jueves, 24 de marzo de 2011

Zemlinsky (VII): “SAREMA”

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“que quede escrito con lágrimas en el polvo:
he osado vivir y amar”
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Alexander Zemlinsky, una personalidad entre la tradición y la modernidad: compositor, director y maestro de maestros, “su terreno es la ópera” (Werfel)
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Su ópera prima se debe, en gran medida, al concurso convocado en 1893 por el Príncipe Regente Luitpold de Baviera para premiar una nueva ópera alemana. Un joven Zemlinsky de 23 años, presentó al concurso Sarema, Die Rose vom Kaukasus basada en la obra teatral homónima de Rudolf von Gottschall, con la que alcanzaría el segundo premio, logrando varias representaciones. En 1897 fue estrenada en Munich, y en 1899 en Leipzig, luego desapareció de los programas hasta 1996, año en el cual se repuso en Tréveris.
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La obra, de alcance histórico y político, narra hechos todavía de actualidad: las luchas de ocupación y liberación de los pueblos caucásicos, en concreto la guerra ruso-circasiana (1863-1864) y la consiguiente anexión de Circasia al imperio zarista. Toda una epopeya personificada, y dramatizada, en el papel de la heroína, vencida por la utopía del amor.
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Ópera arrebatada, lírica y épica, ejemplo de las precoces dotes orquestales de Zemlinsky: todo el colorido y la máxima expresividad como señas de identidad de su magistral orquestación. Todavía lejano al lenguaje más personal y expresionista de sus últimas óperas, retrata con gran intensidad el lirismo desgarrado de la protagonista, en la mejor tradición romántica alemana nacida con Weber; y a la vez, los momentos más épicos de la contienda, reforzados por un impulsivo, y wagneriano, coro. Partitura de gran pulsión dramática, de amplias líneas melódicas, con personajes muy bien caracterizados en una situación extrema. Como en la Norma belliniana, no hay salida… Sarema es el problema y la solución. Ella es la Rosa del Cáucaso, es la ópera entera.
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El papel central de Sarema, para una soprano lírica de amplio fiato, lírica-spinto, se acompaña con la distribución clásica de roles masculinos: el perverso barítono de emotivo fraseo, barítono verdiano, de Cherikov, y el tenor secundario, linfático, menor pero necesario, un lírico-dramático para el papel de Asslan; y cómo no, el bajo serio como Profeta.
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La única grabación comercial, ya descatalogada, es del año 1996; en ella destaca la idiomática lectura orquestal del húngaro István Dénes, y el convincente retrato de la protagonista a cargo de la soprano estadounidense Karin Clarke:
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Cherikov: Laszlo Lukas
Godunov: Nick Herbosch
Sarema: Karin Clarke
Amul Beg, el padre: Andreas Scheel
Asslan: Norbert Kleinhenn
Profeta: Jury Zinovenko
Orquesta y Coros: Trier Theatre
Director: István Dénes
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Acto I: en el campamento de los invasores rusos, el príncipe coronel Cherikov comenta con su capitán Godunov cómo salvó a Sarema de los cosacos durante la batalla de conquista. Ella, ahora, enamorada de su salvador vive con los enemigos de su pueblo, desgarrada entre su amor por el oficial zarista y la lealtad hacia sus hermanos y su patria. Asslan, un joven príncipe circasiano, todavía enamorado de Sarema, se adentra en campo enemigo para salvarla ante el inminente ataque de liberación de su pueblo. Tras hablar con ella, es detenido y sentenciado a muerte, pese a las súplicas de la joven. Sarema maldice su suerte, y decide volver con su pueblo “ayudadme a expiar, que el odio no triunfe sobre el amor”
Última escena “Kein Word der Gnade” :
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Acto II: en las montañas próximas, la tropa caucasiana es arengada por el Profeta (Imán). Llega Sarema para exigir una intervención inmediata, con el fin de salvar a Asslan. Siendo acogida con temor, odio y prevención, incluso por su propio padre ciego, tan solo el Profeta reconoce en ella la voluntad de expiar su crimen. Con la bandera de su pueblo en una mano y la espada de su padre en la otra, se pone al frente del ejército circasiano.
Comienzo: “Der du hoch in den wolken thronst” :
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Acto III: vencidos los rusos, Cherikov es hecho prisionero. Encadenado a sus pies, Sarema no soporta la visión derrotada de aquel que “nunca derramó una lágrima por ella”, y pese a la alegría de la victoria, tras liberarle, ella se quita la vida.
Escena final: “Frei bist du, Dscherikoff”:

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Pinturas: Franz Roubaud

5 comentarios:

pilar dijo...

paradojicamente la muerte, el dolor, y la barbarie de las guerrras inspiran bellísimas obras de arte como las que nos dejas hoy en el Castillo; Zemlinsky con 23 añitos, y las pinturas de Franz Roubaud, monumental pintor de históricas batallas,...hoy en día la inmediatez de las imágenes que nos sirven los medios solo dan pie al horrror y la indignación...

gracias Barbazul, y besos

Titus dijo...

Lejos del Zemlinsky maduro, pero ya muy interesante esta Sarema. Gracias por descubrírnosla.

Barbebleue dijo...

las situaciones extemas impulsan los sentimientos, pilar.

Desde la tradición hacia el lenguaje más personal: un eslabón, Titus.

Joaquim dijo...

Interesante propuesta Barbebleue.
Si, está lejos del Zemlinsky que más nos gusta, pero también me parece bellísimo y la soprano me recuerda bastante a Lorengar, al menos en el fragmento que nos has regalado.
Últimamente no puedo estar a la altura de lo que tu castillo merece, pero estás siempre presente.
Un abrazo

Barbebleue dijo...

Teniendo en cuenta su edad y siendo una ópera prima, es descomunal.
Presente o no, siempre estás a la altura, Joaquim.
Otro abrazo