martes, 21 de julio de 2009

El rescate de IDOMENEO

. Confieso que había pecado. Días antes de la presentación en el Via Stellae de la primera ópera consistente de WA Mozart, había visionado y escuchado el estreno acontecido en Aix-en-Provence, y me había envuelto en serias dudas sobre el acercamiento de Minkowski a esta ópera seria y por momentos arcaica. Arcaica y seria pero moderna en sus concertantes, y en su humanismo, y, desde 1781, con la semilla evidente de sus futuras obras maestras (quién no adivina Le Nozze en el trío “Pria di partir”, el Cosí en el aria “Zeffiretto lusinghieri”, el DG en la marcha del acto III, la reina de la noche en el personaje de Elettra o la honda intensidad del Réquiem en el coro “Oh voto tremendo").
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Sin duda las malas vibraciones hogareñas fueron tan sólo una pesadilla que se desvaneció en cuanto Les Musiciens du Louvre –Grenoble atacaron los primeros compases de la obertura. La explicación a este contraste todavía la ando buscando, aunque barrunto algunas causas: la frialdad mecánica del montaje de Olivier Py claramente anti-dramático, el foso del Arzobispo donde sudaba Minkowski, el azul provenzal de la noche de Aix propicio al naufragio, o quizá la urgente revisión de mi equipo esterofónico…
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M. Minkowski
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Mientras indago más profundamente en esa discordancia, prefiero reseñar que en directo apareció un Idomeneo salvaje, profundo, vital, esta vez oceánico e inmortal, con la carga intacta de mitología y el dramatismo de lo humano. El gran artífice, el sumo sacerdote, el capitán del bote de rescate, fue sin la más mínima duda Marc Minkowski, un Neptuno reconvertido, que impulsó, de nuevo, de sus fantásticos Musiciens un tsunami de sonidos que literalmente arrasó las primeras cuarenta filas del Auditorio de Galicia dejando espuma en las paredes. Sería redundante, pero lo haré, hablar de brillantez cegadora, impetuosidad exacerbada, colorido ameno, dinamismo extremo, conjunción instrumental, texturas en altorrelieve, salvajismo arrollador, convicción máxima, (incluso trompas bien controladas) para describir esta interpretación de un Mozart desaforado, impetuoso, feroz, vitalista, joven y robusto. Esta orquesta, con Minko, es fascinante, y en Santiago dC, un milagro.
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Junto a ellos conviene ya resaltar la magnífica labor del Cor de Cambra del Palau de la Música Catalana, ardiente y fogoso como los instrumentistas. Realzando la tragedia desde una profundidad religiosa y suavizando las tensiones en unos apianados de puro céfiro.
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Como ya comenté la versión era de concierto pero con cierta dramatización por parte de los cantantes, y con la orquesta sobre el escenario, a tope de decibelios, llegando a tapar las voces en algún contadísimo momento, tal vez en demasía para los puristas. En el aspecto vocal comenzaré señalando que el reparto es bastante homogéneo en su conjunto salvo el tenor del rol titular que está uno o dos peldaños por encima del resto. También reseñar que el elenco masculino le ganó claramente la partida al de féminas.
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R. Croft
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Richard CroftIdomeneo- interpretó de forma prodigiosa y arrebatadora. El tenor lírico norteamericano regaló una lección de canto basado en una belleza tímbrica que en el agudo semeja irreal, casi divina. Redondo, robusto en los graves, de fraseo distinguido y dotado de unas agilidades alucinantes, dejó anegado el recinto con su aria di bravura “Fuor del mar” realmente fuera de lo común, sencillamente sublime. Uno de esos momentos que guardas para siempre en la zona de fácil acceso del cerebro. Vitoreado hasta el escándalo. Un lujazo.
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Yann BeuronIdamante- (Minkowski ofreció la versión de Viena de 1786 para tenor) fue una agradable sorpresa, pues partiendo de un material vocal no muy bello y algo velado supo superarlo con una línea de canto consistente y musical que realzaba la bondad del personaje y sus propias limitaciones. Memorable su rondó del acto II “Non temer, amato bene” de una delicadeza cosifantutteana.
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Xavier MasArbace- magnífico en su breve desempeño, dotado de unos graves sólidos y una emisión poderosa, bordó su aria “Se il tue duol” ganándose la primera gran ovación de la velada.
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Colin BalzerGran Sacerdote- bello de timbre y elocuente de interpretación. Luca TitottoVoz de Neptuno- de instrumento regio y solemne, aunque algo inestable.
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Sophie KarthäuserIlia- joven soprano lírica belga de voz algo pequeña, un tanto heterogénea, no especialmente bella, pero de canto ligado y elegante, siempre controlado, especialmente en los momentos tiernos y delicados. Lamentablemente fue apagándose en el acto III tras regalarnos una hermosa “Zeffiretti lusinghieri” sumergida entre los vientos.
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Mireille DelunschElettra de voz áspera, desabrida, tendiendo al agudo chillado, pero de convincente dramatismo y en cierta manera adecuada a la evolución desequilibrada y maléfica del personaje, que cerró con una espeluznante “D’Oreste, d’Aiace” muy vitoreada.
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La obra se cerró, muy acertadamente, con su ballet K367; unos quince minutos de música instrumental que dejaron irremediablemente ahogado de placer al público, e Idomeneo rescatado para siempre, y más salvaje que nunca. ¡Mozart ES vida!
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Algunos momentos de la representación de Aix:
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Obertura
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Idomeneo: 'Fuor del mar'
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Elettra: 'D'Oreste, d'Aiace'

5 comentarios:

Agustin Ruzafa Almodovar dijo...

Saludos desde Santiago, me encanta leerte, eres capaz de transmitir con tus adjetivos la emocion que te produce la musica y al mismo tiempo diseccionarla esplendidamente, el año pasado no pude ir a ningun concierto del Via por que nacio mi hijo, y este año solo pude ir al de Marcon a San Paio, pero por lo menos te puedo leer.
Gracias y un saludo.

pilar dijo...

estupenda crónica sí, transmite entusiasmo... me alegro que lo disfrutaras tanto.
Creo que Py a la vista de los youtubes que nos has colgado enrreda más que otra cosa...

Joaquim dijo...

Bravo Barbe, tus crónicas arrebatan y me gusta que sea así, para lo bueno y para lo malo.
Tenéis un nivelazo de festival. Lástima que no se representen las óperas, aunque visto lo de Aix, muchísimo mejor en concierto.

Barbebleue dijo...

Bienvenido Agustín, celebro ser capaz de trasmitirte parte de la emoción que me provoca este fenomenal evento musical. Una pena que no puedas acudir a más conciertos.

Pilar, ya me conoces, en estos asuntos peco de radical.

Joaquim, ya he decidido que prefiero las óperas en concierto. Disfruto mucho más de la música.

Josefina dijo...

Si, me gustan las óperas en concierto y en esta crónica tuya, no sólo reflejas tu entusiasmo y describes con mano maestra cada una de las intervenciones y la música del grande entre los grandes, Mozart, también contagias y haces compartir con quienes te seguimos, el maravilloso don del Arte de la Música.
Gracias Barbebleue, se palpa, se adivina la felicidad...