jueves, 3 de febrero de 2011

Seis Adagios

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Tal como al fin el tiempo lo transforma en sí mismo,
el poeta despierta con su desnuda espada
a su edad que no supo descubrir, espantada,
que la muerte inundaba su extraña voz de abismo.

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- Stéphane Mallarmé-
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Es muy posible que la contribución más decisiva de Dmitri Shostakovich (1906-1975) a la música del siglo XX no hayan sido sus populares Sinfonías, ni tan siquiera su extraordinaria ópera Lady Macbeth de Mtsensk; pienso más bien que ha sido, fue, el aggiornamento del más puro y elemental género: el Cuarteto de Cuerda.
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No solo por su contribución a la evolución de las cuatro cuerdas, con Beethoven siempre como referente ineludible, en la síntesis de las mejores escuelas rusas; sino también por su ecléctico y personal idioma musical donde tienen cabida la gran tradición coral ortodoxa o el más desgarrado cromatismo, hijo de Schönberg.
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Su último Cuarteto Nº15 en Mi bemol menor op 144 escrito en 1974 es una auténtica reflexión sobre la muerte, que deriva en un réquiem ¿por él mismo? en una suspensión del tiempo como magnitud física. Fue estrenado en Leningrado por el Cuarteto Taneyev pocos meses antes de la desaparición del compositor.
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Se estructura en seis movimientos, Elegía – Serenata – Intermezzo – Nocturno – Marcha Fúnebre – Epílogo, todos en Adagio, y todos en la tonalidad principal, los cuales en su sobria austeridad transmiten una profunda melancolía no exenta de paz.
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Primer movimiento, Elegía: superado el tiempo, aparece la eternidad: la ausencia de todo cambio o progresión. Comienza en una fuga sombría, como un coral de órgano, que se mueve entre los cuatro atriles y que, en su estatismo, nos suspende en un estado sin coordenadas; da paso a un segundo tema emparentado, mitad tranquilo, mitad desasosegante, para terminar retomando el sujeto inicial en un fugato teñido de cromatismo. El propio compositor dejó instrucciones para su ejecución: “debe ser interpretado de tal manera que las moscas caigan muertas al suelo, y que provoque que la audiencia vaya abandonando la sala, de puro tedio” . Devastador.
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Una Música sencilla, nada fácil, pero hondamente hermosa: Cuarteto Emerson (Videos de ShartanX) :
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¿Queda alguien ahí? ...
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fotografía: tumba de Shostakovich en Novodévichy, Moscú.

6 comentarios:

Josefina dijo...

Sí, me he quedado yo hasta el final del 2º vídeo. Estoy aquí.
Quietud, belleza sin tiempo, silencio en el vacío...

Barbebleue dijo...

¡Bravo, Josefina!
Desconozco el parecer de las moscas, pero yo no veo tedio por ningún lado.

pilar dijo...

también yo me he quedado hasta el final,"música hondamente hermosa". Adagio ¿molto?

ps:no es época de moscas, pero prometo hacer la prueba una tarde de agosto el próximo verano, te tendré al corriente.

Barbebleue dijo...

Vaya! ni el mismo y verdadero Dmitri hubiese esperado tanto público... (no, el molto es para la marcha fúnebre)

ps: las mías se han muerto todas, pero de frío.

Esdedesear dijo...

Me encantó, y si tuviera que describir una sensación, efectivamente sería la de la "superación del tiempo", ese concreto tan inservible, por cierto. Muchas gracias.

Barbebleue dijo...

Conchita: resulta paradójico (e irónico) cómo la música, que es tiempo (al igual que nosotros), puede llegar a crear el espejismo de superar esa dimensión.
Inservible no lo veo...