sábado, 21 de enero de 2012

Adagio espressivo (y romántico)

No he podido evitarlo. Una semana más sigo atrapado por Robert Schumann, un compositor que desde fundamentos clásicos encarna el paradigma romántico, en vida y obra, e incluso mira hacia el futuro, hacia la modernidad, con atrevimiento y lucidez.

Y así, pensando, valorando, llego a su Sinfonía en Do mayor (en C de Clara) op 61. Estamos en Dresde en 1845, donde Schumann está saliendo de su primera gran crisis, con fuerza y determinación. Una música de convalecencia, en cuyo cuarto y último movimiento el músico afirma “sentirse renacer”

Esta su segunda Sinfonía, en realidad la tercera en ser compuesta, si bien se asienta en estructuras clásicas, con guiños evidentes a Beethoven (especialmente en los movimientos extremos) su alma y carácter giran en torno a su fenomenal Adagio. Un movimiento portentoso, bellísimo, de una intensidad descomunal, y un tema melódico que hace realidad el concepto del gran Tema al que hace referencia Eugenio Trías.

Este Adagio espressivo es hondamente romántico, apelativo, cautivador por la melancolía serena de su melodía principal que es presentada en las cuerdas y que toma color en la madera del oboe. Y en cuyo desarrollo, dulcemente fluido, alcanza en dos ocasiones el clímax tensional con una intensidad casi religiosa de los violines, dejando hueco, en medio, para un delicado fugato, homenaje al gran Bach.

Escuchemos este tercer movimiento en la siempre irresistible cuerda de la Filarmónica de Viena dirigida en esta ocasión por Leonard Bernstein:


(vídeo Barbebleuei)

Uno de los adagios sinfónicos más excitantemente hermosos...

8 comentarios:

Lapsus calami dijo...

Maravilloso. Anuncia a Brahms, sin duda. Combina el lirismo, la meditación profunda y el cuento de hadas como sólo él sabía hacerlo. Romanticismo en estado puro.

Anderea dijo...

Una suerte, una fortuna, que no puedas evitar seguir atrapado por Schumann.

Una fortuna de placer sensorial y evocador. Resuena en grandes espacios naturales, con pasión contenida, sosiego y dignidad.

Pero también en la intimidad donde se llena de cotidianidad, recuerdos, misterios, alegría, tristeza, fuerza, timidez. Donde enerva y estremece.

"De una intensidad descomunal". Que es, sin embargo, también deliciosa. Y lo mantengo aunque me defenestres torre abajo.

Da la impresión de tantísima contención, que una imagina que, la explosión, cuando llegue, será magnífica, con miles de coloridos y grandes rayos, relámpagos... Una fiesta, una celebración de la alegría, en el cielo y sobre el mar.

Aún no ha llegado. Confío en que lo hará.

"O algo así".

Gracias por el refugio, Barbe.

Barbebleue dijo...

Y va más allá de Brahms, Lapus; también anuncia las ardientes intensidades de R. Strauss.

Barbebleue dijo...

Me alegra comprobar, Anderea, que pese a la descomunal tormenta, no son "malos tiempos para la Lírica".

O será por eso...

Gracias por la compañía, a cubierto.

Esdedesear dijo...

"Renacer" Qué palabra tan bonita, y tan bien acompañada. Precioso, Barbe, gracias.

pilar dijo...

no imagino que crisis pudo sufrir Schumann, para gozar luego de una convalecencia tan inspirada y hermosa...

si sigues con él, no seré yo quien proteste Barbazul, besos

Barbebleue dijo...

Pues sí, Conchita, y aprovechando renacemos todos...

Barbebleue dijo...

seguro que fue una crisis de la cabeza, pilar; seguiremos, seguiremos...