Decíamos hace más de un año que somos ciclos vitales, así que ha llegado el momento de retomar un Castillo que nunca ha sido abandonado del todo. Tal vez sin una periodicidad fija, pero con la misma ilusión que le dio origen.
La fecha escogida nos da pie para traer un pequeño fragmento de una de las cumbres de la Música de occidente, escrita por un compositor sin rival: La Pasión según San Mateo BWV 244 de Johann Sebastian Bach (1685-1750)
Hemos seleccionado el Coral figurado "O Mensch bewein dein Sünde gross" (Oh hombre, llora por tu inmenso pecado) que cierra la primera parte de dicha obra magna.
Mientras las sopranos entonan el cantus firmus, el resto de voces despliegan la sublime polifonía y las flautas exhalan sus suspiros...
Queridos
lectores: he decidido que es el momento adecuado de poner fin a las
actualizaciones de este blog musical que tantas satisfacciones me ha
aportado. Son casi diez años (y 644 entradas) de pasear conjuntamente los jardines y
estancias de este Castillo, tiempo suficiente para haber cumplido los
propósitos para los que fue creado: compartir emociones y
sentimientos por medio de la Música, de las músicas y las palabras.
Debemos
ser conscientes de que somos ciclos de vida y atenernos a ello.
El
Castillo seguirá abierto durante un tiempo, al menos mientras valoro
la posibilidad de convertirlo en libro.
La
despedida forzosamente ha de ser mediante una música maravillosa, un
aria de nuestro bien amado WA Mozart: «Voi che sapete» canta
Cherubino en Le Nozze di Figaro.
A mediados de los años
cincuenta, cuando Frank Zappa consiguió por fin hablar por teléfono con su
ídolo musical de juventud, Edgar Varèse, el compositor nacido en París le
comentó que estaba trabajando en una nueva obra titulada “Déserts”. Esta
circunstancia estimuló todavía más la imaginación del adolescente Zappa pues
por entonces el músico norteamericano vivía cerca del desierto de Mojave,
California. Desde entonces Zappa tomaría como suya la máxima de su maestro: “The present-day composers refuse to die”.
Edgar Varèse (1883-1965) es
un compositor muy personal, inimitable, explorador infatigable del sonido
acústico y electrónico, divulgador y maestro del timbre instrumental, profundo
y provocador como artista avanzado a su tiempo.
“Déserts”, la nueva
partitura de Varèse tras veinte años sin escribir para orquesta, no explicita
el desierto de arena, el páramo exterior, sino el desierto interior, la soledad
profunda del ser humano. En palabras escritas del propio músico: “Déserts significa para mí no solamente los
desiertos físicos, de arena, de mar, las montañas o la nieve, del espacio
exterior, las calles desiertas en las ciudades; no solamente esos aspectos
baldíos de la naturaleza, que evocan la esterilidad, el alejamiento, la
existencia fuera del tiempo, sino también ese lejano espacio interior que
ningún telescopio puede alcanzar, donde el hombre está solo en un mundo de
misterio y de soledad esencial” (carta a Ódile Vivier).
Obra para viento y
percusiones, que incluyen el piano, explora ese íntimo interior plagado de
silencios. En las disonancias desatadas de los vientos, en sus ritmos
imposibles, en los variados y refinados timbres, en la intensa repetición de
motivos, en el exquisito sentido del color, o en la quietud sonora que emana,
hallamos el latido del corazón más profundo y las preguntas más antiguas que
todos nos hacemos cuando cerramos los ojos en compañía de uno mismo.
La partitura completa
incluye también tres pasajes de “sonidos organizados”, material sonoro grabado
en cinta magnética que incluye ruidos de fábricas o improvisaciones de músicos
en directo. Si bien este conjunto pre-registrado está hoy día disponible para
su ejecución con la parte orquestal, el propio compositor precisó que “Déserts”
podía ser ejecutado sin el añadido de música electrónica. Así lo podemos
disfrutar en el siguiente vídeo:
Vínculo sin interés forjado en los albores del raciocinio. Complicidad de gestos, de miradas como lenguaje cognitivo. Esfuerzos y deseos compartidos sin distancia emotiva. Adolescencia, parejas, paternidad, enfermedad, música, muerte. La espuma de los años, el roce de la vida, descubrimiento conjunto del placer y del dolor. Opresivo abrazo, sinceridad sin coste, risas y llantos. Sublime amistad.
poema dedicado, con mi mayor cariño y mis mejores deseos de año nuevo, a mi querido amigo Manuel Ángel Darriba "Darri" en estos duros momentos de salud... Preciosa Aria de tenor y dos violines obligados "Ich Will Nur Dir Zu Ehren Leben" de la Cantata de Año Nuevo del Oratorio de Navidad BWV248 de JS Bach.
Abadía en el robledal - Caspar David Friedrich (1774-1840)
Pseudo-Longino, en su
tratado “Sobre lo sublime”, en torno al siglo I, nos habla de la expresión de
grandes y nobles pasiones que implican una participación sentimental. Un algo
artístico que anima desde dentro y lleva al éxtasis.
Edmund Burke, en el XVIII,
introduce el concepto de temor controlado en el origen de lo sublime, al nacer
cuando se desencadenan pasiones. Es la emoción más fuerte que el alma es capaz
de experimentar.
Para Immanuel Kant lleva
implícito una idea de infinitud inabarcable, por tanto una sensación de
desasosiego, de malestar, de inquietud.
Friedrich Schiller encuadra
lo sublime cuando nuestra naturaleza percibe sus propios límites, con un
sentimiento mixto de tristeza y alegría. Para el poeta las almas refinadas lo
prefieren a cualquier placer.
Arthur Schopenhauer,
ahondando en su componente maligno llega a categorizar fases de lo sublime, según
el grado de destrucción del observador.
Barbebleue encuentra lo sublime todas la mañanas del día de Navidad en el
Coro “Jauchzet Frohlocket, auf, preiset die Tage” con el que se abre, a golpe impresionante
de timbales y metales, el WeihnachtsOratorium BWV248 de Johann Sebastian Bach. ¡Felices
Fiestas!
Siempre me han gustado las Misas de Franz Schubert. Desde la primera vez
que las escuché, hace ya bastantes años. No es que sean ni lo más destacado de
su producción, ni unas obras maestras del género, ni tan siquiera son piezas
novedosas ni paradigmáticas. Incluso pueden pecar de un cierto academicismo,
cuando no de una extraña mixtura estilística heterogénea.
Pero Schubert acierta al imprimirles un alto grado de fervor religioso,
enlazando con maestría su melodismo de altos vuelos, reconocido y valorado, con
la pomposidad de una escritura polifónica de sabor antiguo.
Un buen ejemplo es la fuga "Cum Sancto Spiritu" del Gloria de la Misa Nº5 en
la bemol mayor D.678, que el pasado jueves día 15 nos interpretó en el coqueto
Teatro Cervantes de Málaga, la Orquesta Filarmónica de la ciudad, bajo la
dirección de Pablo Mielgo, con la Coral Cármina Nova en estado de gracia;
completaban el programa los solistas María Espada, Esmeralda Espinos, Juan
Antonio Sanabria y Damián del Castillo.
La Orquesta malagueña, sin la brillantez ni la prestancia de orquestas
señeras, tiene empaque de buen instrumento, por oficio y golosa sonoridad en
cuerdas y maderas. Pero fue la excelente labor de la Coral la que dio altura y
liturgia a la celebración musical. Empaste, precisión, impresión, dinámica, dulzura,
redondez, presencia, impacto, son algunos de los sustantivos que rondaban la mente del público al
terminar la obra.
Para rematar el evento, como es tradición, orquesta, solistas y coral
invitaron al público a cantar con ellos el conocido “Noche de Paz”. Un momento
emotivo.
Escuchemos la pieza seleccionada de la Misa de Schubert en interpretación de N. Harnoncourt:
La dama y el unicornio es una serie de seis tapices flamencos del siglo XV, tejidos en lana y seda, descubiertos casi intactos por P. Merimée en el Castillo de Boussac en 1841, y descritos con arte por George Sand. Pertenecieron al comandante Jean Le Viste y nos muestran a la dama en medio de un ambiente bucólico y onírico en el cual destacan animales míticos como el león y el unicornio.
Cada uno de ellos representa uno de los cinco sentidos humanos, oído, vista, olfato, tacto y gusto, portando el sexto de manera enigmática la inscripción "a mon seul désir", cuya interpretación poética nos lleva a pensar en la representación del amor.
La sensacional compositora finlandesa Kaija Saariaho (1952), basándose en la comentada serie de tapices del Museo de Cluny en París, escribió en 2010 su Concierto para Clarinete y Orquesta "D'Om Le Vrai Sense". Un encargo de la BBC, Radio France, las Orquestas de la Radio Finlandesa y Sueca, y la Fundación Casa da Música, para el clarinetista Kari Kriikku.
El concierto se estructura en los seis movimientos que corresponden a cada tapiz o sentido, siendo el subtítulo del último un anagrama de la inscripción por la cual se le conoce. La obra recrea todo el universo musical tan personal de Saariaho, rico en texturas densas y timbres irreales. El solista se mueve entre la orquesta, entre el público o incluso desde fuera de escena para mayor impresión sensorial.
I.El Oído: el clarinete se hace presente ante la orquesta desde fuera del escenario.
II.La Vista: la orquesta recoge los temas del solista mientras va apareciendo ante ella.
III.El Olfato: desde detrás el clarinete va entregando perfumes musicales a los diferentes atriles.
IV.El Tacto: viniendo hacia el frente del escenario el solista se hace tangible.
V.El Gusto: adornos exquisitos del clarinete que se ofrecen a la orquesta.
VI.D'om le vrai sense: más contenido desde su lugar de solista, el clarinete se transforma en el unicornio que termina abandonando la escena en compañía de los violines.
Aquí les dejo esta exquisitez sensorial en la interpretación de la Orquesta Filarmónica de la Radio de Francia, con el clarinetista Kari Kriikku y un director especialista, Esa-Pekka Salonen:
Hace
mucho tiempo que soy consciente de que siempre, de cualquier
situación o persona, se aprende algo, mucho o poco. Y es bueno y
útil que así sea. En ocasiones, o sea no siempre, esta enseñanza
nos llega de la mano de la seducción, según la tercera acepción de
la RAE, embargar o
cautivar el ánimo a alguien.
El
pasado miércoles día 30, llegaba a las VI Jornadas de Órgano
Cidade de Ourense, organizadas por la Asociación Un Rato No Tubo, el Prof. Juan Paradell Solé, organista de la
Capella Musicale
Pontificia Sistina,
y por tanto organista titular de la Basílica de San Pedro del
Vaticano. Catedrático de Órgano, Canto Gregoriano y Bajo Continuo
en el Conservatorio de Frosinone.
Con
semejante curriculum
el aprendizaje estaba asegurado, faltaba por comprobar la seducción.
Lo primero que apareció, antes incluso de escuchar cualquier nota,
fue la sorpresa. Siendo como es un Maestro de Celebraciones
Litúrgicas, esperaba un programa de grandes obras corales sacras
para órgano; literatura amplia y poderosa. No era así, en el
tríptico programático aparecían impresos nombres de compositores
del XIX y XX, algunos completamente desconocidos para mí, con obras
bien alejadas de la Liturgia. Posiblemente tan curioso y acertado
programa era debido a las características del órgano E.F. Walcker &
Co. utilizado para el recital. Fabricante alemán desde 1780,
curiosamente proveedor de la Santa Sede. Un instrumento romántico, a
decir de los expertos, muy rico en colores musicales.
Comenzó
con dos piezas de Cesar Franck, para seguir con una Sonata de F.
Mendelssohn, hasta aquí todo iba excelente pero sin asombro. La
seducción llegó con mis desconocidos:
Humoresque
«L'organo primitivo» Toccatina for Flute
de Pietro
Alessandro Yon
(1886-1943), pieza delicada con regusto de madera y abandono.
Toccata,
de Hendrik
Andriessen
(1892-1981), partitura de bravura, de amplio recorrido y diferentes
atmósferas y colores.
Y
especialmente con dos obras de Marco
Enrico Bossi (1861-1925)
compositor lombardo, de gran tradición organística y una muy fértil
imaginación musical.
Chant
du Soir op.92 nº1
fue un remanso de paz, como sólo un órgano en una Iglesia puede
proveer:
(vídeo lagazzaladra1000)
Scherzo
en sol menor op,49 nº2,
una pieza de fantasía, como la broma brillante y divertida que
anuncia su nombre:
(vídeo Omar Caputi)
Falta decir que el Maestro de órgano
dio buena muestra de una técnica idiomática, una lectura diáfana y
cristalina, y un toque delicado a la par que noble.
Las
gradas del Palacio Municipal de Congresos estaban completamente
ocupadas, apenas se podía encontrar algún hueco debido posiblemente
a indisposiciones de última hora. El público, mayoritariamente
masculino y de una media de edad que rondaría la cincuentena, era,
sin duda alguna, buen conocedor, ferviente seguidor y rendido admirador de la mítica
banda nacida en Londres en el ya lejano 1969. Desde entonces, aún
sin un gran eco mediático, los incondicionales se dan cita en los
conciertos de cada reencarnación del Rey, como si fuese una
celebración mística.
Porque
King Crimson es una religión sonora, una creencia ciega en una
propuesta estética, un continua renovación experimental, una
ambición humana, un propósito. Su rostro y alma, un inglés menudo
y circunspecto llamado Robert Fripp, único miembro fundador que es
una constante en todas las formaciones. Y su divisa, la intensidad
sonora, el clímax instrumental, sobre bases en perpetuo cambio. Si
logras conectar con su propuesta musical única e irrepetible, por
encima de estilos o etiquetas, te conviertes en un adicto irracional;
en caso contrario, mejor desistir, o a lo sumo divertirse con alguno
de sus temas más conocidos y banalizados. No hay término medio:
mucha gente ni los conoce, para quien suscribe son la mejor banda de
música popular de todos los tiempos. Su ingente legado, todavía en
activo, ilumina el mundo del Rock, por encuadrarles en algún género.
La
séptima ¿o era la octava? formación de King Crimson llegaba a
Madrid en medio de su gira europea 2016. Fripp decidió en esta nueva
reencarnación dimensionar al grupo con tres percusionistas, tres
paquetes de percusión que iban más allá de unas simples baterías;
además los sitúa al frente de la banda, en primer plano, quedando
las cuerdas y metales en segundo plano: dos guitarras, una con su
parafernalia de teclados (él mismo y Jakko Jakszyk), un bajista
(Tony Levin) y un soplador de flautas y saxos (Mel Collins). Todo un
desafío para los tres percusionistas (Pat Mastelotto, Gavin Harrison
y Jeremy Stacey), quienes además de proporcionar la sustanciosa base rítmica tejieron entre ellos una fina tela de fantasía.
Se
cumplían de nuevo dos máximas de la banda: la enorme calidad
instrumental de los músicos que la componen (ésto no es negociable
para Fripp) y la predominancia de las percusiones, con sus
variadísimos timbres, en el sonido del grupo.
Una
de las novedades de esta nueva formación de King Crimson es la
reinterpretación (palabras de Fripp) de los clásicos de la banda.
Por el comentado concierto desfilaron temas nuevos como «Meltdown» o
«The Hell Hounds of Krim» pero también clásicos de su primera época
como «Epitaph» o «In The Court of the Crimson King». No es ni
puede ser novedoso pero es bien cierto que en cada nuevo paso se
acrecienta esa sensación de poderío sónico, de intensidad brutal,
que se asienta en una precisión milimétrica de todos los solistas,
en especial en los duelos de los percusionistas, en la capa aérea
de los vientos, y en el rugido de las guitarras eléctricas.
Conocía
el sonido de la nueva banda y el repertorio que nos iban a presentar,
por el reciente doble álbum «Live in Toronto» (2015) pero la propuesta
madrileña lo superó en calidad y ambición, sin desmayos ni
concesiones. Desde el inicial «Lark's Tongues in Aspic part I»
hasta el sensacional «Starless» final, cuando todo el grupo fue
inundado por una inquietante luz carmesí; pasando por una salvaje
lectura de «Red», y cerrando con un brutal «21st Century Schizoid
Man» como bis de despedida, en medio de la apoteosis de los incondicionales. Por el camino de un concierto de casi dos horas y media, también interpretaron temas de «Islands» (1971), una de sus cumbres discográficas.
«Bach es el comienzo y el final de toda música» Después de esta rotunda cita se
entenderán bien las preferencias, vida y obra de Johann Baptist
Joseph Maximilian Reger (1873-1916), un músico continuador, incluso a
destiempo, de la gran tradición alemana desde JS Bach, Beethoven,
Wagner, y su muy apreciado J. Brahms; lo que él llamaba la música
absoluta.
Nacido
en la localidad bávara de Brand, estudió música en Munich y
Wiesbaden, fue profesor de órgano y composición en Munich, hasta
que en 1911 se instaló en Leipzig hasta su fallecimiento. En la
ciudad de Bach fue profesor de composición en el Real Conservatorio
y director musical de la Universidad, así como director de la
Orquesta de Meiningen.
A
pesar de su corta vida, dejó abundante obra, escrita en todos los
géneros musicales salvo la ópera. Su estilo, como hemos dicho, continuador de la gran tradición, pecó del excesivo efectismo retórico del postromanticismo, por lo que recibió abundantes
críticas nada constructivas, tachándolo de confuso.
Destacó especialmente en la forma de fuga y variaciones (Bach y Brahms)
donde plasmó lo mejor de su arte, como son las Variaciones y Fuga sobre un tema de Mozart,
y las Variaciones y Fuga sobre un tema de Hiller.
Su
Suite Romántica op 125 para orquesta nos desvela también parte de
sus inquietudes musicales: en medio de un cierto expresionismo musical podemos detectar un amplio vuelo romántico y una estructura cíclicamente clásica. Escrita a modo de poema sinfónico en tres
movimientos, sobre tres poemas de Joseph von Eichendorff, está fechada en 1912:
I.
Notturno (molto sostenuto): de suave lirismo en las maderas.
II.
Scherzo (vivace): un ritmo de vals que nos remite a Mahler.
III.
Finale (molto sostenuto): recapitulación muy elaborada de toda la obra.