sábado, 23 de enero de 2010

Die Frau ohne Schatten: Acto II

No quiero la Sombra,
hay sangre en ella
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La historia y la orquesta se centran en la Mujer de Barak, sobre la que vuelve a la carga el Ama. Tras despedir a su marido, con carga seductora en música y texto renueva la tentación, y venciendo su rubor, logra desvelar de la tintorera sus ensoñadoras fantasías sobre un joven desconocido. A pesar de la incipiente incomodidad de la Emperatriz, por medio de su magia hace aparecer al joven de sus sueños ante la desconcertada tintorera. La Mujer va sucumbiendo a la mágica tentación en un crescendo orquestal, momento que es cortado por el retorno de Barak.
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El tintorero llega alegre, con abundante comida, rodeado de sus hermanos y de niños de la calle quienes entonan un febril himno de alegría hacia la vida (O Tag des Glücks, o Abend der Gnade! – ¡Oh Día afortunado, Oh Noche de gracia!). Mientras el malhumor de la Mujer va en aumento (Bitternis, will ich trägen im mund – Amargura es lo que quiero tener en la boca), sobre un coro de hambrientos mendigos.
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La orquesta ataca el primer Interludio que facilita el cambio de escena. Tras el tema del halcón, el violonchelo con un cantabile soñador, lírico, reflexivo, nos traslada hasta la Casa del Halconero imperial en la espesura de un bosque en una noche de luna llena; allí donde se iba a retirar durante su ausencia la Emperatriz. Oculto en el exterior, se repite el motivo del Emperador mientras éste inicia su íntimo monólogo, romántico, evocador (Falke, Falke, du wiedergefundener – Halcón, halcón, perdido y vuelto a encontrar). Escuchemos el hermoso pasaje en la voz de un Kaiser de referencia: Ben Heppner dirigido por Sinopoli
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De repente divisa la llegada de la Emperatriz con el Ama, procedentes del mundo humano, y en un pasaje de máxima excitación, sintiéndose engañado, tiene pensamientos homicidas, primero con una flecha, luego con la espada. Finalmente, incapaz, ruega al halcón que lo traslade a un pedregal desolado donde lamentarse.
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De vuelta a la tintorería, la Mujer se va sumiendo en la amargura de sus melodías. El Ama prosigue su labor incansable, tras suministrar un somnífero a Barak, vuelve a hacer aparecer al joven deseado. Entregada casi totalmente a la tentación en los brazos de su imaginario amante (Ich habe getraumt – He soñado que volaba hacia ti con besos interminables), súbitamente la Mujer renuncia a la visión y despierta a su marido con fuertes reproches pero con un tono diferente, más apacible y relajado, iniciando su cambio de actitud. Barak no comprende la situación (Ich höre un weiss nicht – Oigo sus palabras y no entiendo lo que dice) ante la desesperación de su Mujer.
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Un nuevo e irreal Interludio nos devuelve a la Casa del halconero, en su interior dormita la Emperatriz con el Ama a sus pies. En su agitado sueño (Sie, Amme, Sie – Mira Ama, mira los ojos del hombre, lo que está sufriendo) observa una cueva por donde transita el Emperador y el halcón, presentados en sus motivos por la orquesta. Entre oníricas y etéreas sonoridades, Ella presiente la petrificación del Emperador mientras al otro lado de una puerta llaman, seductoras, las voces de la fuente del Agua de la Vida, a la vez que el halcón agita su advertencia. De nuevo escuchemos a Leonie Rysanek en su maravillosa Kaiserin:
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La Emperatriz despierta de su premonitorio sueño, cayendo en la más profunda desesperación, musicada en la más elevada tesitura(Was ich beruhre, töte ich - Todo lo que toco se muere, preferiría ser convertida yo misma en piedra)
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Para la última escena del acto II, volvemos a la casa de Barak. Allí tiene lugar en casi plena oscuridad la Confesión de la Mujer, provocando el desencadenamiento de los acontecimientos. La Mujer, con enorme ansiedad (Es gibt deber, die bleiben immer gelassen – Hay quienes siempre se quedan tan tranquilos) confiesa a su marido que le ha sido infiel con un joven durante su ausencia, y que, en un pacto, remachado por poderosos acordes de la orquesta, ha renunciado a su Maternidad (Abtu’ich von meinem Leiben die Zinder – Rechazaré de mi cuerpo los niños que no han nacido). Efectivamente ante la luz del hogar, la esposa ya no proyecta Sombra. El Ama urge a la Emperatriz para que recoja la Sombra de la tintorera, pero tras la duda, la rechaza (Ich will nicht den Schatten – No quiero la Sombra, hay sangre en ella)
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Ante la progresiva ira de Barak, el Ama sitúa una mágica espada en su mano para que de muerte a su esposa. Ella, entregada, más calmada, en una expresión nunca vista, se sincera y le hace saber que todo fue un sueño (Barak so töte mich, schnell - Si debo morir por algo que no ha sucedido, entonces, Barak, mátame rápido). Entre la máxima agitación orquestal y relámpagos, ambos son tragados por la tierra, mientras el Ama protege a la Emperatriz.
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Escuchemos toda la enorme escena de la Mujer de Barak en la versión de Birgit Nilsson con Astrid Varnay como el Ama:
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Continuará...

8 comentarios:

Joaquim dijo...

Será con el dúo de barak y su mujer al inicio del tercer acto, cuando sucumbiré definitivamente, pero en este segundo acto, con una de mis arias preferidas como el Falke, Falke o ese apoteósico y alucinante final con la mujer de Barak y el Ama, de la cual nos dejas una versión exceitante, por no hablar de la Kaiserin de mi adorada Rysanek.
Esta obra es con mucha diferencia mi preferida, ya lo he dicho en el post del primer acto, de todo el catálogo straussiano. Seguramente por ser tan hermética y a la vez tan naif (a esta si que le vendría de perlas una escenificación con diseño de David Hockney) me seduce mucho más que la inmensa brutalidad de Elektra o la pérfida seducción de Salomé. No la enfrentaré a Rosenkavalier, ya que amo a ambas por igual , aunque no a la vez.
¿Me permites una pregunta? Sin atender a las voces y en esta ópera es complicado, ¿cual es la versión orquestal que prefieres de las existentes, que estoy convencido que conoces en su totalidad?. ¿Böhm, Karajan, Keilberth, Sawallisch, Solti,Sinopoli?

Esdedesear dijo...

Barbe, sigo aquí como siempre, agradecida y disfrutando. Un abrazo.

Barbebleue dijo...

Hola Joaquim, no sólo es también mi preferida del catálogo straussiano (Rosenkavalier incluido) sino que la considero una de las más altas cimas de toda la historia del género. Si algún pero le podríamos poner es el exceso musical que la inunda, algo que te hace descubrirla en cada nueva escucha.
Sobre tu pregunta pensaba escribir unas líneas tras el análisis. Te adelanto que no conozco la de Keilberth (nadie es perfecto), y añado que Karajan-64 está en su papel, elegante, opulento, pero de lujo hueco y ligero. Sawallisch, pesante, rutinario, incluso aburrido. Sinopoli, íntimo, vivo, delicado, escaso de fuerza en algunos pasajes. Solti, intenso, heroico, muy dramático, casi agresivo. Böhm-55: extraordinario, poético, onírico, fantasioso, lírico... Sin duda alguna me quedo con estos dos últimos, cada uno en su estilo; son complementarios. Un abrazo.

Conchita, sigue por aquí que la fiesta aún no ha terminado. El tercer acto es sublime. Un beso.

pilar dijo...

yo también me quedo al fin de fiesta...

gracias

GLÒRIA dijo...

Sigo fascinada. Tengo que rehacer la escucha desde el post anterior y a continuación comprar el dvd. ¿Te importaría recomendarme uno?
Gracias Barbe. Recibe mi más sincero afecto.

Josefina dijo...

Yo también sigo esperando. No he asimilado del todo la primera parte que nos ofreces, y llega la segunda, que viene a irrumpir con una total admiración y expectativa por mi parte.
No conocía esta ópera... así se explica mi sorpresa y mi silencio.
Me quedo hasta el final, y más.
Gracias.

Joaquim dijo...

Gràcies Barbe! estamos bastante de acuerdo, a ver si te soluciono, cuando tenga un poco de tiempo "libre" el tema Keilberth y una de Sawallisch en directo con la Nilsson, DFD y una Varnay decrepitamente alucinada como Ame, a ver si cambias de opinión.

Barbebleue dijo...

Joaquim, te agradezco mucho que me soluciones el asunto Keilberth. Respecto a la otra versión que comentas, ya la tengo y don Wolfgang sigue sin convencerme...

Y a la chicas, gracias por quedaros al fin de fiesta.