.
De la denominada trilogía popular de Verdi, es sin duda Rigoletto la ópera que más me satisface. Por el dramático recorrido a través de unos sentimientos tan profundos, tan cercanos, tan humanos, tan a flor de partitura, que rozando la patología han de resolverse en la tragedia. Y por la propia vocalidad de la obra, cuyo protagonista es un antihéroe en la hermosa cuerda de barítono, eclipsando a un frívolo y poco consistente tenor y a una volátil soprano.
.
El gran mérito, decía, reside en el bufón, en su retrato de mil caras, de impresentable vengativo, ridículo y servil que atesora en el amor paterno toda su riqueza interior, su debilidad, su razón de existir, o como dice él mismo: su universo. Toda la obra deviene un paseo por sus estados de ánimo de la mano de la inagotable pulsión melódica de Verdi, reflejando siempre el estatus psicológico del personaje cual imagen fidedigna.
.
Como todo profundo amor, apartado de la razón en sus motivaciones y excesivo en sus manifestaciones, convoca a una de las escenas más conmovedoras de la ópera, alejada de las populares arias: es la escena paterno-filial del segundo acto culminada en el dúo ‘Ah, veglia o donna’ en la que el obsesivo buffone expresa toda la inquietud de su amor paterno, objetivada en el honor, y canalizada en la sobreprotección hacia su hija-universo, mientras ésta contrapone en el agudo la angustia del genitor con su juvenil ansia de amor y libertad.
.
Escuchemos el dúo en la versión antológica de unos de los mejores Rigolettos, Cornell MacNeil, y la Gilda de Gianna D’Angelo; estamos en el MET de 1964 y dirige Nello Santi:
.
El gran mérito, decía, reside en el bufón, en su retrato de mil caras, de impresentable vengativo, ridículo y servil que atesora en el amor paterno toda su riqueza interior, su debilidad, su razón de existir, o como dice él mismo: su universo. Toda la obra deviene un paseo por sus estados de ánimo de la mano de la inagotable pulsión melódica de Verdi, reflejando siempre el estatus psicológico del personaje cual imagen fidedigna.
.
Como todo profundo amor, apartado de la razón en sus motivaciones y excesivo en sus manifestaciones, convoca a una de las escenas más conmovedoras de la ópera, alejada de las populares arias: es la escena paterno-filial del segundo acto culminada en el dúo ‘Ah, veglia o donna’ en la que el obsesivo buffone expresa toda la inquietud de su amor paterno, objetivada en el honor, y canalizada en la sobreprotección hacia su hija-universo, mientras ésta contrapone en el agudo la angustia del genitor con su juvenil ansia de amor y libertad.
.
Escuchemos el dúo en la versión antológica de unos de los mejores Rigolettos, Cornell MacNeil, y la Gilda de Gianna D’Angelo; estamos en el MET de 1964 y dirige Nello Santi:
.
.
A continuación un moderno bufón, Zeljko Lucic, acompañado por Diana Damrau, el pasado año en Dresde bajo la batuta de Fabio Luisi:
..
A continuación un moderno bufón, Zeljko Lucic, acompañado por Diana Damrau, el pasado año en Dresde bajo la batuta de Fabio Luisi: