domingo, 17 de abril de 2016
Carducci, 4
domingo, 3 de enero de 2016
La Palabra más Hermosa
domingo, 19 de enero de 2014
Amistad y Venganza
(vídeo Barbebleuei)
domingo, 10 de noviembre de 2013
En Mar, Abierto_V
Orquesta Filarmónica de Viena
Erich Kleiber
(vídeo Barbebleuei)
sábado, 1 de junio de 2013
Christian Zacharias en A Coruña
III. Allegro assai
Orchestre de Chambre de Lausanne
Christian Zacharias
(vídeo Barbebleuei)
domingo, 7 de abril de 2013
Lo que me dice el “Così”
... y al fin cae madura la dulce elección “Prenderó quel brunettino”.
Persiste la duda, el remordimiento, que se hace color en la vocalidad de “Per Pietà, ben mio, perdona”
en la interpretación de Leopold Simoneau en el aria de tenor; el resto de vídeos corresponde al quinto registro discográfico (1962) de esta ópera por parte de Karl Böhm, con:
Elisabeth Shwarzkopf / Christa Ludwig / Hanny Steffek
Alfredo Kraus / Giuseppe Taddei / Walter Berry
Orquesta Philharmonia de Londres
domingo, 27 de enero de 2013
Sensaciones en torno a la “JÚPITER”
(vídeo Barbebleuei)
sábado, 1 de septiembre de 2012
El piano transparente de Mozart: Sonatas (y 6)
sábado, 21 de julio de 2012
El piano transparente de Mozart: Sonatas (5)
Que entre en el ojo la sencillez, como una mesa sobre la que nada ha sido puesto, como una mesa que ni siquiera es una mesa todavía." (Nocturno del poeta que amaba a la luna)
Mark Strand
En pleno proceso vital de depuración aparece en 1788 la Sonata en do mayor, denominada facile (o semplice) KV 545; una obra semididáctica y semialimenticia en palabras de los Massin, pensada para principiantes, pero que aporta todo el Clasicismo en estado puro, por construcción y desarrollo. En su sencillez técnica explota la claridad meridiana y el humilde color de la Belleza.
(carrangelpianofan1)
sábado, 9 de junio de 2012
El piano transparente de Mozart: Sonatas (4)
Mitsuko Uchida, piano
viernes, 11 de mayo de 2012
El piano transparente de Mozart: Sonatas (3)
(vídeo PianistThatPractice)
Mitsuko Uchida, piano
sábado, 31 de marzo de 2012
El piano transparente de Mozart: Sonatas (2)

viernes, 17 de febrero de 2012
El piano transparente de Mozart: Sonatas (1)

sábado, 17 de diciembre de 2011
La Haffner: más que un divertimento
Para la víspera del evento nupcial, 21 de julio de 1776, Wolfgang, honrado por el encargo y ávido de reconocimiento, quiso presentar una composición monumental, la Serenata Haffner en re mayor KV 250: una cuasi sinfonía para orquesta con un regalo sorpresa en su interior, un Concierto para violín en tres movimientos.
Una obra donde un Mozart juvenil, vigoroso, lozano, eleva el estilo galante a altas cotas de elegancia y clase, destacando la propia instrumentación, y los colores y sentimientos que en ella conviven. Una de sus primeras cimas orquestales, que nos permite intuir su próxima evolución vienesa, hacia la genialidad.
Años más tarde vería la luz la Sinfonía Haffner KV 385 compuesta también para honrar a S. Haffner con motivo de su elevación a la nobleza.
De los ocho movimientos de la partitura, cinco pertenecenen a la Serenata propiamente dicha, comenzando por el que abre la composición: I. Allegro Maestoso – Allegro molto: cuyo comienzo rítmico y triunfal introduce los dos temas, plenos de vigor juvenil y aire festivo, destacando el segundo de ellos por su aire juguetón en las cuerdas agudas.
(vídeo 581983141)
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El segundo movimiento II. Andante, corresponde al primero del Concierto para violín en sol mayor intercalado, que se introduce con un tierno tema del solista que se irá desarrollando con gran belleza en una atmósfera de ensoñación:
(vídeo paolopacc)
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El final VIII. Adagio – Allegro assai, aparece sorpresivamente en un adagio sutil y suplicante, hasta que los violines dan rienda suelta al allegro con un primer tema extrovertido que encadena el siguiente, mucho más matizado y de colores turbios. Una giga, cuyas modulaciones construyen el desarrollo, convierte el movimiento en una fiesta y la obra en una celebración...
(vídeo cmlwhcl)
Saludable...
viernes, 2 de septiembre de 2011
Oboe, Flauta ¿o Voz?
flor de Psychopsis papilio (colección privada de Barbebleue)
En el verano de 1777 WA Mozart todavía se encontraba bajo el sombrero de sinople del Príncipe-Arzobispo Colloredo en Salzburgo, para cuya Capilla recibió el encargo de componer un Concierto para Oboe conocido como Concierto Ferlendis K.271, pues tal era el apellido del primer oboe de la orquesta. Durante su viaje a Mannheim de ese mismo año, Mozart le entregó una copia a Ramm, oboísta de
Un concierto en tres movimientos, de gusto francés, que tras un Allegro aperto vivaz y juguetón, un Andante non troppo de tierna línea melódica, termina en un Allegro Rondó con un animado tema principal rico en alegría, frescura y delicadeza, ligero y aéreo:
(vídeo bartje11)
Bien conocido es el poco aprecio que sentía Mozart por el oboe, así que no es de extrañar que al año siguiente, a propósito de su viaje a Mannheim y de un encargo de De Jean, realizase una transposición del mismo para flauta, modificando la tonalidad principal a Re mayor, convirtiéndose en su Segundo Concierto para Flauta K.314. Escuchemos el tercer movimiento rondó en esta instrumentación:
(vídeo whomakemefeel)
La frescura, la gracia aérea, la ligereza del movimiento evocan la delicadeza de la flor del papilio...
Pero no terminaría ahí la aventura musical del tema del Rondó. Poco tiempo después sería transcrito para voz en el aria de Blonde “Welche Wonne, Welche Lust” de su ópera Die Enfuhrung aus dem Serail, que pasamos a escuchar en versión de Desirée Rancatore en el aéreo, delicado, ligero y bellísimo Palacio Topkapi de Estambul:
(video elias12186)
Escojan, escojan...
viernes, 24 de junio de 2011
La Clemenza di Tito: coronando de nuevo…
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Nuestro genio estaba trabajando en su Die Zauberflöte, pero el pecunio era generoso y necesario, así que abrió un paréntesis en su actividad para componer el encargo, sobre una obra muy musicada de Metastasio, que elogiaba las virtudes de bondad y clemencia de los buenos monarcas. Aligerada por el propio Mazzolá, sería su penúltima ópera: La Clemenza di Tito Kv. 621. Estrenada el 6 de septiembre de 1791, Mozart volvió de inmediato a Viena para presentar a finales de ese mismo mes La Flauta Mágica.
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Una ópera seria “drama serio per musica”, al estilo antiquo, cuyas rigideces se fueron flexibilizando merced al buen trabajo del libretista italiano, introduciendo dúos, tríos y finales concertados por requerimiento del propio compositor. Ante la escasez de tiempo, los recitativos secos pertenecen a algún discípulo, posiblemente a Süssmayer, y los últimos retoques datan de la víspera del estreno. Fue durante decenios la ópera más representada del genio de Salzburgo hasta caer en el olvido cuando no en el desprecio. Aún sin las altas cotas musicales de la trilogía Daponte, y a cierta severidad casi protocolaria, en ella oscilamos entre la elegante y transparente calma del Cosí y la cálida atmósfera de la Flauta.
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El gran momento, punto culminante de la obra, es el Aria-Rondó de Vitellia, verdadero personaje central, “Non piu di fiori” adornado con el corno di bassetto. Un aria exigente, donde Mozart baja la tesitura de forma inclemente (no es Tito) para sufrimiento de la soprano dramática de coloratura, y la acerca a las posibilidades de una mezzo ágil y solvente por arriba. Aria tripartita, introducida por un recitativo acompañado, cuyo Larghetto inicial conduce al Allegro y presentación del Rondó en el instrumento de viento; al final un Andante Maestoso se encadena al Coro que presenta la última escena de la obra.
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Apuros y falta de fineza fueron evidentes en la interpretación que de este aria hizo Véronique Gens el pasado sábado en el Festival Mozart de A Coruña, donde el buen hacer, delicado y elegante, del director Fabio Biondi, y sobre todo el excelente Sesto de Lucia Cirillo brillaron en una función operística que se enmarcó en un montaje feo pero neutro.
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Aquí un vídeo de dicha interpretación:
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vídeo FestivalMozart
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Aquí el mismo Rondó en una reciente (2006) pero más rigurosa interpretación de Alexandrina Pendatchanska con René Jacobs a la batuta:
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vídeo operalover9001
miércoles, 19 de enero de 2011
Álbumes de una vida (14): La Flauta (mágica) de Klemperer
¡Ay, tengo el presentimientode que la dicha del amor
ha desaparecido para siempre!
¡Nunca volveréis a mi corazón,
horas de delicia!
-Pamina-
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Retomando la máxima de que el primer corte es el más profundo, sabemos que no hay nada comparable a la primera vez. Aún siendo limitada, insuficiente o atropellada, esa novedad suele dejar huella imborrable, pues tendemos a positivizar y mitificar los recuerdos trascendentes, que de una u otra forma nos van modelando. El ejemplo más representativo es el primer amor.
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Algo parecido, o similar, o igual, fue mi primera Die Zauberflöte con mi primer Klemperer. (a WA Mozart ya le conocía). Guardada como un tesoro, agradecido a los hados por estrenarme con algarabía con semejante maravilla con músculo. Tal era el hechizo, que tendía a oficiar su escucha con cierta liturgia vinílica: extrayendo con mimo el negro acetato, depositando sin respirar la aguja fonocaptora sobre el microsurco, y espaciando, por precaución, su uso, suplicando al que estuviese al mando que impidiese, como fuera, el deterioro de semejante grial. No fallaba: el ciclotímico Otto Klemperer embrujaba una y otra vez la estancia; yo juraría incluso que cada vez con más intensidad, si ello era posible.
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Requerido por Walter Legge, el mandamás de EMI, para la primera Flauta Mágica en estéreo de la compañía (1964), impuso su criterio de no registrar los recitativos de la obra, pues en su consideración no eran necesarios en ausencia de representación. Peleado con el jefe, y con la orquesta Philharmonia pendiente de disolución, extrajo el mejor sonido y la más alta musicalidad de esas sesiones. Acusado de pétreo, monolítico, pesado y lento, en este registro demuestra que sin perder nada de su poderío, clarifica el ambiente sonoro, agiliza el discurso, exhibe los detalles, y presenta en todo su esplendor esta música perfecta (Klemperer dixit). Un director genial….
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Sirva como eficaz recuerdo e ilustración musical, única, la primera aria de la Königin, "O zitt’re nicht, mein lieber sohn!" dotada de un sobrenatural empuje en la entrada fulgurante de la orquesta, como un relámpago de amor y temor, en un crescendo a degüello, que solo podía manejar y resolver la Popp…
martes, 21 de septiembre de 2010
Equinoccio de Otoño
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un vago temblor de estrellas,
Todas las rosas son blancas,
La nieve cae de las rosas,
¿Se deshelará la nieve
¿Y si la muerte es la muerte,
domingo, 11 de abril de 2010
Mademoiselle Jeunehomme
En todo caso, excelente intérprete debió de ser la misteriosa joven porque con su arte interpretativo, y los nuevos aires musicales que portaba, supo extraer del genio de Salzburgo la primera obra maestra en su tan querido mundo del Concierto para piano. La más personal forma expresiva de Mozart, que le acompañó durante toda su vida. Una simbiosis de virtuosismo instrumental, alturas sinfónicas, rica paleta orquestal e intensa expresividad; cualidades innatas en WA que supo llevar hasta la más pura perfección formal..
Fruto de este encuentro, no sabemos si como encargo, como regalo, como inspiración, o todas a la vez, nació el Concierto para piano y orquesta en mi bemol mayor n.9 K.271 “Jeunehomme” (Jenamy). Una obra que claramente supone uno o dos pasos adelante en la evolución de su producción, superando el ambiente galante, y la de todo el universo del concierto para teclado. Dotado de amplias y novedosas dinámicas, de una interrelación intensa entre piano y orquesta, y de una expresividad de aroma romántica, nos acaricia con el pianismo íntimo, elegante, ligero, contenido y calmo del mejor Mozart.
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El segundo movimiento, Andantino, es el sumo ejemplo de lo antedicho. Su mórbida melancolía preludia siglos de subjetividad, porque su modo menor llora tristemente de belleza... Vean la emotiva interpretación de Mitsuko Uchida con la Orquesta del Mozarteum de Salzburgo dirigida por Jeffrey Tate (videos de TheGreatPerformers)
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viernes, 11 de diciembre de 2009
DG: la plegaria
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Recogiéndose sobre sí mismo, nos eleva a la trascendencia, haciéndonos gritar en desesperación gozosa ¡Por dios, para ya Wolfie, que me salgo del cuerpo!
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En los finales de sus grandes óperas tenemos un buen ejemplo de este don: la gracia con la que va introduciendo, en una cadena casi sin fin, nuevos temas, nuevas dinámicas, nuevo dramatismo, haciendo bailar a los personajes en una danza celestial. Y en medio de esa pura pureza, acierta a introducir un fragmento, un pasaje, un perdón, una plegaria, rompiendo el ritmo musical por un instante, y que nos arroba por impregnación.
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Pensemos en el angelical perdón de la Condesa “Più docile io sono” del final de Le Nozze di Figaro, o en el de la ilustración musical de hoy: “Protegga il giusto cielo” el terceto de máscaras del finale primo de Don Giovanni. Modula la tonalidad en las cuerdas, las cuales, desapareciendo, dejan la trascendencia a las maderas, y la súplica en las voces de Anna, Elvira y Ottavio, cantando al Cielo:
Lisa Della Casa, Donna Elvira









