martes, 13 de enero de 2009

El Abusón

Desde muy niño he sentido pánico hacia esa figura. Así llamábamos a aquellos que utilizaban su superioridad violenta sobre los demás. A veces eran juegos, rituales de macho alfa casi siempre mantenidos y crecientes (ahora se llama acoso escolar)
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Con el tiempo fui descubriendo que el mecanismo se extendía por todos los ámbitos y relaciones sociales. La violencia prepotente como generadora de prebendas, y trufada de intolerancia y fanatismo; el horror, la barbarie, el corazón de las tinieblas.
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Subyace en la pederastia, en el sometimiento sexual del menor. Subyuga la relación de género, aportando malos tratos y muerte, frustración y suicidio. Aniquila la vida social, en la puerta de una discoteca, o en las gradas de un campo de deportes. Lamina la convivencia de los pueblos: el matón con más tanques busca su descanso en la aniquilación del contrario, pero sólo encuentra desolación y desasosiego, también en su hogar. El terror genera sangre y la sangre, terror.
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Los medios están especialmente activos en estos últimos tiempos: nos desayunamos con el asesinato racista de un portero de noche: viene con el segundo café el maltratador de turno; al mediodía, asoma Nanisex; y por la tarde, Israel limpia de niños la franja de Gaza, mientras Putin manda carbón a los jubilados de Sofía. Algunos vuelan trenes y aviones, mientras el Emperador les pone un mono naranja.
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Me irrita y me incomoda, me angustia y me funde, desgraciadamente somos una especie adicta a la violencia. Ella escribe la historia, produce el futuro y hasta mediatiza y encarrila al Arte, aquello que nos es noble.
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Como contrapunto traigo una deliciosa canción en la deliciosa voz de una deliciosa mujer: Suzanne Vega y su “Luka”, el niño maltratado.
(Dedicada a los niños palestinos que se mueren entre el odio, la miseria y la ignorancia)
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PS: permítanme este tosco desahogo, surgido a borbotones casi sin pensar, ni pulir, sólo sentido.

13 comentarios:

Titus dijo...

Las grandes verdades suelen decirse sin pensar ni pulir, sólo sintiéndolas.

pilar dijo...

he leido en una entrevista que: "la neurobiología ha demostrado que los recuerdos traumáticos se almacenan de una manera distinta en nuestro cerebro,y que no tienen palabras"
¿sera esta la causa de que algunas personas practiquen la violencia con esa afición y desatino?

Josefina dijo...

Preciosa la voz, preciosa la canción y grande la pena que inunda el corazón ante tanto dolor, el dolor de los inocentes, el dolor de los niños...
!!¿Por qué tanta violencia?!! No tengo palabras como las tuyas, es peor así, sin encontrar siquiera una frase, solo silencio, impotencia, desesperación...

Joaquim dijo...

Será por eso Pilar, y será que hay mucho mal nacido.
Ya en el cole, cuando aún no has tenido tiempo de almacenar mala leche, recibimos una tunda de prepotencia desesperada de unos niñatos, que por mimetismo de lo que ven en casa o por vete tu a saber el motivo, se ceban contra los débiles, los sensibles, contra aquello que ellos saben que nunca podrán alcanzar y hablo de niños.
Cuando se vuelven mayores, para que contar.
Gracias por el contrapunto Barbe.

Anderea dijo...

Gracias por tu entrada. Veo y siento lo que tú.

Desgraciadamente, mi hijo lo lleva viviendo en su escuela desde que tiene cuatro años y ahora tiene diez.
He hecho mucho y he conseguido poco: no soy David y la sociedad agresiva es un Goliat enorme.

Mi hijo me explicó hace unos días: "Ama (mamá), me estoy dando cuenta de que ellos tienen otra cultura (me sorprendió oirle esta palabra). Ama, hacen diferente, hablan diferente, entre ellos también se insultan y no les parece mal.
Ama, ¿por qué soy yo distinto?"

Me alegra volver a comprobar que no sólo somos mi hijo y yo los distintos. Quiero tener esperanza en que la cultura del respeto, de la paz, se va a ir extendiendo, que ése va a ser el gran cambio, la gran revolución suave que poco a poco va a ir abriéndose en nuestro mundo y calando cada vez más y más hondo en nuestro corazón.

Sí, gracias por tu entrada, Barbebleue.

Barbebleue dijo...

Bienvenida Anderea, sirva este mi pequeño granito de arena para, al menos, combatir el desaliento de cualquier violentado.

¡Ánimo! que somos muchos los diferentes...

Anderea dijo...

¡Gracias!

Esdedesear dijo...

Ya que este tema hiere la sensibilidad de todos, perdona Barbebleue que haga una intromisión.
Si me lo permitis quisiera remitiros a la entrada de ayer del filósofo Victor Gómez Pin en El Boomeran(g)Blog de Demetrio Pin. Se titula ¿Qué hacer?. Seguramente es una pregunta que nos estamos haciendo constantemente y cuya respuesta requiere una reflexión profunda. Un saludo y muchas gracias.

Anónimo dijo...

El alma de un niño es un lienzo en blanco. En maltrato y el abuso la enborronan con manchas imperecederas, creando futuros montruos. Es un ciclo con el que no se puede acabar. Lo digo por experiencia. hay cicatrices que jamás desaparecen, y llegas a un punto en el que sabes que es imposible cambiar. De todas formas, las causas perdidas son las mejores.

Josefina dijo...

Tengo una frase en la memoria, no se de dónde: "La violencia es la más triste e inhumana ausencia de pensamiento".
Me duele tanto, tanto, la reflexión a la que, tan emotiva y urgentemente nos has llevado Barbebleue, que insisto en mi impotencia "¿qué hacer?" como dice Esdedesear. Y me duele Anónimo tu comentario tan oportuno y amargo y lo siento en el alma... Pero, "los diferentes", y es cierto que somos muchos, nos comunicamos y nos ayudamos y, eso tiene mucha fuerza...

Barbebleue dijo...

Gracias a tí, Esdedesear, por el magnífico enlace, y todas sus reflexiones.

Anónimo, desgraciadamente no somos lienzos en blanco. Autoprestándome un párrafo construído para una gran amiga añado: "Lo que me rebela es la barbarie antropológica, la depredación
intraespecífica instalada en nuestro ADN, la (auto)destrucción como marchamo del homo"

Josefina, la frase es para retener y citar, por demoledora.

alfredo dijo...

...este tosco desahogo, que también me ha servido a mi, como supongo que a los demás, para parar un momento en esta obsesiva carrera hacia ningún sitio y pensar un poco en lo mucho que esta enfermando nuestro "Mundo" propiciando y sometido a una rentable violencia para unos pocos y la total destrucción de lo absoluto para muchos, sólo nos queda la reflexión y honestidad suficiente para generar en nuestro mas inmediato entorno la esperanza necesaria, ya que en lo global, la batalla está perdida.

Un abrazo

Anderea dijo...

Alfredo,

no quiero que la batalla esté perdida. No quiero ni la batalla.

Y quiero tener fe en que, a partir de ese entorno próximo, van a ir expandiéndose las ondas del respeto y el bienestar, el descubrimiento y la creación que le acompañan.

Sé que las personas que somos distintas nos podemos ayudar cuando las manchas de nuestro lienzo o las huellas del dinosaurio nos lleven por el veloz y aprendido camino de la violencia.

Necesito tener fe.