miércoles, 23 de septiembre de 2009

La 'Ariadne auf Naxos' del Campoamor

El sensacional tándem creativo Strauss/Hofmannsthal, tras el éxito de ‘Der Rosenkavalier’, dio una nueva vuelta de tuerca a la concepción de la obra lírica con la segunda versión de 'Ariadne auf Naxos' (1916). Abandonando, en parte, el expresionismo y el simbolismo de las óperas negras, se adentraron en una visita al clasicismo, serio y bufo, desde un prisma vanguardista en el enfoque dramático. Tras amplias y profundas discusiones en la búsqueda de nuevas fórmulas expresivas, pusieron en pie una construcción de asombrosa originalidad. Un prólogo que reúne funciones explicativas y preparatorias, y una ópera en sí misma que amalgama los dos conceptos musicales manejados, en un único opus unitario: la seriedad y el hieratismo marmóreo de los mitos griegos con la vitalidad ingenua y extravagante del género bufo personificado en la díscola Zerbinetta y sus cuatro rijosas máscaras de la commedia dell’Arte. Un audaz juego de contrastes enfrentados en tiempo y espacio teatrales. Sin duda un hito de vital importancia, un paraje músico-teatral a explorar, un nuevo/viejo concepto dramático, un camino sin retorno, ¿o una vía muerta?
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En el Campoamor ovetense se presentó una nueva coproducción de la Ópera de Oviedo, Greek National Opera y Teatro Carlo Felice de Génova, de la mano del régisseur Philippe Arlaud, actor también durante la representación en el papel hablado del Mayordomo. Ofreció una escenografía sencilla, simple, utilitaria, cómoda y nada molesta, pero sin fantasía, sobre la que supo mover con arte y gracia el batiburrillo de personajes durante el Prólogo. Menos conseguida resultó la Ópera propiamente dicha: más pedestre y lineal.
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Tres rasgos básicos podríamos destacar en la obra lírica de R. Strauss:
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La intensidad: suficientemente lograda con una dirección musical atenta y detallista del maestro japonés Sachio Fujioka, que supo extraer de la Oviedo Filarmonía opulentos momentos y camerísticas texturas. Vocalmente, muy destacable la excelencia de la mezzo Katharine Goeldner como El Compositor, auténtica alma del Prólogo, con una interpretación portentosa, de hermoso timbre, refinado fraseo e intenso dramatismo. Amplia y sonora la Ariadne de Emily Magee, potente y segura en el agudo con fuerza cual spinto, escasa de graves, de canto algo envarado y pobre en matices pero convincente, de suficiente intensidad dramática, ya que estamos. Resultona la Zerbinetta de Gillian Keith (ayudada por su apropiado físico) de bien resuelta coloratura no siempre plenamente homogénea, saliendo airosa aunque exhausta de su inclemente aria ‘Grossmachtige Prinzessin’. Más irregular el tenor Richard Margison, dotado de una generosa emisión, tosca pero efectiva, amplia pero prosaica. Vivaces y bien conjuntadas las cuatro máscaras, especialmente en su cuarteto, claramente superiores en conjunto que por separado. Resto del elenco: correcto y trabajado.
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El refinamiento: encarnado en la línea de canto de Katharine Goeldner durante el Prólogo, concretando los momentos más straussianos de la velada. También en determinados pasajes orquestales, mucho más depurados que el relato-acción de los dioses isleños.
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La opulencia: ausente en la régie, apareció en los dúos finales de la ópera debido al despliegue paulatino de la amplia paleta orquestal de Strauss.
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Una obra especial presentada con garantías en una producción, tal vez no excelsa, pero sí más que digna y efectiva para una pareja de creadores de altísimo nivel y de enorme atracción, al menos para quien suscribe.
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Para las ilustraciones musicales, lo auténticamente importante, rescatemos dos interpretaciones históricas y señeras de la obra comentada:
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Prólogo: 'Sein wir wieder gut'
Irmgard Seefried (Compositor)
VPO - Karl Böhm
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Ópera: 'Es gibt ein Reich'
Elisabeth Schwarzkopf (Ariadne)
Karajan a la batuta (supongo)

5 comentarios:

Joaquim dijo...

Arlaud es un decorador, no un regisseur y una vez has consumido la parte más o menos visual/estética de su propuesta, los espectáculos que presenta son teatralmente nulos. Hablo de los dos que he visto (Tannhäuser y Andrea Chenier), por lo que nos relatas, como siempre maravillosamente, es más de lo mismo.
En esta ópera donde el juego teatral es tan importante, es una lástima no haber tenido otra dirección escénica.
Al menos la parte musical funcionó y al no ser una ópera de fácil ejecución, es de agradecer que se esmeraran en ello.

Barbebleue dijo...

Joaquim, el hombre tiene querencia por la escena. Él mismo sobre ella no paraba de dar órdenes aprovechando que era el mayordomo. Pero tienes mucha razón: la ópera fue casi una 'foto fija'
Salu2

pilar dijo...

el último youtube que has "colgao" es una auténtica preciosidad...

Barbebleue dijo...

Claro Pilar: tiene Intensidad, Refinamiento y Opulencia.

Un galaico amigo dijo...

La pones bastante mejor de lo que me la contaron, que conste. Que Margison es un dolor me lo podía imaginar (¿ah, pero hay algún Bacchus que cante bien ahora?) y a Gillian Kleith la vi en este papel en Lonres y es la típica chica a la que con gusto invitaría a cenar después de la función (JE!). Vocalmente, bueno, han pasado tres años y no me acuerdo de nada en particular ¿Me explico?
Magee me parece pasa pasar el rato, y Goelberg una cantante digna.

Ya te digo, iba a ir pero me dijeron que era taaaaaaaaaaaan aburrida que me rajé (habría tenido que ir ida por vuelta entre las dos Turandots).

Mañana te mando un mail que tengo novedades.