domingo, 17 de enero de 2010

Die Frau ohne Schatten: Strauss/Hofmannsthal

¡La luz pasa por su cuerpo,
como si ella fuera de cristal!

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La Mujer sin Sombra: la ópera más ambiciosa y compleja de esta genial pareja de creadores resultó ser “la más bella de todas las óperas existentes” (Hofmannsthal), una perfecta enormidad en toda la extensión del término, y a la vez un Cuento de Hadas, una Fábula Esotérica venida de Oriente: la Flauta Mágica del XX.
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Concebida (hmmm… qué bien cuadra aquí este verbo) tras el éxito de Der Rosenkavalier, durante una estancia conjunta en Italia en 1913, su gestación fue complicada en ambas vertientes, hasta su estreno en 1919 con Maria Jeritza y Lotte Lehmann en los principales roles femeninos, dejando hueco entre tanto para el estreno de Ariadne auf Naxos.
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Hofmannsthal, inspirado en cuentos orientales posiblemente persas, fascinado por “Las Mil y Una Noches”, e influido por un viaje a Marruecos, elaboró un relato acertadamente exótico, deliberadamente mitológico, conscientemente hermético, eminentemente simbolista, donde ni el tiempo ni el espacio existen, e incluso donde no hay nombres propios salvo Barak y el personaje ausente, Keikobad. Tan complicado iba naciendo el proyecto que decidió crear un texto en prosa llamado “Erzählung” publicado por separado, que serviría de guía.
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La acción y la evolución circulan sobre dos parejas sometidas a pruebas de vida. Desde sus distintos niveles, uno humano, terrenal (Barak y su mujer), el otro en un nivel entre el anterior y el espiritual, una especie de limbo (Emperador y Emperatriz), buscan y ansían la Felicidad a través del Amor y el Sacrificio. Muñidora y guionista interpuesta, el Ama intenta dominar los entresijos de los acontecimientos, en un doble juego diabólico, hasta su caída en desgracia ante el príncipe de los Espíritus, Keikobad el supremo.
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Como ser semihumano la Emperatriz carece de sombra, y su deseo de amor, de humanidad, su idealismo, lo objetiva en su búsqueda a través de la Maternidad. El amor egoísta del Emperador, cazador y amante, no basta para su plenitud (Él no ha soltado los nudos de tu corazón). Barak supone el enlace con la bondad terrenal, la sencillez vital: su necesidad de hijos y el desamor. Su mujer es la emancipación abortada; cautiva de los lazos conyugales, expresa su disconformidad ante el fatalismo. En el Sacrificio del Amor, la Renuncia como prueba de purificación, la Emperatriz extiende finalmente la Redención. Expresa también una idea de responsabilidad ética y, evidentemente disecciona el papel femenino de la época.
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A tal derroche conceptual Richard Strauss le añadió la más opulenta y delicada de sus partituras: una orquestación repleta de los más exóticos sonidos y de las más oníricas atmósferas. Una muy elaborada obra musical que se despliega desde la delicada pieza de cámara hasta la más vasta página sinfónica o el pasaje vocal más complejo; desde los etéreos violines y arpas hasta la profunda gravedad de las tubas, en un juego de equilibrios sonoros de enorme dificultad. Salpicada de interludios ante los abundantes cambios de escena y plano, la orquesta resulta ser el motor del cuento.
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Acto I
El Castillo Azul de los Emperadores se estremece con tres poderosos truenos orquestales que preludian un relámpago de arpas, flautas y violines. Sobre él indaga el Ama esperando noticias de Keikobad, señor de los Espíritus y padre de la Emperatriz, con la feérica, sencilla y preciosa frase que abre la obra (Licht überm See- Luz sobre el Lago). Es el Mensajero de la duodécima luna que la inquiere sobre la sombra de la Emperatriz, y desea verla. Algo imposible pues Ella está con el Él hasta el alba (Seine Nächte sind ihr Tag, seine Tage sind ihre Nacht - Las noches de Él son el día de Ella, los días de Él son las noches de Ella). Tras reprocharle haber dejado que la raptaran, le advierte de que, tras doce lunas, sólo quedan tres días para que pueda conseguir su Sombra y evitar que el Emperador se convierta en piedra (Er wird zu Stein! – ¡Se convertirá en piedra!): sentencia afirmada en el tema musical de Keikobad.
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De repente aparece el Emperador quien expresa su deseo de ir a las montañas-luna durante tres días, lugar donde, con ayuda del Halcón, dio caza a su esposa, en forma de gacela. Tras presentar por primera vez el tema del Halcón, ofrece un segundo tema de amor, apasionado, ardoroso, lírico, terminado con un intenso arropamiento orquestal (Denn meiner Seele und meinen Augen und meinen Händen und meinem Herzen ist sie die Beute aller Beuten ohn Ende! - Pues para mi alma, y mis ojos, y mis manos, y mi corazón, ella será la presa de todas las presas, por siempre jamás)
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Acompañada por un solo de viola hace su entrada la Emperatriz (Ist mein Liebster dahin - Se ha ido mi amado?). El ambiente orquestal se vuelve etéreo, espiritual, maravilloso, pleno de luz, un lugar ideal para el refinado agudo de la Emperatriz. Sigue el diálogo con el Ama y la evocación del Halcón que revoloteando sobre ella deja caer el talismán mágico que permite cambiar de forma, y le advierte de la necesidad de conseguir una Sombra que evite la petrificación del Emperador. Escuchemos la entrada de la Emperatriz en la versión de su mejor intérprete, Leonie Rysanek – Böhm 1955:
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El Halcón repite su tema de advertencia (Die Frau wirft keinen Schatten, der Kaiser muß versteinen! - ¡Si la mujer no tiene sombra, el emperador deberá convertirse en piedra!) provocando la desesperación de la Emperatriz quien urge al Ama a que la ayude para conseguir una Sombra. Ésta finalmente accede a guiarla hasta el horrible mundo de los hombres. El viaje hacia las profundidades de lo humano (Erdenflug) es musicado de manera magistral por Strauss utilizando el tema de la Sombra y exponiendo todo un abanico de percusiones ante la casa de los Tintoreros. Escuchemos y veamos a Georg Solti dirigiendo a la Wiener Philharmoniker:
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En la humilde casa-taller de Barak, sus tres hermanos discuten con su mujer hasta que éste llega y aguanta los reproches de su esposa. En una escena dominada por el desamor, la tristeza, la incomunicación, Barak anhela unos hijos que no ha tenido, y en un lírico lamento expresa toda el ansia de su vida con una bellísima melodía “Aus einem jungen Mund gehen harte Worte - De una joven boca salen duras palabras” seguida de un precioso interludio orquestal en el intenso lirismo de las cuerdas. Escuchemos este fragmento en la voz de Paul Schoeffler con K. Bohm:
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Impactada por el canto de su marido, la mujer entra en casa sollozando mientras Barak se va al mercado. En ese instante aparecen entre luces la Emperatriz y el Ama quien comienza por ganarse la confianza de la asustada tintorera, interesándose por su maternidad (Meine Seele ist satt geworden der Mutterschaft - Mi alma está saciada de maternidad antes de haberla degustado). Comienza en la instrumentación la irreal escena de la Tentación, con una escenificación mágica de un palacio, unas sirvientas e incluso la llamada de un hermoso joven, para predisponer a la mujer a la Renuncia de su Sombra. El precio es expuesto ante sus demandas (Abzutun Mutterschaft – Renunciarás a la maternidad para siempre). La mujer se declara dispuesta, al tiempo que regresa su marido. Por medio de más magia, el Ama separa las camas del matrimonio y llena de peces una sartén al fuego desde la cual surgen las desesperadas voces de los Niños no Nacidos (Mutter, Mutter, laß uns nach Hause - Madre, madre, déjanos entrar… estamos a oscuras y tenemos miedo).
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La escena final es de una belleza indescriptible: Barak, sólo, abatido, derrotado, entona una triste melodía (Sie haben es mir gesagt – Me lo habían advertido) mientras fuera suenan las voces de los guardas nocturnos en una melancólica llamada al amor y la vida:
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Esposos abrazaos con amor
Sois el puente tendido sobre el abismo
Por el que los muertos vuelven a la vida
¡Santificado sea el fruto de vuestro amor!
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Disfrutemos el final del Acto I en la voz de José Van Dam en la grabación de Solti de 1992:
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Continuará…

6 comentarios:

Titus dijo...

Gracias por esta guía de audición, me va a ser muy útil para acercarme a esta obra. Hasta ahora lo que nos has colgado me ha gustado mucho. Y todo un acierto la elección de Chirico para acompañar la música.

maac dijo...

Un operón. Estupenda guía. El momento Barak con que acaba el acto me pone los pelos de punta sólo de pensar en él.

pilar dijo...

gracias por ésta fantástica primera entrega. el viaje a las profundidades, con Solti dirigiendo es verdaderamente de otro mundo...

Josefina dijo...

Me ha conmovido "profundamente" la orquestación del viaje a las profundidades. !Qué difícil y seductora es la música de Strauss en esta obra magistral...!
Maravilloso el canto del final del Acto I. Espero la continuación.
Iba a decir que he quedado "asombrada", ya que no había escuchado nunca esta ópera, pero la expresión tal vez no sea la más adecuada, dado el argumento.
Gracias Barbebleue.

Joaquim dijo...

Es la opera de Strauss que más me gusta. Aún hoy, no paro de descubrir cosas y no pequeñas precisamente, que pese a las veces que la he escuchado, me sorprenden.
Tu entrada ha hecho que me entren unas ganas locas de volver a ella.
Y ya veo que tenemos el segundo acto en marcha.
Gracias

GLÒRIA dijo...

Leído tu trabajado texto así como los comentarios creo que al fin me atreveré a acercarme a esta ópera. Yo habiendo entrado -me costó lo mío- en la truculenta belleza de Salomé me parecía haber llegado a lo más alto en lo relativo a lo que yo soy capaz de captar.
Este post y los siguiente me servirán de guía. Un estupendo trabajo que te agradezco por lo que me estimula.
Saludos!!!