viernes, 14 de octubre de 2011

ELEKTRA: la llaga abierta


La ópera ELEKTRA de Richard Strauss, estrenada en Dresde en 1909, supuso la primera colaboración del genial músico con su no menos extraordinario libretista Hugo von Hofmannsthal; un primer contacto del que no saltaron chispas sino que se abrió de par en par un infierno, flamígero, áspero, demoledor, radical: la recreación del espanto.
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Basada en la tragedia de Sófocles, esta obra a la vez tan clásica y tan moderna, nos presenta, en un blanco y negro cegador, una patología psicológica (hipermnesia, delirio, paranoia, histeria); la Fuerza (la venganza) y la Impotencia (la espera) de un Ser que no vive sino en su abyecta misión: Electra, la hija del asesinado rey Agamenón. Una mujer con un propósito, una muerta viviente que tiene un cometido, por hermano interpuesto, y que es incapaz de olvidar, manteniendo la herida abierta, sangrando y supurando; recreando a diario la detallada escena de la venganza a través de un odio que la alimenta. La víctima del sacrificio propiciatorio, la madre homicida, Clitemnestra tampoco vive, tampoco olvida, solo sueña pesadillas y espera el hacha de su hijo Orestes, el ejecutor, el arma de la venganza de Electra. Crisotemis, la hermana, el único ser vivo de la historia, ella sí desea olvidar, “quien quiera vivir debe olvidar”, para amar, para vivir.

Hija natural del Expresionismo alemán de comienzos del XX, “el expresionismo no mira, ve; no explica, vive”, es una obra musical absolutamente implacable, brutal, tallada de una piedra por una orquesta feroz y descomunal que engendra una devastadora música “llevada a los confines extremos de la armonía... y de la capacidad de escuchar de nuestros oídos” (R. Strauss)
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Desde el devastador motivo de Agamenón, que abre y cierra violentamente la tragedia, disonante como el atroz golpe del hacha, la soprano protagonista (un papel arrasador) arrastra su pesada carga psicopatológica, con absoluta violencia, en una línea desabrida, bronca, hosca, tan solo suavizada en el bálsamo lírico e intenso del reconocimiento de Orestes, su hermano...
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“¿Lo entiendes, hermano?
He tenido que abandonar
todo lo que yo era.
Tuve que sacrificar mi propio pudor.
El pudor, lo más dulce que tenía.
El pudor, que es cómo el aura
plateada y lechosa de la luna,
que cubre a toda mujer
y que mantiene apartado
todo horror de sí y de su alma.
¿Lo entiendes, hermano?
He sacrificado ese dulce escudo
en memoria de nuestro padre.
¿No comprendes que si yo hubiese
hallado placer en mi cuerpo,
sus suspiros y gemidos se habrían
abierto paso hasta mi lecho?.
Los muertos son celosos:
y él me envió el odio,
el odio de sus ojos hundidos,”
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... se solaza y se completa en su tarea, hallando su plenitud...
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“Esta tarea es como
un lecho de bálsamo
en el que reposa el alma,
cuando ésta se ha convertido
en una llaga, una brasa, una pústula,
¡en una llama!.”
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... tanto que por primera vez olvida, olvida entregar el hacha asesina a Orestes; pero en los golpes vengativos, en los gritos de los asesinados, se abre al Amor y alcanza la culminación...
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“¡Ah!. ¡El amor mata!
¡Pero nadie muere
sin haberlo conocido antes!”
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... que la lleva al éxtasis mortal ...
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“Yo he sembrado tinieblas
y no hago sino recoger
gozo sobre gozo.
No fui más que un negro cadáver,
y ahora me he convertido
en el fuego de la vida,
y mi llama consume
la oscuridad del mundo”
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Mahler la encontró decepcionante y aburrida (?); yo, modestamente, me atrevo a recomendar sin reservas, casi como una necesidad, esta obra maestra absoluta, siempre actual, y les animo a que asistan, si pueden, a las funciones que actualmente se representan en el Teatro Real de Madrid. Mientras, en el expresionista film de Götz Friedrich, veamos a Leonie Rysanek interpretar su gran monólogo de introducción “Allein! Weh, ganz allein” donde desgrana todo el salvajismo vengador :

(vídeo sagazflausino)
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“Por ello, debe su sangre postrarse
ante ti y servirte, y nosotros,
nosotros, tu misma sangre,
tu hijo Orestes y tus hijas,
los tres, cuando
todo esto se haya consumado,
cuando los torrentes de púrpura
hayan brotado de la sangre
humeante reseca por el sol,
entonces, nosotros, tu misma sangre,
danzaremos alrededor de tu tumba.
Y sobre los cadáveres alzaré yo
mis rodillas, un paso tras otro,
y todo el que me vea danzar, aunque
solamente pueda ver danzar
mi sombra en la distancia,
dirá: un gran rey está siendo
grandemente honrado aquí,
por su misma carne y
por su misma sangre,
y dichoso sea aquél cuyos hijos
bailan la regia danza de la victoria
alrededor de su tumba.
¡Agamenón!, ¡Agamenón!.”

6 comentarios:

GLÒRIA dijo...

Gracias a tu magnífica crónica revisaré esta ópera que sólo vi una vez, en dvd por Nilsson y Ryssanek, y me pareción tan interesante como dura. ¿O eran duros mis oídos? Porque todo me sonaba a gritom y yo soy de las que necesito, ni que sea remotamente, una insinuación mekódica.
Gracias, Barbe!

Joaquim dijo...

Imprescindible ópera,tanto como la versión que propones.
La primera vez que la escuché, en una retransmisión radiofónica del Liceu, hace muchísimos años, pensé que este tipo de ópera no me gustaría nunca. No supe encontrarle ni el más mínimo atisbo de atractivo y melodía, cosa por aquel entonces (y ahora te diría que casi también), imprescindible en mi mundo sonoro.
Cierto que aun no poseía las llaves que me darían acceso a ambas cosas y cuando esto sucedió, Elektra pasó a formar parte de mis imprescindibles.
Me hubiera gustado poder asistir a alguno de los repartos del Real, pero la cosa está apuradísima.
Gracias Barbebleue, como siempre, aciertas en la exposición y el análisis.

Barbebleue dijo...

Es dura, Glòria; tiene que ser dura por necesidad trágica. Pero la orquesta straussiana arropa e insinúa.
Gracias a ti.

Barbebleue dijo...

Joaquim, yo también recuerdo vivamente la primera vez que la escuché en una horrible grabación (por sonido) de Carlos Kleiber, que me dejó en estado de shock; tanto y tan fuerte que inmediatamente tuve que escucharla de nuevo, una y otra vez.

Es imprescindible porque produce dependencia...

Un abrazo.

pilar dijo...

mi primera Elektra fue en el Liceu de Bcn, con la Marton, y la Nuria Esper en la dirección de escena... me acompañaban mi marido y mi querido hermano Victor,... los tres quedamos en estado de shock, no la olvidaré mientras viva, fue una gran noche...
la del Real este sábado pasado, con Christine Goerke, Manuela Uhl, un orquestón apoteósico y una escenografía de Anselm Kiefer, tampoco estuvo manca... unicamente flojeó la dirección de escena, por lo demás, notable...
dicen por ahí que es una ópera para orquesta,... bueno, bueno,...nada más que 110 maestros en un foso que hubo que ampliar con las primeras filas de platea,...
gracias por tu sensacional crónica Barbazul,... si te pilla Hofmannsthal¡¡¡

Barbebleue dijo...

desde luego, pilar, es una obra que no puede dejar indiferente: por su magnitud, por su profundidad, por su radicalidad clásica.

Hofmannsthal, mejor que no me pille...