Que Anne-Sophie Mutter es una extraordinaria violinista no es ningún secreto, como tampoco lo es ese aura que la acompaña: no sabría bien decir si de mito, de leyenda, de excepcionalidad; en todo caso algo prodigioso, de esa etérea sustancia que estructura la genialidad, y que tanto nos atrae..
Tal vez debido a su impresionante carrera de virtuosa, frontera límite de la excelencia; al apadrinamiento desde chiquilla del muy mediático Karajan; a la increíble belleza sonora de su Stradivarius (nombre siempre mítico). Cualquiera de ellas y muchas más, por separado, y todavía más en conjunto, hacen imposible negarse a escucharla cuando se acerca a tu propia casa. Una cuestión de apetito…
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Programada su actuación para el pasado 18 de junio en A Coruña, dentro del Xacobeo Classics, la expectación y la acogida fueron de fábula. Encajada en un sugerente, y ya habitual, vestido de sirena, en color azul, escote palabra de honor, apareció acompañada por el pianista Lambert Orkis. Y se presentó con un programa ecléctico y poco homogéneo:
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Sonata en sol menor de C Debussy: prodigio de la mano izquierda en unas nubes sonoras que semejaban circulación sin vasos...
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Sonata en fa mayor de F Mendelssohn: pasión contenida, desmelenamiento peinado, romanticismo clásico...
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Fantasía sobre Carmen, de P Sarasate: sabor popular, digitación, extroversión, colorido...
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Pero fue en la Tercera Sonata en re Mayor op 100 de J Brahms donde todo su virtuosismo musical brotó indómito:
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-Irresistible hermosura de un sonido fuera de lo común, natural, cristalino, de infinitos colores, aterciopelado, amoroso, agradecido, seductor, pura ternura para la rama coclear del octavo par craneal.
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-Técnica apabullante, asombrosa, para la que nada parece tener secretos: afinación, digitación, pizzicati, ataques de arco, fraseo, control de dinámicas, …
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-Calidez en la interpretación, interiorizada a ojos cerrados, extrayendo la esencia de la partitura con diluvios de emoción, desde el alma del instrumento hasta la de la audiencia.
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Un conjunto de cualidades al servicio de la profundidad angustiosa y arrolladoramente humana del superlativo Brahms, cuyos ocres colores fueron evidenciados sin pudor.
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Orkis fue un acompañante delicioso, dialogante, ensoñador, de fraseo exquisito y muelle: un precioso contrapunto a su altura.
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Pasemos a escucharla tocando los cuatro movimientos de la mencionada Sonata en la grabación de 1982 con Alexis Weissenberg (cortesía de TheLeonardoSaez):
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Allegro
Adagio
Un poco presto
Presto agitato
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Seducción y embeleso ante una mujer fascinante…
Allegro
Adagio
Un poco presto
Presto agitato
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Seducción y embeleso ante una mujer fascinante…
