miércoles, 9 de marzo de 2011

Y Liszt destrozó la Sonata…

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Resulta suficiente nombrar su título, Sonata en si menor, para que el aficionado exhale un UFFF! abrumado por su monumentalidad de ambiente sinfónico, y el profesional exclame un UFFF! preocupado ante su virtuosismo y el ingente despliegue de tensiones, liberadas en la mayor obra pianística de Franz Liszt.
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Una partitura llamada a revolucionar, yendo dos pasos más allá, la sonata para piano, todavía deudora de Beethoven en ese período tan atractivo en el que el clasicismo se nos pone romántico. Y una dualidad contrastante que se evidencia en todos los aspectos de la obra:
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Dualidad virtuosismo – intensidad emocional: con inmensos contrastes de tempo y dinámica.
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Dualidad en la forma: manteniendo la estructura básica de la sonata clásica, ésta se desestructura en un todo continuo, como de un solo movimiento se tratase, en una denominada forma cíclica (M. Gallego)
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Dualidad tensión – relajación del continuo fluir sonoro, desde la solemnidad de sus temas hasta el más encendido romanticismo.
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Dualidad entre su tonalidad principal y la indeterminación tonal de toda la obra
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Dualidad de carácter: como el propio compositor, el hombre apasionado y el más místico. La lucha brutal de dos polos opuestos…
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Dualidad entre su consideración de música programática o "música pura".
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Dualidad del momento más sutil y poético hasta el más superficial y espectacular.
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Dualidad en su recepción por crítica y colegas: desde el aburrimiento de Brahms, la crítica adversa de Hanslick, o el gran elogio de Wagner.
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Dualidad entre las raíces beethovenianas y su consideración como música nueva, en sentido despectivo (sí, ya por entonces estaban en eso)
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Dedicada a Robert Schumann en 1853, por entonces ya ingresado en Endenich, con todo el genoma del Beethoven más percutivo e influida por la Fantasía Wanderer op 15 de F. Schubert, la Sonata en si menor se construye sobre cinco temas principales, tratados y repetidos en distintas tonalidades, manteniendo la clásica subdivisión en Exposición Allegro energico – Grandioso -, Desarrollodel Presto al Quasi Adagio- y Conclusión-recapitulación, con vuelta al tema principal tras el fugato. Sin pausas ni respiraciones entre sus partes se podría considerar una completa variación de un solo motivo (C. Arrau), abriéndose y cerrándose en el Lento assai
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Con esta grandiosa partitura que ronda la media hora de duración, Liszt evolucionó la sonata para piano, consiguiendo, a la vez, una sensación de sonido orquestal por sus inmensas escalas y saltos de octavas, no solamente como mero adorno, sino como proceso constructivo.
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Otra característica muy peculiar de esta obra es su cualidad de dejar muy abierta su interpretación, lo que nos permite, como oyentes, disfrutar de todos y cada uno de los muchos y variados acercamientos que han hecho, y hacen, los grandes pianistas: desde la poesía colorista de Arrau, la fogosa impetuosidad de Argerich, la nacarada nobleza de Bolet, la magia de Horowitz, la elegancia de Kissin, la voluptuosidad virtuosística de Yundi Li, o el sinfonismo de Zimerman. De éste último, una de las que más me gusta, escuchemos un extracto del comienzo de la obra (en youtube pueden disfrutar de la obra completa); al tiempo que lo contrastamos con la tórrida versión de Nicholas Angelich de hace un par de años en París.
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Krystian Zimerman -vídeo fitetu1980-
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Nicholas Angelich -video Barbebleuei-

6 comentarios:

pilar dijo...

esta sonata me deja asombrada, apenas conocía a Liszt que por su Sueño de amor nº 3, algunas notas del cual me parece escuchar en la primera parte de la fantástica interpretación por Zimerman.

Gracias Barbazul como siempre por tus explicaciones, por cierto ¿quien rompió el piano?, no debiera ser para ponerse así... besos

Barbebleue dijo...

Asombrosa es un epíteto que le va muy bien; así queda la audiencia, incluso a día de hoy.

El piano creo que lo destrozó el propio Liszt poco antes de hacerse clérigo... besos

Anderea dijo...

He tenido la suerte de escucharla esta misma tarde en directo. He comprendido de inmediato lo que comentabas y... he disfrutado mucho la interpretación de Colom. Se me ha pasado el tiempo en dos o tres sentimientos y en dos o tres pensamientos. Me subyugaba el lirismo. Me impresionaba "la orquesta".

Gracias, Barbebleue.

Barbebleue dijo...

Hermosa coincidencia, Anderea... dos o tres sentimientos y dos o tres pensamientos... no se puede pedir más.

Gracias por la visita.

Josefina dijo...

Por fin he llegado al castillo, después de una ausencia involuntaria para encontrar esta preciosa sonata de Franz Liszt que fue mi aspiración más profunda cuando estudiaba música: "cuando hayas pasado muchas, muchas horas al piano, podrás interpretar a Liszt", era la promesa que se me hizo, como llegar a algo casi inalcanzable...
No llegué; pero he guardado no sólo la admiración que me produce, sino también el sentimiento de "asignatura pendiente" que ya no tiene recuperación...

Un beso Barbebleue y gracias.

Barbebleue dijo...

Bueno, Josefina, también se puede disfrutar, y mucho, como oyente; a veces incluso más.

Besos