martes, 4 de agosto de 2009

Der fliegende Holländer: la Obertura según Klemperer

Decía el director Felix Mottl que por cualquier página que se abriese la partitura de “Der fliegende Holländer” (El Holandés Errante) te salpicaba el viento marino en la cara. Esto se puede sentir plenamente durante la obertura de esta ópera romántica que supuso el primer paso hacia la Obra de Arte Total. Nos hallamos ante un joven Wagner, pero la grandeza orquestal es descomunal, construyendo un auténtico poema sinfónico, un cuadro de tempestad y amenaza que, desafiando a los elementos naturales, se eleva hacia la maldición diabólica del Holandés y su correspondiente Redención por el amor, temas recurrentes de su futura creación.
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En la versión original de 1843 tras una brevísima introducción donde acuden vertiginosas escalas de las cuerdas, se presenta el inquietante tema del Holandés en el ff de las trompas, con amenaza y grandiosidad, seguidas por todos los metales que lo ostentan por segunda vez, para contrastar enseguida con el tema de la Redención, recogido en la balada de Senta, presentado dulcemente en las maderas (corno inglés y oboe), y que va dejando paso a una tercera aparición del tema inicial mientras arrecia la tormenta en las cuerdas . Un tercer tema, el bamboleante coro de marineros del tercer acto, (inicio del video 2) viene a sumarse a la exposición de motivos: es el nacimiento del leitmotiv wagneriano. Mientras prosiguen las tempestuosas cuerdas reaparece el tema lírico, para, entre vapores marinos, concluir con la impetuosidad del tema del Holandés en tono heroico, y tal vez esperanzado.
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En la versión revisada de 1860 Wagner, tras componer la transfiguración de Isolda, decide finalizar la obertura con el tema de la Redención: así tras la última presentación del tema principal, la música va modulando para exhibirlo en vientos y arpas p dolce. En toda la obra planea la siniestra influencia y la borrascosa inflación de emociones, cuajadas del mejor dramatismo del XIX. Y Wagner encuentra su camino: las dualidades hombre-mujer, naturaleza-espíritu, maldición-redención, soledad-comunicación, echan su ancla y, perfectamente fondeadas, miran ya hacia el porvenir.
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La lectura de Otto Klemperer con la New Philharmonia Orchestra, grabada en estudio en 1968, es un ejemplo de dirección maestra y personalísima : robusta, profunda, intensa, amplia y arrebatadora, tal vez su mejor Wagner. Explora nota a nota, impresionando en los vaivenes de la cuerda furiosa, inquietando en la llamada de los metales y conmoviendo en el rubato lírico de las maderas del amor redentor.
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Primera parte
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Segunda parte

9 comentarios:

Allau dijo...

Deja que sea un poco frívolo, pero esta obertura parece prefigurar toda la música de las películas de piratas.

Si es la versión de Klemperer con Anna Silja, es la mismita que tengo yo.

Barbebleue dijo...

Sí, Allau, y el libreto ni te cuento de dónde viene y a dónde va (Caribe incluído)

Es la grabación en estudio de la versión que comentas, con Theo Adam como el Holandés. Existe del mismo año una toma en directo con el único cambio de Ernst Kozub por James King como Erik.

Salu2

pilar dijo...

recien llegada a Madrid desde el Cantábrico, es un consuelo encontrarse este "viento marino" en tú Castillo.
esta vez, tendras que compartir mi agradecimiento con Klemperer.

Barbebleue dijo...

Pura galerna, Pilar!

Joaquim dijo...

Fantástica obertura e impresionante dirección, que para mi, es lo verdaderamente destacable de esta grabación, ya que en cuanto a voces, hay otras que me satisfacen bastante más.
Conceptualmente la obertura es heredera de Marschner, para Wagner, fuente de inspiración en sus inicios. Si escucháis Der Vampyr, lo apreciaréis claramente.

Barbebleue dijo...

También suena a la naturaleza musical de von Weber.

En cuanto a voces, Joaquim, llevas toda la razón.

Allau dijo...

Barbe, por favor no me menciones esa vergonzosa trilogía fílmica.

Y en cuanto a mejores versiones vocales, mi ignorancia es cósmica. Soy un sentimental: alguien a quien aprecio mucho me dio a conocer esta versión y no puedo olvidar el placer que me dió Silja en su Makropoulos del Liceu.

Barbebleue dijo...

Lo bueno de la ignorancia es saber presumir de ella.

Yo creo, Allau, que Silja tiene muchos defectos y algunas virtudes, y entre ellas no está la Senta. Aunque claro en cuestiones sentimentales, mejor no me meto.
Hotter/Varnay podría ser una magnífica pareja para esta ópera, creo yo, presumiendo...

Allau dijo...

Tomo nota, aunque no soy de repetir óperas (pero con eso de las descargas, ¿quién sabe?).