martes, 14 de abril de 2009

STEREO, ossia mi primer encuentro con el Boss


Desaparecía entre nimbos un verano suave e infecto (guiño). Las buenas notas de junio se habían evaporado como sudor, en casa ya casi no se recordaban, y eso era un tanto menos. Pero la economía familiar se había saneado. Por eso yo volvía a la carga. Para el nuevo curso debía estar en mis manos, ahora o nunca. La paciencia nunca fue compatible con la adolescencia.
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Aprobado el presupuesto, vía materna, sólo me faltaba su ejecución: lo más placentero. De nuevo en la tienda, donde conocían mi cara de ilusión; Empresas Reunidas se llamaba, Franco todavía estaba al mando. Frente a toda la línea blanca y entre voluminosos televisores, habitaba mi deseo. Era marrón, un marrón oscuro, tirando a negro, de un plástico elegante que aspiraba a algo más que a baquelita. Era un Bettor-Dual EF-141. Un tocadiscos autoamplificado con dos altavoces a juego. ¡Mi primer estereofónico! El sueño de cualquier adolescente audiófilo… Estábamos a mediados de los setenta.

Esta vez me fui directo a la Caja, justo al lado del mostrador donde se encargaba el butano, aquel gas incoloro que dio nombre a un color. Quería hacerlo mío lo antes posible. Pagué en pesetas, y recibí una nueva alegría en especies: tenía derecho a elegir gratuitamente un disco ¡Diossssss, si me pinchan, no sangro!. Rápido como el rayo corrí al cajón de los vinilos, aquellos LPs generosos en tamaño y colorido, auténtica cuadratura del círculo de la felicidad para melómanos (luego con los años se hicieron más pequeños y se llamaron CDs, una pena).
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De pronto alguien me llamó desde una portada en blanco y negro: un tipo sujetando un mástil apoyado en una mole con saxo (se haría mítica). No le conocía pero me atrajo de inmediato: era la esencia visual del buen rockero. ¡Vaya nombre impronunciable!: Bruce Springsteen. Y la obra se titulaba Born to Run. Ni lo dudé: con esa pinta, no podía ser malo.
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Como era natural fue el primer vinilo que rozó la aguja del recién estrenado giradiscos. Aquella aguja que cuidé como a un bebé, lo juro. Terminada la primera escucha, vino una segunda e incluso una tercera. Era consciente de que allí había una nueva estrella, el pasado y el futuro del rock estaban entre aquellos microsurcos. A pesar de no aparecer ningún virtuoso del punteo, y de que su sobreproducción entregaba un sonido sucio por saturación, habitaba en él toda la energía, la vitalidad, la juventud, la rabia, el inconformismo del rock’n’roll de alta escuela. Ese grito de libertad y rebeldía exaltado por la electricidad. El tiempo me daría la razón…
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No eran canciones al uso, eran auténticos himnos, desoladoras historias de perdedores, nostalgia con huida hacia adelante, épica en aullidos desgarrados con piano introductorio. Ese piano de Roy Bittan que lo inunda todo, más allá del poderoso combo rítmico de la E Street Band, los acordes electrizantes de las guitarras, los tórridos solos de saxo de Clarence Clemons o la voz rota de Bruce. Nunca he sido un fanático del Boss, he seguido su carrera intermitentemente, pero aquellos ocho cortes me sedujeron, nunca Springsteen me ha dicho tanto. Thunder Road es una de esas historias:

It's a town full of losers
And I'm pulling out of here to win.

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Versión original (1976)
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Magnifica versión desenchufada, subtitulada en castellano.
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Este verano toca a una hora de camino de mi casa, debo ir a a verlo…

7 comentarios:

pilar dijo...

me acaba de dar Vd. una gran alegría, creía que nunca sonaría Bruce en su Castillo... vaya historia bonita que nos cuentas a propósito...
en aquellos tiempos las buenas servian para negociar "tocadiscos" "bicicletas para el verano"... y no valía un simple aprobado...

Besos Barbazul

Josefina dijo...

No se qué me ha gustado más, si tu relato del recuerdo o la canción, es decir, la letra maravillosa cantada por Bruce...
Si te soy sincera, me ha gustado más la historia.
Yo también te envío un beso...

Barbebleue dijo...

Un beso para las dos.

Para relatar el negociado de la bicicleta necesitaría un canon perpetuum mobile como banda sonora.

Esdedesear dijo...

He leído tu relato con la sonrisa dibujada en mi cara, desprende ternura y emoción a la vez. Y me encantan las metáforas. Un placer.

Barbebleue dijo...

Gracias Esde..., tan sólo era "realismo mágico"

Allau dijo...

Tampoco Bruce es mi favorito; pero tuviste muy buen tino al elegir tu primer disco: "Born to run" es una maravillosa sinfonía de la gran ciudad, "Jungleland", "Backstreets" y este prodigioso "Thunder Road"...

Barbebleue dijo...

Allau, el guiño inicial proviene de 'Backstreets', rock urbano.