Mostrando entradas con la etiqueta Vespres d'Arnadí. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vespres d'Arnadí. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de julio de 2014

Calidez y Musicalidad


En la incesante búsqueda de lo Sublime, elaborado proceso de humanización, el alma encuentra en la Música, cumbre de la Belleza,  el mejor remedio al Vacío espiritual, a la Soledad profunda del Ser. Destrozados los viejos dioses y caídos los ídolos de barro, cobra vigencia la decimonónica máxima filosófico-estética del Arte como Salvación, la Belleza como Fin. Puro Romanticismo…

Y no es precisa la excelencia, el virtuosismo extremado, para reconfortar el ánimo y calmar el anhelo. Basta una solvencia técnica, y un grado mínimo de capacidad para transmitir sentimientos, para catalizar el proceso balsámico en el interior de cada uno de nosotros. Es suficiente la Calidez y la Musicalidad. Calidez como sensación de acogimiento, de bienestar espiritual, de confort sensorial; Musicalidad, sonoro fluir indescriptible y sin obstáculos, a través del tiempo, que tanto reclamaba Leopold Mozart a su celebérrimo hijo.

Estas cualidades aparecieron en el Concierto “Nella terra in ciel” del contratenor Xavier Sábata y el grupo instrumental Vespres D’Arnadí, dentro del actual IX Festival Via Stellae, felizmente vivo. 


El contratenor de Avià, aún sin una emisión fácil, ni una luminosidad vocal, ni una gran capacidad para las agilidades  era capaz de aplicar terapia musical a partir de un centro rico y redondo (él mismo se define como contratenor contralto), y de unas excelentes facultades para el lamento vocal y psicoemocional. El grupo Vespres D’Arnadí, dirigido en esta ocasión desde el primer violín por Manfredo Kraemer, aún en la delgadez de su sonido, atrapaba y envolvía sutilmente al cantante, en el balanceo de sus arcos. El mensaje: una selecto ramillete de arias operísticas de GF Händel, entre las que sobresalió una deliciosa y delicada “Cara Sposa” de Rinaldo, para cerrar con una perla (otra más) de Nicola Porpora.

Puede que no rodasen las lágrimas, pero los ojos permanecieron húmedos por algún tiempo…

(vídeo PREMIOS LIRICOS)

viernes, 13 de julio de 2012

“Io t’abbraccio”


Una distinguida edición del Festival Via Stellae de SdC no puede estar huérfana de una ópera barroca de alto standing; digamos que de un punto álgido en el programa. Bastó, en esta ocasión, con retroceder tan sólo tres años desde el concierto inaugural del Festival, y cambiar Viena por Londres, para cumplir la premisa precedente. 

Efectivamente, el 13 de febrero de 1725, estrenó GF Händel en el King’s Theatre de Haymarket uno de sus mayores éxitos de escena: Rodelinda, regina de’Longobardi HWV 19. 

Ópera seria en tres amplios actos sobre un libreto en italiano de NF Haym, enrevesado como era tradicional, pues tras la huida de Bertarido y la usurpación del trono por parte de Grimoaldo, con innobles intentos de llevar al altar a la no-viuda Rodelinda, uno ya se pierde… Para dicha trama, desarrollada en seis personajes, compuso Händel una colección de bellísimas arias en un continuo fluir de hermosura musical y despliegue de affetti, sin desmayos. 

En esta ocasión en el Via Stellae los encargados de devolver a la vida esta obra de atmósfera melancólica y resignada, fue la agrupación barroca Vespres d’Arnadí, con su director titular, desde el clave, Dani Espasa. Un ensemble de atractiva y cálida sonoridad, valvulera y empastada, donde el continuo de las cuerdas graves era una pura delicia. 

A pesar de los recortes presupuestarios y la ausencia de nombres mediáticos, el elenco vocal constituyó todo un acierto: homogéneo, brillante, consistente, adecuado, musical… 

El Bertarido del contratenor Maarten Engeltjes fue todo un prodigio de belleza tímbrica, luminosidad vocal y matización sensible. 

María Hinojosa, la coqueta soprano catalana, le dio la réplica desde su papel de atormentada Rodelinda. Sin estar dotada de una gran belleza de timbre, y con cierta tendencia al amaneramiento, se movió a gusto y de forma creíble por el rol. 

La Eduige de la mezzo Marta Infante, dotada de un fenomenal instrumento, llevó a gran altura a su secundario personaje. 

Impetuoso, dramático, barroco florido, estuvo el tenor Juan Sancho, dando vida y pasión a Grimoaldo, el malo-bueno. Sin pasar de ser, por dotación, un tenorino, supo manejarse de manera altamente eficaz desde la furia salvaje hasta el recogido pastoreo. Así su postrer aria “Pastorello d’un povero armento” constituyó una maravilla de musicalidad en estado puro. 

Jordi Domènech, contratenor de voz entubada y gesto forzado, no resistía la comparación con su colega principal, pero el oficio y ciertas dotes musicales innatas, le permitieron salir airoso de las hermosísimas arias de Unulfo

El bajo Simon Kirkbride cerraba el cast con su voz algo cascada pero con la suficiente nobleza para el verdadero malo de la trama, Garibaldo

Si bien, como decíamos, la obra no admite descanso en su sucesión de preciosos números musicales, conviene destacar el sensacional duetto de amor de la pareja protagonista –Rodelinda y Bertarido- que cierra el segundo acto -y también nuestros ojos al abrazo musical-: “Io t’abbraccio”

 
(vídeo civileso) 
Magdalena Kozena
David Daniels
Kammerorchester Basel Ensemble
Paul Goodwin