domingo, 18 de septiembre de 2016

Arriaga, el Mozart de Bilbao


Juan Crisóstomo de Arriaga y Balzola (1806-1826) murió en París sin llegar a cumplir los veinte años de edad. La comparación con el genio austríaco se soporta en el hecho de la precocidad creativa y la altura artística del músico vasco. Siendo de Bilbao, incluso me parece poco…

Sus primeros y tiernos pasos fueron de la mano de su padre, Juan Simón, quien convertido en adinerado comerciante, había sido organista en la iglesia de Berriatua. Al talento natural del niño bien pronto la docencia en Bilbao le quedó pequeña, así que animado por renombrados artistas musicales parisinos, entre ellos el famoso tenor Manuel García, a los quince años se marchó a vivir a la capital francesa, de donde no volvería jamás.

En el Conservatorio parisino estudió con Baillot, Fétis y Cherubini. Su talento y capacidad de aprendizaje, especialmente en la composición, pronto le convirtieron en profesor y maestro repetidor. La muerte, parece ser que por tuberculosis, truncó demasiado pronto una más que prometedora carrera. Su disperso legado fue reunido por su sobrino-nieto Emiliano, quien llegó a abrir un Museo con su nombre; con el tiempo también tendría todo un Teatro, el Arriaga de Bilbao, el coliseo de la ópera.

Merced a su precocidad, y a pesar de la dispersión, nos han llegado variadas obras de su genio. Desde fragmentos de su ópera Los Esclavos Felices, una Sinfonía para Gran Orquesta, Variaciones para Orquesta, diversas obras sacras y especialmente sus Tres Cuartetos de Cuerda, única obra editada, escritos en 1823 y dedicados a su padre.

Los Cuartetos son claro ejemplo del estilo del compositor: equilibrio clásico que remite a Haydn, dominio de la forma y la expresividad mozartianos, vuelo prerromántico en sus desarrollos y dinámicas, al gusto de Beethoven. Posiblemente sea en los tres movimientos lentos de los tres Cuartetos donde ahonda más su capacidad expresiva.

Sobre ellos dejó escrito su profesor Fétis: “Es imposible imaginar algo más original, más elegante, más puramente escrito que estos Cuartetos, que no son suficientemente conocidos. Cada vez que eran ejecutados por su joven autor, excitaba la admiración de los oyentes.”

Escuchemos el Andante con variazioni del segundo Cuarteto en La mayor, donde nos muestra a las claras el dominio del lenguaje con un género que Brahms llevará a su cima: la variación. El ensoñador y sencillo tema es tratado de manera abiertamente amplia, en cinco variaciones incluyendo el pizzicato.



(vídeo Ma Kai Tung)

El Presto agitato que cierra el tercer Cuarteto en Mi bemol mayor, tal vez el más completo, nos remite a Beethoven y al nuevo estilo que comenzaba a nacer con el nuevo siglo.



(vídeo CuartetoQuiroga)

2 comentarios:

gloria abras pou dijo...

Le haces justicia con tus sabias palabras. Es maravilloso. Había escuchado alguna cosa y hoy lo saboro más y mejor. La vejez.

Barbebleue dijo...

La vejez de este chico sí que hubiese sido sabia.