martes, 11 de diciembre de 2007

Bamboleo polaco: Barcarola op.60

En sentido estricto, la barcarola es la canción de los gondoleros venecianos. Cántico caracterizado por su ritmo dulcemente balanceado, similar a la placentera sensación del ocupante de tan bello navío.

A raíz de un fracasado viaje a Italia, Chopin emprendió la composición de esta bella página de su catálogo en otoño de 1845, no concluyéndola hasta el verano siguiente. Se trata de una obra luminosa, radiante, llena de felicidad aunque teñida de un poso de nostalgia y ensoñación en la melodía, mecidas al vaivén de la mano izquierda . Construida en tres partes, es su sección central la más propiamente italiana y también la más rica en claroscuros. En su final, tras la amalgama de los dos temas principales, asoma de nuevo con energía la libertad creativa del genio.

Para su disfrute auditivo he querido traer al ganador del último y prestigioso Concurso Chopin de Varsovia 2005, el también polaco Rafal Blechacz (1985). Flanqueado de dos extraordinarios pianistas a los que, en una reciente entrevista, consideraba como modelos interpretativos y sobre los que evocaba paralelismos a seguir en su carrera: Krystian Zimerman y Arthur Rubinstein.

¡Que os balanceéis a gusto! Relaja mucho…





3 comentarios:

ximo dijo...

Realmente un bálsamo.
Ya he manifestado en alguna ocasión mi admiración por Krystian Zimerman, por lo tanto nada más a añadir. Las otras dos son excelentes, que duda cabe, pero la suya es la más interiorizada y la más sugestiva, según mi personal percepción.

Anderea dijo...

¡Qué bien explicas las cosas, Barbe!

¡Gracias!

Voy a "robarme" la versión de Zimerman, para acompañarla de un poema en mi blog. ¿Será que ayer vi con mi hijo un pedacito de Piratas del Caribe en la tele? No, ya sabes que soy una ladrona, salteadora de caminos... Graciassss.

Barbebleue dijo...

Excelente elección, ladrona.