Con el
nombre del título se conoce también el Cuarteto de cuerda en Re mayor op.76 n.5 de FJ Haydn. Perteneciente al afamado
conjunto de seis Cuartetos Opus 76, compuestos entre 1796 y 1797, mientras
trabajaba en el oratorio La Creación. Un opus llamado “Cantos de experiencia”
por la enorme carga de aprendizaje de toda una vida que le conduce a la
perfección formal.
El
sobrenombre popular del número 5 es obviamente debido a su segundo movimiento:
un extraordinario Largo cantabile e mesto. Movimiento sobre el que pivota todo el
Cuarteto. Una precisión expresiva muy romántica que se desarrolla en dos ideas
musicales que, entre modulaciones espectaculares, alcanzan una cota emotiva de
tal altura, que después de hacer llorar al padre de Mendelssohn, dejó
entusiasmado al legendario violinista Joseph Joaquim.
Disfrutemos
también nosotros de la perfección del clasicismo que entreabría ya la puerta al romanticismo, en este célebre Largo, sin demora:
El Synclavier fue uno de los primeros sintetizadores digitales y
muestreadores musicales polifónicos, que vio la luz a mediados de los años
setenta, desarrollado por el profesor Jon Appleton y los programadores Sydney
Alonso y Cameron Jones.
Muy pronto Frank Zappa se sintió atraído por la comentada máquina,
en especial por las inmensas posibilidades que le brindaba para la composición
en estudio, pues podía escribir e interpretar cualquier cosa imaginable. Tanto
la primera versión del instrumento, como especialmente el Synclavier II, con su
mayor capacidad de almacenamiento y muestreo, y su teclado táctil, le permitían
experimentar con complicadas líneas rítmicas y su ejecución en variadísimos
grupos instrumentales, sin tener que poner orden en una gran banda de músicos.
La precisión
milimétrica del equipo y la total disponibilidad a las órdenes del
compositor, llevaron a Zappa a una intensa pasión por dicho
instrumento, pasando días y noches enteras explorando las
capacidades de la máquina y su inagotable y torrencial vena
compositiva. Era la herramienta idónea para la complejidad de su
música.
Como es natural el
equipo nunca podría competir con la capacidad expresiva e
improvisatoria de un conjunto de músicos, por ello Zappa siempre lo
consideró algo totalmente diferente, para decantarse finalmente,
aunque con dudas, por el elemento humano. Yo también!
De
sus años de promiscuidad con el Synclavier surgió una abundante
obra que vio la luz en varios álbumes. Especialmente exitosos
resultaron Jazz
from Hell
(1986), premiado con un Grammy, y el póstumo Civilization
Phaze III (1994) de los que les propongo escuchar temas tan excelentes como "Night School":
Zéjel: composición estrófica de la métrica
española, de origen árabe. Se compone de una estrofa inicial
temática, o estribillo, y de un número variable de estrofas
compuestas de tres versos monorrimos seguidos de otro verso de rima
constante igual a la del estribillo. (RAE)
Pero Zejel también es un grupo musical y un
proyecto de recuperación de la música de Al-Andalus. En palabras
suyas “un proyecto que nace y navega entre un mar de memorias,
aromas, melodías e improvisaciones...”
Una Música, una
Poesía, un Arte, una Cultura, que, aún con unos orígenes venidos
de Oriente, fue fruto de una simbiosis con los pueblos locales de la
península ibérica, para florecer durante la baja Edad Media como
una Cultura Única, con tres credos diferentes, los tres monoteístas
y denominados del Libro.
Un fructífero mestizaje que creó un estilo único, con
estructuras formales, modos clásicos (dórico, frigio, mixolidio) y
desarrollos melódicos compartidos, loando en ocasiones a Sta. María,
alabando en otras a Mahoma, o citando a la Tora judía.
El resultado es
una Música de enorme elegancia y evocación, digna de una Cultura de
inmenso refinamiento, como puede comprobarse en el disco La Memoria
de Oriente del citado grupo Zejel, un trío formado por Iman
Kandoussi, canto; Juan Manuel Rubio, santur, oud, zanfona; Alvaro
Garrido, percusiones.
"Primavera en Salonico" uno de los más hermosos del programa: un tema tradicional sefardí con introducción pausada en
ritmo marcado que conduce con suavidad al hermosísimo canto del poema, para
terminar con un cambio intenso del ritmo, en un arrebato virtuoso del
oud sobre un fondo sugerente de la percusión:
Con una evidente influencia de Shostakovich, el Quinteto para piano y cuerdas (1957) de Sofia
Gubaidulina (1931) es la segunda obra reconocida por la compositora. Fue
escrito en cuatro movimientos, siendo el Larghetto
el tercero, durante sus estudios en el Conservatorio Chaikovsky de Moscú.
Don Rodrigo de Castro y
Osorio, hijo de la III Condesa de Lemos, Beatriz de Castro A
Fermosa, llegó a ser cardenal arzobispo de Sevilla, lugar donde murió en 1600.
Este Príncipe de la Iglesia fue también un importante mecenas
cultural, ordenando construir para la Compañía de Jesús, el
Colegio e Iglesia de Nuestra Señora la Antigua, conocida desde
entonces como de la Compañía o del Cardenal, en Monforte de Lemos,
en el estricto estilo renacentista español: el herreriano.
El Cardenal también
mantenía una Capilla Musical, al frente de la cual estuvo el gran
compositor Francisco Guerrero. Se cree, porque no hay constancia
fehaciente, que en dicha Capilla trabajó un poco conocido músico
llamado Cristóbal de Medrano, de quien nos ha llegado un
manuscrito de 1594 conteniendo una Misa Voce Mea
y un Motete, a seis voces, dedicado y en homenaje a Don Rodrigo de
Castro, como bien se puede observar en su portada.
Más de cuatro siglos
después, y ante el sepulcro del mismo Cardenal en la hermosa Iglesia
monfortina (a la izquierda en la fotografía superior), tras una laboriosa recuperación, se interpretó dicha Misa y Motete el pasado 19 de
septiembre, se conjetura que por vez primera, a cargo del Coro Vox
Stellae y miembros del conjunto instrumental Menestreis de
1500, dentro del Festival Espazos Sonoros 2015
Concierto de fuerte
emotividad, tanto por el histórico entorno y el posible estreno
mundial, como por la intensidad de la polifonía del XVI, aún a
pesar de la escasa afluencia de público, pues apenas se llenaron la
mitad de las bancadas de la Iglesia.
Las obras, como ya
hemos dicho, fueron escritas a seis voces y aúnan el misticismo más
recogido y espiritual con un profundo impacto sensorial, incluso
entre el público menos habituado a este repertorio polifónico.
Delicada belleza melódica con intensa altura armónica; sin duda
Medrano ofreció al Cardenal una obra al nivel de tal jerarquía,
algo Sublime.
También los
intérpretes se movieron en la cota requerida para tales fastos. El
Coro Vox Stellae, dirigido por Luis Martínez y repartido en tres
sopranos, tres altos, dos tenores y dos bajos, leyó la partitura con
una plasticidad muy atractiva en el juego de voces, perfectamente
ensambladas para crear una unidad instrumental de enorme nivel, sin
duda fruto de intenso trabajo y mucho cariño. El acompañamiento
instrumental a cargo de cuatro miembros de los Menestreis de 1500 con
instrumentos de época en cuatro voces: corneta, baixonciño
alto, sacabuche (una especie de trombón) y baixón (fagot
antiguo), insertados entre los miembros del coro, apoyó con eficacia
en la construcción del clima ritual y la belleza del conjunto.
Una Maravilla de
Evento, titulado Rodericus Cardinalis, que cerró con
un enorme éxito. Y una obra que bien merece una grabación comercial
a cargo de tan magníficos intérpretes y recuperadores.
Filmado durante la
propia interpretación, con el móvil, escuchemos, con los debidos
permisos, el Sanctus de la Misa Voce Mea:
Ixión, rey de
Tesalia, tras haber asesinado a su suegro Deyoneo, fue perdonado por
Zeus, quien le invitó a la morada de los dioses. El ingrato lapita
quiso allí seducir a Hera, la mujer de Zeus, por lo que el dios lo mató con un rayo y lo envió al Tártaro donde fue atado con
serpientes a una rueda ardiente que giraba sin cesar. Tan solo
durante la visita de Orfeo a los infiernos, dicha rueda se detuvo,
gracias al canto del héroe.
Un giro eterno que el
compositor danés Rued Langgaard (1893 -1952) comparaba con la
situación del artista, sometido a una continua labor de incesante
búsqueda y creación. Tomó el nombre del infortunado para su más
provocadora, absurda y rompedora Sinfonía, la número 11 fechada en 1945 bajo el
título provisional “Evighedskrig”(Guerra Eterna),
sin duda influenciado también por los acontecimientos bélicos del
momento.
Langgaard quiso ir más
allá, por eso modificó el título original, para con su obra dar
una vuelta más a la rueda que no descansa, a la continua evolución
del Arte musical, tal vez intentando provocar el triunfo o la muerte de la
Sinfonía... nunca se sabe.
La partitura, de apenas
seis minutos de duración, se basa en la repetición, hasta once
veces, de un fragmentario tema de vals de sabor trágico, tocado en
fortissimo en el tutti orquestal, pero con constantes
modulaciones. Hacia el final de la obra, la entrada de cuatro tubas
extras, tocando al unísono un nuevo motivo, atraviesa dramáticamente
el constante giro del vals original, que bien remeda a una infernal
danza.
(vídeo Barbebleuei)
Orquesta Sinfónica de la Radio Nacional Danesa Thomas Dausgaard
Declaraba
a la prensa el barítono Juan Jesús Rodríguez, pocos días antes del estreno, que
el reparto de este Trovatore de la Temporada Lírica de A Coruña, era hoy por hoy,
insuperable. Después de escuchar la segunda función, el día 6 de septiembre, no
sólo corroboro dicha opinión, tal vez interesada en origen, sino que la
remacharía añadiendo que supera a muchas del pasado glorioso.
Al fin
y al cabo, como decía Toscanini ¿o era Caruso? para esta ópera “tan sólo se necesitan los cuatro mejores
cantantes del mundo”… y ésta es la única y simple razón del éxito de estas
funciones: todas y cada una de las cinco voces principales fueron absolutamente
óptimas para sus roles, por volumen, por color, por técnica, por fiato, por squillo, por filato, por canto verdiano… Cada cual, lo suyo, lo
justo y necesario, y en algunos, la excelencia.
Gregory Kunde, el tenor dejó un trovador altivo, pelín
alocado como procede. Timbre altanero, emisión poderosa, squillo ad hoc para una “Pira”;
pena de una dicción algo más clara...
Angela Meade: Leonora de dulcísima voz y técnica
apabullante: coloratura maestra y filati
de vértigo. Una gozada de soprano.
Juan Jesús Rodríguez: barítono de “bronce y rasga” dotó de vida y credibilidad al Conde de Luna,
atormentado personaje. Su presencia vocal fue apabullante, tan solo con unas
gotas más de elegancia sería un barítono verdiano de referencia.
Marianne Cornetti: Azucena racial, desatada,
demente, de voz amplia y generosa, que no dúctil, arrimó una fuerza dramática
fuera de lo común. Gitana de rompe y
rasga, ¡ésta sí! Un animal operístico que se llevó la mayor ovación.
Dmitri Olyanov: Ferrando de auténtico lujo. Voz profunda de
bajo paternal, untuoso como un abrazo largo y profundo.
El Ruiz
de Badel Albelo resultó cumplidor y
animoso, pero la Inés de Alba López
Trillo evidenció un preocupante vibrato.
El Coro Gaos estuvo muy acertado en las
preciosas partes que Verdi le dejó escritas. Una grata sorpresa.
La
siempre preciosista Orquesta Sinfónica
de Galicia estuvo dirigida por la directora canadiense Keri-Lynn Wilson, con fiereza metronómica, hábil en el
acompañamiento a los cantantes pero escasa en vuelo sinfónico.
Montaje
de Mario Pontiggia: un geométrico
marco cambiante que sin gran belleza plástica no llegó a molestar como sí lo
hizo la desastrosa iluminación, especialmente la de los personajes.
Lo
importante, excepcional, de campanillas. Un placer para los sentidos. En homenaje a la más aplaudida, cerramos con la conocida
aria de Azucena “Stride la Vampa!” a cargo de Marianne Cornetti hace ya nueve
años (ahora está mejor):
“No existe una teoría.
Sólo tienes que escuchar. El placer es la ley. Me gusta la música con pasión. Y
porque me gusta trato de liberarla de las tradiciones estériles que la ahogan.
Es un arte libre que brota - un arte al aire libre, sin límites, como los
elementos, el viento, el cielo, el mar. En ningún caso debe ser cerrado y
convertido en un arte académico.”
Mientras los orígenes
de la Colexiata Santa María a Real de Xunqueira de Ambía se
pierden en el oscuro siglo IV, para emerger durante el Románico del
XII, y florecer en el Renacimiento y el Barroco, su Ciclo de Órgano
e Música Antiga llega a la vigésimo sexta edición con la nave
basilical repleta de un público entusiasta. Nada sorprendente al
aglutinar en tiempo y lugar el atractivo de la Música, centrado en
un brillante ejemplar de órgano ibérico de 1759 (obra del
constructor Manuel González Maldonado y del escultor Xoan San
Martín) con la belleza arquitectónica del templo.
El primero de los tres
Conciertos del presente Ciclo estuvo a cargo de la organista, y
directora musical del evento, Marisol Mendive. Discípula de
González Uriol y Montserrat Torrent, la actual titular de órgano
del Conservatorio provincial, con un amplio bagaje concertístico, ha
querido presentar un muy atractivo programa sobre los Sentimientos
en un Órgano Barroco, los conocidos affetti...
El
Concierto, presentado en modo muy pedagógico, con explicaciones
detalladas de cada pieza en palabras de la propia intérprete, fue un
repaso convincente y atractivo, oscilando entre obras conocidas a
absolutas joyas poco interpretadas, de los siguientes estados
anímicos, según el guión de la organista:
- Locura:
Toccata en do Mayor de
Kaspar Kerll (1627-1693), cromatismo en plenum
- Amor:
Variaciones sobre “D'ou vient cela” del
gran Antonio de Cabezón (1510-1566)
- Humor:
Fuga sobre un sujeto “Pink Panther” op148
de las Nouvelles Pièces pour Orgue de Guy Bovet
(1942)
- Sosiego:
Tiento de falsas de sexto tono,
de Gabriel Menalt (1657-1687)
- Alegría:
Coral In Dulci Jubilo BWV 729
de JS Bach, sobre un villancico popular, presentado en el órgano
antes de atacar la composición bachiana.
Escuchen y vean:
(vídeo Barbebleuei)
- Nostalgia:
Canción del
compostelano José Manuel Adrán (1909-2004)
- Distinción:
elegante Chaconne
de JC Fischer (1656-1746) con la utilización de una singular voz
del órgano, la trompeta bastarda.
- Energía:
Batalla, de
Joseph de Torres (ca 1670-1738) energético final con amplio uso de
toda la trompetería horizontal del instrumento ibérico.
Sensible
y afín a cada sentimiento, la estupenda interpretación de Marisol
Mendive calmó, por un momento, nuestro apetito espiritual. Para el
gastronómico, mejor acudir a la cercana Taberna
Acevedo;
allí saben bien cómo hacerlo...
Para
un músico tan ecléctico como Frank
Zappa (1940-1993) quien
tocó absolutamente todos los
palos de la música
popular y mucho más allá, la utilización, muy personal, de la
orquesta sinfónica como medio expresivo fue durante toda su carrera una especie de
obsesión amorosa. Conviene recordar aquí el shock
que le supuso el
descubrimiento del compositor Edgar
Varèse (1883-1965);
también el gusto por descifrar aquellos jeroglícos que tanto le
atraían, y que no eran otra cosa que densas partituras orquestales.
Tan
temprano en su carrera como en 1961 utilizó la Pomona
Valley Symphony Orchestra,
dirigida por Fred El Graff. Más tarde en su disco "Lumpy
Gravy" (1967) se valió
de la por él denominada Abnuceals
Emuukha Electric Symphony Orchestra,
un combinado de músicos de Los Angeles dirigidos por Sid Sharpe, quienes también participarían en "Orchestral Favorites" (1979). Al
siguiente año, en "Ahead
Of Their Time", hizo
uso de algunos componentes de la BBC
Symphony Orchestra. Y en
el estreno de la obra "200
Motels" (1970) tocó
la Los Angeles
Philharmonic dirigida por
Zubin Metha, aunque para la grabación de la banda sonora fue
utilizada la Royal
Philharmonic Orchestra,
con Elgar Howarth en el podio.
Pero sin duda el
gran paso adelante en la escritura e interpretación de obras para
orquesta sinfónica se produce en 1983 con la contratación de la
London Symphony Orchestra para unas sesiones de tres días. Para la
batuta, Zappa contacta con un por entonces semidesconocido Kent Nagano, con quien dejaría grabados los volúmenes "LSO Zappa Vol. I & II".
Al siguiente año sería Pierre Boulez quien grabaría con su
prestigioso Ensemble InterContemporain algunas obras zappianas que
verían la luz en el álbum "The Perfect Stanger". Al final de su vida
lograría el éxito en el mundo clásico con su obra "The Yellow Shark"
(1992) interpretado por el Ensemble Modern dirigido por Peter Rundel.
La obra orquestal
de Frank, bebiendo en grandes maestros contemporáneos, desde Varèse
hasta Boulez pasando por Stravinsky y Webern, mantiene vivo todo su
eclecticismo musical, cercano al Dadaísmo, en un desaforado gusto
por la tímbrica más elocuente y una rítmica cuando menos peculiar
pero siempre atractiva. Música altamente expresiva.
Las sesiones con
la LSO, primorosamente preparadas, amorosamente deseadas, dejaron
también en Zappa un cierto regusto amargo que no se recató en
plasmar por escrito en las notas autógrafas de aquellos discos, y
que me permito reproducir aquí a propósito de la grabación del
último tema "Strictly Genteel":
"La interpretación incluida aquí se registró en la última hora de la última
sesión de la última noche ... sin posibilidad de prórroga (a
ningún precio) para corregir errores. Durante el período de
descanso final, justo antes del gran impulso para lograr una buena
toma, toda la sección de trompetas decidió visitar un pub al otro
lado de la calle. Regresaron con 15 minutos de retraso. La grabación
no se podía hacer sin ellos, pero la orquesta se negó a quedarse
otros 15 minutos al final de la sesión para compensar el retraso de
su resplandeciente sección de metales. He hecho todo lo posible por
mejorar esta muestra de artesanía británica (al menos 50 ediciones
en 6:53 minutos) pero fue en vano ... el "elemento humano"
se mantiene intacto."