domingo, 28 de agosto de 2016

Minimalismo Musical


El Concierto para violín y orquesta número 1 de Philip Glass (1937) es un ejemplo certero y hermoso no solo del arte musical del compositor de Baltimore, sino también de este estilo de Música.

El Minimalismo surgió a comienzos de los años sesenta como música experimental en determinados ambientes estadounidenses, a través de obras de algunos de su máximos representantes como La Monte Young y Terry Riley, pasando luego a Europa a través de nombres conocidos como Michael Nyman, Win Mertens, Arvo Pärt o Ludovico Einaudi (sobre quien volveremos en breve).

El estilo, con sus variaciones personales, comparte una serie de tipologías según Kyle Gann:

- Armonía estática, en forma de pulsos constantes.
- Repetición sistemática de motivos breves.
- Patrones graduales, lineares o geométricos.
- Ritmo estático, a menudo motorizado.
- Instrumentación sincrónica.
- Tonos puros.
- Influencias de músicas no occidentales.
- Esencialismo de formas.

Como decíamos muchas de estas características podemos encontrarlas sin dificultad en el Concierto de Philip Glass, otro de los nombres mayores de este género. Fue encargado por la Orquesta de Compositores Americanos para el violinista Paul Zukofsky y estrenado en 1987, siendo desde entonces una de las obras orquestales más reconocidas y bellas de Glass. Una partitura de sabor enigmático que produce un extraño y atractivo desasosiego y que atrapa desde la primera escucha.

Fue escrito en tres movimientos:

Movimiento I: comienza con acordes en pulsos, que se irán repitiendo durante todo el movimiento, con una entrada precoz del solista con rápidos arpegios en forma de danza, para acometer una deliciosa melodía en la zona aguda, tras los acordes iniciales en la sección de metales. Progresa en diferentes variaciones de los elementos expuestos, para terminar en un diminuendo de las figuras del violín.


Movimiento II: tras una oscilación musical en acordes se establece un bajo ostinato en maderas y cuerdas graves sobre cuya armonía el violín solista va desgranando figuras de notas sostenidas, que generan una inestabilidad musical responsable del desasosiego que provoca la obra.


Movimiento III: retomando el ambiente del primer movimiento, y tras un acorde inicial, aparece un marcado ritmo latino, potenciado por la percusión, que sirve de introducción a la vibrante danza del solista, acrecentándose con dramatismo y angustia hasta el lento final, donde cae el ritmo, vuelve el acorde pulsátil del comienzo de la obra para ir desvaneciendo la música en total sosiego.

(vídeos HenriVieuxtemps)


2 comentarios:

gloria abras pou dijo...

Poco había escuchado a Glass porque le tengo miedo a la música contemporánea y llevo mal las atonalidades si duran demasiado pero me ha encantado lo qu has puesto, Barbe, es muy hermoso. No sabría decirte cuántos compositores clásicos suenan en esta pieza pero forman un todo que es la voz del autor. Inevitable no penar en Bach, en la buena música cinematográfica y, de vez en cuando, como tu dices, en cierto desasosiego que siempre queda compensado por las notas del pasaje siguiente.
Graias, pues.

Barbebleue dijo...

Sí, Glòria, es una partitura muy hermosa, que, siendo minimalista, atrapa sin cansar.
Gracias a ti, por la visita.