Coro de Bacantes y percusión
(vídeo Barbebleuei)
(vídeo Barbebleuei)
RIAS Kammerchor
Berlin Radio Symphony Orchestra
Gerd Albrecht
A sus, delicados de salud, 81 años Hans Werner Henze (1926) ha estrenado recientemente una nueva ópera, o por decirlo en sus propias palabras, una ópera-concierto. Un compositor de su trayectoria y valía, un clásico viviente, no podría ahora mismo beber en mejores fuentes: la mitología griega, ese manantial inagotable. Y dentro de ese fascinante mundo intemporal, escogió una tragedia, otra más, donde los mortales son marionetas de los dioses. En concreto la elección recayó en el mito de Fedra e Hipólito. Fue el poeta alemán Christian Lehnert el encargado de confeccionar un libreto que aunase la pasión, violencia, muerte y eternidad del mito con la mejor tradición de la literatura mundial, desde Ovidio, Séneca, Eurípides o Racine.



Escrita para conjunto instrumental de 23 músicos donde predominan de forma clamorosa los vientos, metales y maderas, y el sensual uso de la percusión; apenas cuatro instrumentos de cuerda, sí sólo cuatro. Tal es la jerarquía del instrumental de viento que incluso algunos de ellos caracterizan a ciertos personajes (saxo alto, trombón). El resultado es una música vitalista de fascinantes texturas, intensas tímbricas y voluptuoso lenguaje, claro y efectivo, resaltado por efectos pregrabados (tormenta, terremoto). Sin duda el segundo acto es superior al primero, acelerado ya en la vorágine de los sonidos pregrabados y especiado con un minimalismo instrumental. La sonoridad es moderna pero tiende hacia la antigüedad, el dodecafonismo hecho mitología. Enfatizado por la propia disposición del Conjunto, dentro del volumen escénico, que pretende, y consigue, un efecto de sonido que “flota en el espacio”.

El estreno mundial tuvo lugar el pasado día 6 de septiembre en la Staatsoper Unter den Linden de Berlin con un reparto muy equilibrado y buen negociador de la partitura:


Ensemble Modern: desplegando toda la requerida precisión lírica, plena de magnética potencia. Conducidos con mano de hierro por Michael Boder.
El montaje escénico de Olafur Eliasson es un hallazgo apropiado a la tragedia que engloba. Con orquesta y cantantes en escena, un espejo en el fondo refleja toda la realidad hacia el público, sin barreras. Una realidad expansiva que va abriéndose a través de un pasadizo por donde circulan los actores-cantantes. Unos prismas domestican la luz provocando una sensación caleidoscópica que ayuda a expandir horizontes. (Una lástima no disponer de video)



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