miércoles, 30 de septiembre de 2009

‘La Partenope’ de Vinci

Venecia, carnaval de 1725.
Teatro Grimani en San Giovanni Grisostomo: comienza la invasión napolitana de la Serenissima.
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El abanderado de los compositores la pujante y deliciosa escuela napolitana fue Leonardo Vinci (ca 1690 – 1730). Un maestro que desde su Calabria natal, tras pasar por el Conservatorio de los Niños Pobres de Jesús, llegó a ser el sucesor de Alessandro Scarlatti al frente de la Capilla Real de Nápoles y maestro de capilla del Conservatorio e Iglesia de Santa Catalina. Maestro de Pergolesi, su fama y renombre llegaron hasta Londres donde GF Händel presentó pasticcios con arias suyas.
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Autor de numerosas óperas bufas entre las que destaca 'Le zite ‘n galera', la más antigua en su género cuya partitura se conserva completa. En los últimos años de su corta vida se decantó hacia el género serio, dramático, de ambientación clásica, merced a su amistad con el ubicuo Metastasio.
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La conquista de la capital del Véneto se produjo con 'La Partenope' ovvero 'La Rosmira fedele' en ese año de 1725 tan importante en su carrera: éxito europeo y sucesión de A Scarlatti en Nápoles.
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El libreto se debe a Silvio Stampiglia (1664-1725) Poeta Cesareo, quien retoma los orígenes de la fundación de Nápoles mezclando el mito de la sirena Partenope, muerta por desesperación al no encontrar a Odiseo, cuyo cuerpo recala en la bahía napolitana; y la heroica, con la hija homónima del Rey de Tesalia, quien siguiendo a una paloma, funda la ciudad de su nombre, la cual tras ser destruida por la rival Cumas es reconstruida como Neápolis. Una leyenda musicada por Antonio Caldara (1701), Domenico Sarro (1722), Leonardo Vinci (1725), GF Händel (1730) y A Vivaldi (1738), curiosamente contando en las tres intermedias con Faustina Bordoni en su elenco.
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Stampiglia, al gusto metastasiano de la época, traba su historia en las fabulosas andanzas de los nobles pretendientes de la reina Partenope: Arsace, príncipe de Corinto; Armindo, príncipe de Rodas; Emilio, príncipe de Cumas; y Rosmira, princesa de Chipre, disfrazada de hombre como príncipe armenio Eurimene. Enredos amorosos, duelos, malentendidos, batallas, travestismos, enseñanzas morales, para un final feliz.
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Vinci despliega todo su arte compositivo en unas arias da capo cuajadas de amplias y sencillas melodías cuya inspiración está en las danzas, y que devienen bellos cantos de carácter emocional para las distintas situaciones de los personajes. Un despliegue de brillantez, seducción, frescura, elegancia, vivacidad, como distintivos de su escritura musical. Una obra amena en su desarrollo, equilibrada en sus tres amplios actos, variada en su distribución musical.
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Bien pues, en una coproducción del INAEM, bajo la dirección de escena de Gustavo Tambascio, abundante en gestualidad amplia y envarada, sobre una escenografía de época rica en trampantojos de Ricardo Sánchez Cuerda y un exuberante vestuario con figurines de Jesús Ruiz , el maestro napolitano Antonio Florio con su excelente combo instrumental Cappella della Pietà de’Turchini puso en pie en el LVII de Ópera de A Coruña la representación de tan bella e histórica pieza aderezada con unos Intermezzi bufos de Domenico Sarro, convenientemente puestos al día, con la inclusión de un fandango de José de Nebra, y la participación del sobrado de tablas actor travestido Pinno de Vittorio (Eurilla) y la hermosa voz del barítono Marco Moncloa (Beltramme). Veamos un resumen de la función en el Teatro di San Carlo en un video de NFimagine:
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Una lectura instrumental de amplio calado, profunda, reposada como corresponde a una obra dramática, contenida de dinámicas pero de una luminosidad napolitana en la cuerda de un conjunto especialista como pocos en este repertorio. Entre el reparto vocal:
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Partenope: Marina de Liso, mezzo sobrada de tesitura, eficaz expresividad, regia de voz y canto, generoso fraseo, apropiada a la encorsetada reina napolitana.

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Arsace: Maria Ercolano, salió viva de un papel inclemente (sin duda el más complejo), escrito para castrato, de tremendas agilidades seguidas de frases profundas en el grave. Dotada de un trémolo adecuado a la inseguridad del personaje, mantuvo el tipo en una línea claramente ascendente en una sutil interpretación.
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Rosmira: Maria Grazia Schiavo, una ligera de timbre no muy atractivo, pero de una gracia aérea y una musicalidad contagiosa, lo que unido a un dominio de la expresividad del rol la elevaron por encima de su propio material canoro.

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Armindo: el tenor Stefano Ferrari, de voz pequeña, poco timbrada e irregular línea de canto y fiato.

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Emilio: Eufemia Tufano, mezzo de muy heterógenea emisión entrecortada, afable en la coloratura aunque con tendencia al engolamiento.

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En conjunto compusieron un reparto homogéneo y creíble, más aún centrándonos en los tres principales personajes. Ejemplar y feliz el cuerpo de baile.
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Una espléndida y elegante recreación histórica para deleite de tutti quanti se pasearon por el coqueto Teatro Rosalía de Castro coruñés sintiéndose como venecianos de 1725 henchidos de magia y deleite.
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Sinfonía
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Arsace: 'La rondinella que a noi sen riede'
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Rosmira: 'Spiegati, e dì che l'ami'
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Trío: 'Un cor infidele'
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Para los que estén interesados les dejo enlaces para descargar el audio de dicha representación del Festival de Beaune 2004:
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Sonia Prina, Partenope
Maria Ercolano, Arsace
Maria Grazia Schiavo, Rosmira
Lucia Cirillo, Emilio
Masaka Sakurada, Armindo
Cappella Della Pietà de’Turchini
Antonio Florio

Acto1

8 comentarios:

Titus dijo...

La verdad es que Galicia es el paraíso de los barrocófilos, ojalá no estuviera literalmente en la otra punta de la península. Pero me alegro de que lo hayas podido disfrutar y de que nos lo cuentes con tu habitual e imprescindible verbo florido. Ah, y gracias por los audios.

Barbebleue dijo...

Bueno, yo estoy a la misma distancia del paraíso de los wagnerianos.

Esdedesear dijo...

No solo nos haces disfrutar con lo que publicas sino que nos transmites tu entusiasmo. (en-theos) ¡Que buena sensación! Muchas gracias.

pilar dijo...

parece ser por lo que nos cuentas, que éste Leonardo Vinci da Calabria, no necesitó saber pintar para transmitir colores,luces, composición y expresividad... estos italianos, como son... ¿eran?

PD: Sr. del Castillo oigame Vd, es que no habrá más cantatas domingueras de JSB. ¡no es justo, ahora que me había habituado ¡

Barbebleue dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Barbebleue dijo...

Sí, Conchita, entheos de ese, mucho. Otra cosa es saber transmitirlo, como sí supo el amigo Vinci.

Sra. PFP del pf, tiene usted todo el año litúrgico a su disposición en su blog habitual ¿alguien da más?

pilar dijo...

vaaaaale, OK

Anónimo dijo...

Por casualidad aun tenes estos audios? te dejo mi correo ishhf@msn.com muchas gracias amigo