, reconocido y valorado, con la pomposidad de una escritura polifónica de sabor antiguo.

Un buen ejemplo es la fuga "Cum Sancto Spiritu" del Gloria de la Misa Nº5 en la bemol mayor D.678, que el pasado jueves día 15 nos interpretó en el coqueto Teatro Cervantes de Málaga, la Orquesta Filarmónica de la ciudad, bajo la dirección de Pablo Mielgo, con la Coral Cármina Nova en estado de gracia; completaban el programa los solistas María Espada, Esmeralda Espinos, Juan Antonio Sanabria y Damián del Castillo.

La Orquesta malagueña, sin la brillantez ni la prestancia de orquestas señeras, tiene empaque de buen instrumento, por oficio y golosa sonoridad en cuerdas y maderas. Pero fue la excelente labor de la Coral la que dio altura y liturgia a la celebración musical. Empaste, precisión, impresión, dinámica, dulzura, redondez, presencia, impacto, son algunos de los sustantivos que rondaban la mente del público al terminar la obra.

Para rematar el evento, como es tradición, orquesta, solistas y coral invitaron al público a cantar con ellos el conocido “Noche de Paz”. Un momento emotivo.

Escuchemos la pieza seleccionada de la Misa de Schubert en interpretación de N. Harnoncourt:

domingo, 11 de diciembre de 2016

Saariaho y el unicornio


La dama y el unicornio es una serie de seis tapices flamencos del siglo XV, tejidos en lana y seda, descubiertos casi intactos por P. Merimée en el Castillo de Boussac en 1841, y descritos con arte por George Sand. Pertenecieron al comandante Jean Le Viste y nos muestran a la dama en medio de un ambiente bucólico y onírico en el cual destacan animales míticos como el león y el unicornio.

Cada uno de ellos representa uno de los cinco sentidos humanos, oído, vista, olfato, tacto y gusto, portando el sexto de manera enigmática la inscripción "a mon seul désir", cuya interpretación poética nos lleva a pensar en la representación del amor.

La sensacional compositora finlandesa Kaija Saariaho (1952), basándose en la comentada serie de tapices del Museo de Cluny en París, escribió en 2010 su Concierto para Clarinete y Orquesta "D'Om Le Vrai Sense". Un encargo de la BBC, Radio France, las Orquestas de la Radio Finlandesa y Sueca, y la Fundación Casa da Música, para el clarinetista Kari Kriikku.

El concierto se estructura en los seis movimientos que corresponden a cada tapiz o sentido, siendo el subtítulo del último un anagrama de la inscripción por la cual se le conoce. La obra recrea todo el universo musical tan personal de Saariaho, rico en texturas densas y timbres irreales. El solista se mueve entre la orquesta, entre el público o incluso desde fuera de escena para mayor impresión sensorial.

I.El Oído: el clarinete se hace presente ante la orquesta desde fuera del escenario.
II.La Vista: la orquesta recoge los temas del solista mientras va apareciendo ante ella.
III.El Olfato: desde detrás el clarinete va entregando perfumes musicales a los diferentes atriles.
IV.El Tacto: viniendo hacia el frente del escenario el solista se hace tangible.
V.El Gusto: adornos exquisitos del clarinete que se ofrecen a la orquesta.
VI.D'om le vrai sense: más contenido desde su lugar de solista, el clarinete se transforma en el unicornio que termina abandonando la escena en compañía de los violines.

Aquí les dejo esta exquisitez sensorial en la interpretación de la Orquesta Filarmónica de la Radio de Francia, con el clarinetista Kari Kriikku y un director especialista, Esa-Pekka Salonen:




(vídeos koenigmoo)


domingo, 4 de diciembre de 2016

E.F. Walcker & Co.


Hace mucho tiempo que soy consciente de que siempre, de cualquier situación o persona, se aprende algo, mucho o poco. Y es bueno y útil que así sea. En ocasiones, o sea no siempre, esta enseñanza nos llega de la mano de la seducción, según la tercera acepción de la RAE, embargar o cautivar el ánimo a alguien.

El pasado miércoles día 30, llegaba a las VI Jornadas de Órgano Cidade de Ourense, organizadas por la Asociación Un Rato No Tubo, el Prof. Juan Paradell Solé, organista de la Capella Musicale Pontificia Sistina, y por tanto organista titular de la Basílica de San Pedro del Vaticano. Catedrático de Órgano, Canto Gregoriano y Bajo Continuo en el Conservatorio de Frosinone.

Con semejante curriculum el aprendizaje estaba asegurado, faltaba por comprobar la seducción. Lo primero que apareció, antes incluso de escuchar cualquier nota, fue la sorpresa. Siendo como es un Maestro de Celebraciones Litúrgicas, esperaba un programa de grandes obras corales sacras para órgano; literatura amplia y poderosa. No era así, en el tríptico programático aparecían impresos nombres de compositores del XIX y XX, algunos completamente desconocidos para mí, con obras bien alejadas de la Liturgia. Posiblemente tan curioso y acertado programa era debido a las características del órgano E.F. Walcker & Co. utilizado para el recital. Fabricante alemán desde 1780, curiosamente proveedor de la Santa Sede. Un instrumento romántico, a decir de los expertos, muy rico en colores musicales.

Comenzó con dos piezas de Cesar Franck, para seguir con una Sonata de F. Mendelssohn, hasta aquí todo iba excelente pero sin asombro. La seducción llegó con mis desconocidos:

Humoresque «L'organo primitivo» Toccatina for Flute de Pietro Alessandro Yon (1886-1943), pieza delicada con regusto de madera y abandono.

Toccata, de Hendrik Andriessen (1892-1981), partitura de bravura, de amplio recorrido y diferentes atmósferas y colores.

Y especialmente con dos obras de Marco Enrico Bossi (1861-1925) compositor lombardo, de gran tradición organística y una muy fértil imaginación musical.

Chant du Soir op.92 nº1 fue un remanso de paz, como sólo un órgano en una Iglesia puede proveer:

(vídeo lagazzaladra1000)

Scherzo en sol menor op,49 nº2, una pieza de fantasía, como la broma brillante y divertida que anuncia su nombre:

(vídeo Omar Caputi)

Falta decir que el Maestro de órgano dio buena muestra de una técnica idiomática, una lectura diáfana y cristalina, y un toque delicado a la par que noble.

Seducido, sin duda.

domingo, 27 de noviembre de 2016

KING CRIMSON, soberano directo

foto: escenario, Madrid 21/XI/2016

Las gradas del Palacio Municipal de Congresos estaban completamente ocupadas, apenas se podía encontrar algún hueco debido posiblemente a indisposiciones de última hora. El público, mayoritariamente masculino y de una media de edad que rondaría la cincuentena, era, sin duda alguna, buen conocedor, ferviente seguidor y rendido admirador de la mítica banda nacida en Londres en el ya lejano 1969. Desde entonces, aún sin un gran eco mediático, los incondicionales se dan cita en los conciertos de cada reencarnación del Rey, como si fuese una celebración mística.

Porque King Crimson es una religión sonora, una creencia ciega en una propuesta estética, un continua renovación experimental, una ambición humana, un propósito. Su rostro y alma, un inglés menudo y circunspecto llamado Robert Fripp, único miembro fundador que es una constante en todas las formaciones. Y su divisa, la intensidad sonora, el clímax instrumental, sobre bases en perpetuo cambio. Si logras conectar con su propuesta musical única e irrepetible, por encima de estilos o etiquetas, te conviertes en un adicto irracional; en caso contrario, mejor desistir, o a lo sumo divertirse con alguno de sus temas más conocidos y banalizados. No hay término medio: mucha gente ni los conoce, para quien suscribe son la mejor banda de música popular de todos los tiempos. Su ingente legado, todavía en activo, ilumina el mundo del Rock, por encuadrarles en algún género.

La séptima ¿o era la octava? formación de King Crimson llegaba a Madrid en medio de su gira europea 2016. Fripp decidió en esta nueva reencarnación dimensionar al grupo con tres percusionistas, tres paquetes de percusión que iban más allá de unas simples baterías; además los sitúa al frente de la banda, en primer plano, quedando las cuerdas y metales en segundo plano: dos guitarras, una con su parafernalia de teclados (él mismo y Jakko Jakszyk), un bajista (Tony Levin) y un soplador de flautas y saxos (Mel Collins). Todo un desafío para los tres percusionistas (Pat Mastelotto, Gavin Harrison y Jeremy Stacey), quienes además de proporcionar la sustanciosa base rítmica tejieron entre ellos una fina tela de fantasía.



Se cumplían de nuevo dos máximas de la banda: la enorme calidad instrumental de los músicos que la componen (ésto no es negociable para Fripp) y la predominancia de las percusiones, con sus variadísimos timbres, en el sonido del grupo.

Una de las novedades de esta nueva formación de King Crimson es la reinterpretación (palabras de Fripp) de los clásicos de la banda. Por el comentado concierto desfilaron temas nuevos como «Meltdown» o «The Hell Hounds of Krim» pero también clásicos de su primera época como «Epitaph» o «In The Court of the Crimson King». No es ni puede ser novedoso pero es bien cierto que en cada nuevo paso se acrecienta esa sensación de poderío sónico, de intensidad brutal, que se asienta en una precisión milimétrica de todos los solistas, en especial en los duelos de los percusionistas, en la capa aérea de los vientos, y en el rugido de las guitarras eléctricas.

Conocía el sonido de la nueva banda y el repertorio que nos iban a presentar, por el reciente doble álbum «Live in Toronto» (2015) pero la propuesta madrileña lo superó en calidad y ambición, sin desmayos ni concesiones. Desde el inicial «Lark's Tongues in Aspic part I» hasta el sensacional «Starless» final, cuando todo el grupo fue inundado por una inquietante luz carmesí; pasando por una salvaje lectura de «Red», y cerrando con un brutal «21st Century Schizoid Man» como bis de despedida, en medio de la apoteosis de los incondicionales. Por el camino de un concierto de casi dos horas y media, también interpretaron temas de «Islands» (1971), una de sus cumbres discográficas.

Un concierto imposible de olvidar…
Intensidad instrumental. Ambición humana ¿o no?

(vídeo DGM Live - King Crimson)


domingo, 20 de noviembre de 2016

Max Reger

retrato: Franz Nölken, 1913

«Bach es el comienzo y el final de toda música» 
Después de esta rotunda cita se entenderán bien las preferencias, vida y obra de Johann Baptist Joseph Maximilian Reger (1873-1916), un músico continuador, incluso a destiempo, de la gran tradición alemana desde JS Bach, Beethoven, Wagner, y su muy apreciado J. Brahms; lo que él llamaba la música absoluta.

Nacido en la localidad bávara de Brand, estudió música en Munich y Wiesbaden, fue profesor de órgano y composición en Munich, hasta que en 1911 se instaló en Leipzig hasta su fallecimiento. En la ciudad de Bach fue profesor de composición en el Real Conservatorio y director musical de la Universidad, así como director de la Orquesta de Meiningen.

A pesar de su corta vida, dejó abundante obra, escrita en todos los géneros musicales salvo la ópera. Su estilo, como hemos dicho, continuador de la gran tradición, pecó del excesivo efectismo retórico del postromanticismo, por lo que recibió abundantes críticas nada constructivas, tachándolo de confuso.

Destacó especialmente en la forma de fuga y variaciones (Bach y Brahms) donde plasmó lo mejor de su arte, como son las Variaciones y Fuga sobre un tema de Mozart, y las Variaciones y Fuga sobre un tema de Hiller.

Su Suite Romántica op 125 para orquesta nos desvela también parte de sus inquietudes musicales: en medio de un cierto expresionismo musical podemos detectar un amplio vuelo romántico y una estructura cíclicamente clásica. Escrita a modo de poema sinfónico en tres movimientos, sobre tres poemas de Joseph von Eichendorff, está fechada en 1912:

I. Notturno (molto sostenuto): de suave lirismo en las maderas.
II. Scherzo (vivace): un ritmo de vals que nos remite a Mahler.
III. Finale (molto sostenuto): recapitulación muy elaborada de toda la obra.

(vídeo Ulrich Dönnebach)

domingo, 13 de noviembre de 2016

Cumbres gemelas


Quinto concierto de abono de la Sinfónica de Galicia, y nuevo programa de escándalo. Johannes Brahms y Franz Liszt compartiendo atriles y auditorio. Dos majestuosas cumbres de la música del Romanticismo, tan descomunales como diferentes.

Se juntaban en un escenario único un erizo rojo y un gato plateado, como bien indicaban las excelentes notas al programa, de Estíbaliz Espinosa. Dos perfiles de madurez tan contrastantes, dos maneras de evolucionar el Arte. Pero, trazando los paralelismos y las divergencias, no deja de resultar curioso cómo el «clasicote» Brahms fue reconvertido en «progresista» por parte de la modernidad del siglo siguiente, dejando al «moderno» Liszt en símbolo preeminente del clasicismo romántico. Paradojas e ironías de la evolución.

El «gordito» nos trajo su Concierto para violín y orquesta en re mayor op.77, una partitura colosal como un monte alpino, virtuosística como el solista que lo encargó, Joseph Joaquim, intensa como su referente, Beethoven. Vadim Gluzman fue el violinista encargado de luchar con la endiablada escritura, sostenido por una orquesta sinfónica en sentido estricto. Belleza y virtuosismo, modernidad y clasicismo, técnica y emoción, fueron los resultados. Un solista a la altura de la obra y de la orquesta, una música sin fronteras estilísticas.

El «larguirucho» nos dejó su Sinfonía Dante S.109, un inmenso fresco, casi un poema sinfónico, sobre la Divina Comedia. Y no la pudo dejar en mejores atriles, pues el estreno de la partitura por parte de la orquesta gallega conoció una lectura de asombro y fascinación. En los primeros metales del Inferno, y su caótica precipitación hacia el inframundo, saturada de golpes de sonido de una desorganizada organización. En los tenues cúmulos de esperanza y melancolía de las arpas que tiñen el Purgatorio. En la placidez onírica de las voces femeninas que saturan el Magnificat final, para dejarnos a las puertas del Paraíso. Al menos al musical sí llegamos, gracias a una interpretación fastuosa que enardeció al auditorio, dejó orgullosos a orquesta, coro y director titular Dima Slobodeniouk ¡magnífica labor la suya!, y a los dos compositores charlando amigablemente en una esquina oscura.

(vídeo fervask)

Netherlands Philharmonic Chorus & Netherlands Philharmonic Orchestra
Hartmut Haenchen