El año 1775 fue definitivo y definitorio. Entre abril y diciembre el aún adolescente Mozart iniciaba y culminaba su concepción del concierto para violín, dejando escritos cinco conciertos para la orquesta del Arzobispo de Salzburgo. Existe un sexto de 1781 e incluso un séptimo, cuyos menores méritos musicales arrojan serias dudas sobre su autenticidad, al menos en su integridad. Con aquellos, y partiendo de sus recientes experiencias parisinas, elevó el estilo galante hasta cotas prerrománticas, en un proceso de evolución que todavía sorprende por su celeridad y logros: orquestación, técnica concertante, seducción melódica y potencial emotivo..
Entre la plétora de registros imperecederos de estas páginas, desde los históricos de Heifetz, Szering o Grumiaux hasta los más recientes de Mutter o Carmignola con Abbado, aporto las lecturas que en 1982 dejó grabadas Pinchas Zukerman con la Saint Paul Chamber Orchestra. ¿Razones?
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*Su frescura, lozanía, espontaneidad y vitalidad: tan juveniles, tan mozartianos.
*El acercamiento camerístico al opus: una primera impresión.
*La compenetración orquesta-solista, encarnada en la figura del solista-director Zukerman.
*El virtuosismo galante y contenido: la expresividad al servicio del conjunto, nunca protagónica.
*La adecuación al estilo francés, su origen
Adjunto el Concierto n.3 en Sol mayor K216:
-Para respetar la integridad de la obra
-Por ser el punto de inflexión en la colección de los cinco, el ecuador y el gran paso adelante en técnica compositiva y en belleza musical
-Por el amplio coloquio concertado entre solista y tutti
-O tal vez por el precioso diálogo con los oboes del primer movimiento, el lirismo elevado del segundo o el torbellino melódico del tercero.
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I. Allegro: amplio y alegre, alborotador, en su preludio orquestal presentando los dos temas que irá recogiendo sucesivamente el violín solista, para posteriormente, en medio de un amplio desarrollo, enternecer con su sutil diálogo con los oboes:
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II. Adagio: muy lírico y delicado, con un fondo aflictivo. Su cantabile es llevado por la orquesta que ha cambiado los oboes por las flautas y añadido sordina a las cuerdas. Inolvidable resulta la sublime subida hasta el re sobreagudo para continuar el canto por las alturas del agudo, entre un regusto de lamento:
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III. Rondeau:Allegro: pleno de ideas, bullicioso, extrovertido en sus tres secciones, con un intermedio a ritmo de pavana con pizzicato de cuerdas, seguido de otra danza en allegretto, de riquísima melodía e instrumentación:
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II. Adagio: muy lírico y delicado, con un fondo aflictivo. Su cantabile es llevado por la orquesta que ha cambiado los oboes por las flautas y añadido sordina a las cuerdas. Inolvidable resulta la sublime subida hasta el re sobreagudo para continuar el canto por las alturas del agudo, entre un regusto de lamento:
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III. Rondeau:Allegro: pleno de ideas, bullicioso, extrovertido en sus tres secciones, con un intermedio a ritmo de pavana con pizzicato de cuerdas, seguido de otra danza en allegretto, de riquísima melodía e instrumentación:
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