domingo, 3 de abril de 2016

Allegro alla jazz

Café - George Grosz
Continuando con la línea jazzística de la semana anterior, volvemos a origen con una de las primeras obras centroeuropeas que muestra claras influencias e inspiración en el primer Jazz americano.
Estamos hablando del Concierto para Piano nº 2 opus 43 de Erwin Schulhoff (1894-1942), terminado en 1923. Schulhoff fue un compositor judío nacido en Praga, fallecido de tuberculosis en el campo de concentración nazi de Wülzburg en 1942 por ser considerado un “degenerado”; el estigma de la “Entartete Musik” que las autoridades fascistas impusieron a un amplio grupo de músicos por sus veleidades artísticas, sus nuevos lenguajes vanguardistas o su origen racial.
Schulhoff fue un enamorado del Jazz que pudo escuchar primeramente en la colección de discos del pintor George Grosz, para luego completar él mismo una de las mejores discotecas privadas de jazz de Europa. Siendo un compositor de formación clásica, el jazz significó para él un medio para recorrer su propio camino hacia su personal estilo artístico; una herramienta más en su escritura musical, de un alto nivel de refinamiento, que le llevó a abandonar el expresionismo atonal.
Su Concierto opus 43 muestra claramente estas influencias, pero no solo. En sus dos primeros movimientos podemos rastrear sonoridades del Stravinski más rítmico o del Debussy más etéreo, en un conjunto de sabor post-romántico. Es en el tercer movimiento, Allegro alla jazz, con su sincopado ritmo y fuerza expresiva, donde podemos admirar su personal visión de la música afroamericana, con un sentido de brillante marcha. Todo lo cual no le impide mestizar dicho movimiento con un lamento para violín solo y piano de reconocible sabor gitano.¡Pura degeneración!

(vídeo Barbebleuei)

Aleksandar Madzar, piano
Deutsche Kammerphilharmonie
Andreas Delfs

domingo, 27 de marzo de 2016

Susana Santos Silva


La experiencia de la música en vivo, especialmente a pie de músico, resulta siempre satisfactoria e impagable. Cualquiera que sea el estilo, el repertorio, la instrumentación, el simple hecho de recibir en la cara el golpe sonoro provoca una empatía con el hecho artístico y un mayor placer sensorial. Ya sabemos que la música es sonido, y éste sencillamente ondas que desplazan el aire; y no solo estimulan el sentido del oído sino también toda nuestra piel.

Golpes directos a la mandíbula y al corazón, pasando por el nervio acústico, recibimos, y encajamos de buen grado, todos los asistentes, poco más de medio centenar, al concierto de Susana Santos Silva y su Quinteto de Jazz en el local cultural elcercano de Ourense, el pasado 18 de Marzo.

La reconocida trompetista portuguesa se acercó a presentar su reciente grabación “Impermanence” (2015) acompañada de un excelente plantel de instrumentistas:
Hugo Raro, con un piano discreto pero necesario.
Marcos Cavaleiro, percusionista de altas prestaciones, muy rico en recursos. Joao Pedro Brandao, saxo alto y flauta, solista y acompañante adecuado para los sobresaltos metálicos de Susana.
el contrabajista Torbjörn Zetterberg, excelente en texturas, agilidades y soportes, una gozada.

Susana, joven y talentosa, derrochó técnica y brío, experimentación y sentimiento, en una amalgama sonora de alto calibre, a través del más explosivo de los metales, la trompeta. Su música se mueve entre las texturas etéreas del ambient-jazz y la más libre experimentación sonora del free-jazz y l'avant-garde. Sus largos desarrollos permiten la evolución del tema, de su melodía y de sus ritmos, saliendo siempre bien parada en ese juego.

El resultado es una inmediatez sonora y un paseo musical hermoso y emotivo, que van recorriendo todos y cada uno de los solistas, dejando en la audiencia satisfacción y más apetito.

Apenas a un par de metros de los músicos, impactado por sus sonidos, me dejé llevar por la evocación, desde Miles Davis hasta Frank Zappa pasando por las modernas escuelas nórdicas.

No, esta vez no nos faltó piel.

(vídeo elcercano)


domingo, 20 de marzo de 2016

La Passione, de Antonio Caldara


Nuestro siempre predilecto compositor veneciano Antonio Caldara (1670?-1736) nos asoma este año al balcón de la Semana Santa con su Oratorio “La Passione di Gesù Cristo Signor Nostro”, una obra de madurez, sobre un libreto del afamado poeta P. Metastasio, estrenado el 3 de Abril de 1730 en la Hoftburgkapelle imperial de Viena.

Caldara, todo un maestro en el arte vocal del tardobarroco, nació e hizo sus primeras armas en Venecia, bajo el influjo musical de G. Legrenzi, trabajando para la capilla de San Marcos. En 1699 marchó a Mantua, como maestro di capella en la corte del Duque, y tras regresar a Venecia, cambió de aires con su mudanza a Roma en 1707. Roma era en esa época uno de los más atractivos y bulliciosos centros artísticos del orbe, bajo el mecenazgo del Papa, el Sagrado Colegio Vaticano y numerosas familias de la nobleza. Allí coincidió con nombres como GF Händel, D. Scarlatti, B. Pasquini, A. Corelli, Stradella, y muchos otros. Tras un año en Barcelona, en la corte de Carlos III, retornó a Roma para ser maestro di capella del Príncipe de Cerveteri, donde desarrolló un amplio trabajo dejando no menos de 150 Cantatas, cuatro Óperas y nueve Oratorios, optimizando su escritura vocal hasta grandes niveles de virtuosismo y refinamiento.

En 1715 se trasladó a la corte imperial de Viena como Vice Kapellmeister, con compositores como A. Ziani o JJ. Fux, donde su estilo adquirió la solemnidad y el esplendor de la corte de los Habsburgo. De su actividad vienesa quedaron escritas treinta y cuatro Óperas y veinticinco Oratorios, extendiéndose su fama hasta la corte sajona de Dresde.

De su maestría artística da buena muestra el hecho de que muchos de los más grandes músicos manejaron, copiaron o se inspiraron en composiciones suyas: JS Bach, GP Telemann, FJ Haydn, WA Mozart, Lv Beethoven, J. Brahms, ...

Antes de que los capirotes de los nazarenos inunden las calles, escuchemos unos fragmentos del arriba mencionado Oratorio, una azione sacra dotada de intenso dramatismo en la voz de cuatro personajes: Magdalena, Juan, José de Arimatea y Pedro.

De la primera parte de la obra, el Aria de Juan "Come, a vista di pense si fiere":


Correspondiente a su segunda parte, el Aria de Magdalena "A' passi erranti":

(vídeo Barbebleuei)

Patricia Petibon, Maddalena
Francesca Pedaci, Giovanni
Europa Galante
Fabio Biondi

domingo, 13 de marzo de 2016

Concierto para la Mano Izquierda


Hace bien poco, a propósito de Brahms, citábamos al gran filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein, en cuya casa familiar de la alta burguesía vienesa, el Arte, especialmente la Música, era algo más que un entretenimiento. Había una instrucción, un deleite, en aquel continuo ir y venir de luminarias musicales de la Viena de principios del siglo XX, como G. Mahler, R. Strauss o el propio Brahms, por aquel punto de encuentro cultural.

No resultó casual, pues, que Paul Wittgenstein (1887-1961), un hermano menor del filósofo, se convirtiese en un talentoso pianista profesional, con una gran carrera por delante. Desgraciadamente durante la Primera Gran Guerra, en el frente polaco, sufrió graves heridas que llevaron a la amputación de su brazo derecho. Terminada la contienda, superado el desánimo, incansable y luchador, decidió continuar su carrera pianística para lo cual solicitó partituras adaptadas a su minusvalía física, que no a su talento interpretativo. R. Strauss, P. Hindemith, F. Schmidt, B. Britten, S. Prokofiev, E.W. Korngold, y M. Ravel escribieron obras para él.

El Concierto de Piano para la Mano Izquierda en re mayor de Maurice Ravel es sin duda la más conocida, una cumbre de expresividad muy original, en la cual el compositor nos hace olvidar la inexistencia de una mano, en este caso la principal para los no zurdos. "En una obra de este tipo, lo esencial es no dar la impresión de un tejido sonoro ligero, sino más bien de un partitura escrita para las dos manos" había declarado el compositor.

Ravel escribió la pieza al mismo tiempo que su otro Concierto para piano, en Sol mayor. Ambos comparten un cierto lenguaje de mestizaje, influenciado levemente por el Jazz que llegaba desde el océano. Pero el Concierto para una mano despliega una vehemencia trágica que marca su origen, un dolor profundo como el síndrome del miembro fantasma, sin perder toda una explosión de virtuosismo y una amplia sonoridad, solista y orquestal.

El Concierto fue estructurado en un solo movimiento, sin pausas ni demoras, aunque se aprecien distintos tempi, bien engarzados, indicados Lento y Allegro. El comienzo grave y oscuro en los contrabajos y el contrafagot va introduciendo temas y pasajes de distinto dramatismo, pasando de la sarabanda al jazz, hasta la virtuosa cadenza final, la cual, atropellada por la intromisión brutal de la orquesta concluye de forma abrupta la obra.

(vídeo Canal de Josep489)

Fue estrenado en Viena en 1932, con importantes modificaciones en la partitura a cargo de Wittgenstein, lo que llevó a una enemistad entre el pianista y el compositor, con la prohibición de este último para su estreno en París. Finalmente, pasados casi seis años, la capital francesa conoció la ejecución de la obra, en su versión original, en la mano de Jacques Février, bajo la batuta de Charles Munch. Pasados los años, Wittgenstein reconocería públicamente su error.

No deja de resultar curioso que Ravel nos haya legado también una versión de la partitura para piano a cuatro manos.

domingo, 6 de marzo de 2016

Fanny Mendelssohn, Música


Si todavía hoy, entrado ya el siglo XXI, una mujer, por el hecho de serlo, tiene más dificultades para desarrollar una profesión, cualquiera que ésta sea, imaginemos, si es posible, el sinfín de escollos que  encontraría a comienzos del XIX, más aún en el selectivo universo del Arte, concretamente en el androcéntrico mundo musical.

Fanny Mendelssohn vino al mundo en 1805, cuatro años antes que su famoso hermano Felix, al que unió un amor más allá de toda norma y razón. Dotada de unas cualidades musicales muy destacadas, no tuvo para desarrollarlas plenamente, ni el apoyo ni la comprensión de su padre Abraham ni siquiera el de su hermano, quien tampoco veía bien que publicase obras bajo su nombre; aunque él mismo no tenía empacho en hacerlo bajo el suyo, teniendo al menos la elegancia de reconocerlo una vez la obra ganaba el favor del público.

Fanny no gozó de esa comprensión ni ese apoyo que sí tuvieron Nannerl Mozart, la hermana de Wolfgang Amadeus, o su coetánea Clara Wieck, la esposa de Robert Schumann. Al menos obtuvo la complacencia, y autorización, de su marido, el pintor Wilhelm Hensel, para proseguir una carrera musical menor, con algunos conciertos públicos y la edición de obras bajo su nombre, que hoy llegan a una docena.

El Trío con Piano en Re mayor opus 11, publicado en 1850, tres años después de su fallecimiento, es una muestra del talento y formación de una artista madura.

Su primer y amplio movimiento, Allegro molto vivace, revela una coherente estructura interna donde el piano revolotea, animoso, al lado de un violín ávido, y de un violonchelo sutil. Una obra estilísticamente muy de su tiempo, un primer Romanticismo ingenuo y febril, donde flotan abundantes y poderosos aromas de su muy valorado Schubert:

(vídeo ElisabethKropfitsch)

El Andante espressivo, mucho más linfático, sosiega el aire con su pausada melodía manchada con un goterón de tristeza:

(vídeo YggiT4)

domingo, 28 de febrero de 2016

Reinhard Keiser: "Croesus"

Representación de Croesus, Berlin 1999

Dentro de nuestro fascinante periplo a la búsqueda de músicas menos conocidas pero de alta calidad, desembarcamos hoy en Hamburgo a comienzos del siglo XVIII. En su Gänsemarktoper trabajaba por entonces, con gran éxito, un prolífico compositor sajón.

Reinhard Keiser (1674-1739), contemporáneo de JS Bach, estudió en la famosa Escuela de Sto. Tomás de Leipzig (Thomasschule), precisamente con los antecesores del más ilustre Kantor de dicha iglesia. Su carrera musical, centrada especialmente en la ópera popular alemana con más de cien títulos, se desarrolló desde los veinte años en Hamburgo, en diversos períodos de tiempo, hasta su fallecimiento en dicha ciudad hanseática a los sesenta y cinco años de edad. Pese al olvido posterior, su fama llegó a ser comparable a la de G.F. Händel o G.P. Telemann.

En 1711 estrenó el singspiel en tres actos Croesus -”Der hochmütige, gestürzte und wieder erhabene Croesus”- con libreto en alemán de Lukas von Bostel, basado en un drama de Nicolò Minato. En 1730, tras una exhaustiva revisión, volvería a ser estrenada en Hamburgo; esta segunda versión es la que ha llegado hasta nosotros.

La obra, situada en Lidia dentro de un ambiente clásico muy del gusto de la época, relata, con toda suerte de enredos, los amores, siempre complejos y confusos, entre Elmira, una princesa meda, y Atis, el hijo del rey Creso, en medio de un contexto bélico con Ciro, el rey de Persia.

La música de Keiser, de una enorme riqueza y originalidad, aúna la belleza melódica de gran cantidad de arias y dúos, de una vocalidad muy atractiva, con una inmensa variedad de recursos orquestales, muy exóticos algunos, que contribuyen a aumentar el atractivo de obras de gran formato como la presente.

Acto I: Aria de Elmira "Hoffe noch, gekränktes Herz!"



Acto II:  Duetto Elmira y Clerida "Freundliche Liebe, wie freust du mein Herz!"


Acto III: Aria de Atis "Elmir! no bleibest du?"


(vídeos Barbebleuei)

Dorothea Röschmann, Elmira
Salomé Haller, Clerida
Werner Güra, Atis
Akademie Für Alte Musik Berlin
René Jacobs

domingo, 21 de febrero de 2016

Tres Intermezzi


Después de trece años sin escribir obra alguna para el piano solo, J. Brahms retomó una de sus mejores herramientas, para dejarnos su testamento pianístico, entre los años 1892 y 1893. Un conjunto de cuatro opus, con un total de veinte piezas: Fantasías op.116,  Tres Intermezzi op.117, y los Klavierstücke op. 118 y 119.

Los Tres Intermezzi fueron compuestos en 1892, en esta forma que llenaría sus últimas páginas, y comparten un paisaje brumoso, oscurecido por los años, con más resignación que esperanza, o dicho en palabras del propio autor: “canciones de cuna de mi sufrimiento”.

El Intermezzo I se inspira en una antigua nana escocesa, Lamentos de Lady Anna Bothwell; el maternal primer tema de su andante moderato llega acunando ternura, enseguida aparece el desasosiego, siempre resignado. El retorno al tema inicial rezuma angustia:


Intermezzo II: un andante non troppo e con molta espressione cuya primera idea musical se viste de ensoñación, y conduce a una tristeza más bien cercana, elegíaca. La pieza se mantiene en un equilibrio inestable entre ambos extremos hasta que el sueño es empotrado contra la realidad:


Intermezzo III: balada de melodía lejana pero muy directa por la claridad de su armonía, todo en un tempo Andante con moto:


(vídeos TheLeonardoSaez)
Wilhelm Kempff, piano

Escuchando estas piezas, uno llega casi a entender a Ludwig Wittgenstein cuando aseguraba que “la Música se detiene en Brahms…”

domingo, 14 de febrero de 2016

Paul Kantner, contra el Imperio


Efectivamente Paul Kantner (1941-2016) perteneció a la “aristocracia” del Rock. Miembro fundador, y una de las múltiples cabezas de la hidra musical más conocida y exitosa del llamado rock ácido de California, sección Bahía de San Francisco: Jefferson Airplane.

Vocalista, guitarra rítmica y compositor de la mítica banda, representó también el alma más psicodélica del grupo, junto a Grace Slick. Porque lo que engrandecía a los Airplane era las distintas sensibilidades que coexistieron, no sin problemas; al lado de la pareja Kantner-Slick, brillaba el pop melódico de Marty Balin, y el profundo blues cañero del bajista Jack Cassady y el guitarra solista Jorma Kaukonen, por no hablar de los sucesivos y diferentes percusionistas que se subieron al aeroplano.


A esta disparidad, tan enriquecedora durante sus años de gloria, se unió la inmensa promiscuidad musical entre los distintos grupos de toda la zona de la bahía franciscana. Colaboraciones, jams-sessions, grupos cruzados, un torrente de ideas y experimentación que llevó a crear, como hemos visto, un propio subgénero en el mundillo rockero. También, como es natural, a grandes desbandadas, nunca mejor dicho.

En 1970, tras el lanzamiento de la obra cumbre de los Airplane, el álbum “Volunteers” el grupo estaba precisamente en desbandada; por decirlo en palabras del propio Kantner: “éramos como una caja de bolas de golf rebotando sobre una escalera de mármol”. Con Cassady y Kaukonen con su grupo Hot Tuna en Europa, Balin perdido en la playa, y sin batería fijo, Paul y Grace pasaban el tiempo grabando en San Francisco demos para el nuevo disco de JA. Las sesiones de grabación avanzaban rápidamente con la colaboración de otra buena parte de la aristocracia local: Jerry García, de los Grateful Dead; David Crosby, de innecesaria presentación; David Freiberg, de los Quicksilver; Mickey Hart, Graham Nash, etc.

Todo este plantel unido al estado de gracia artística de Kantner edificó la mejor obra individual de nuestro invitado de hoy: el disco “Blows Against the Empire” (1970). Obra donde queda reflejada, mejor que en ninguna otra, el estilo compositivo de Kantner, como decíamos, tan psicodélico, estructurado en oleadas hímnicas, perfecto para el arte de armonización vocal tan característico de Grace Slick. Y todo unificado por el gusto por la ciencia ficción de nuestro protagonista.

El álbum resultó entonces una obra conceptual, una epopeya rock de ciencia ficción: un grupo de jóvenes desencantados secuestran una nave espacial para abandonar la tierra y fundar un nuevo mundo en una galaxia muy lejana, usando el viejo grito de los enemigos de la Roma imperial “golpes contra el Imperio”. ¿Les suena? Era el año 1970, faltaban siete años para la primera entrega de Star Wars.

Los Airplane todavía duraron dos años más como banda, grabando dos excelentes discos, pero aquí nacería la semilla de una saga: los Jefferson Starship, con Kantner y Slick. Pero ésa es otra historia, mucho más aburrida.

Have You Seen the Stars Tonite”:

(vídeo mlbloverock)

Starship”, con una nómina de músicos que todavía hoy impresiona: Kantner, Slick, Balin, García, Crosby, Nash, Brooks, Freiberg, …

(vídeo Eduardo Franco Ocnarfeara)


domingo, 7 de febrero de 2016

Sadko


Estoy convencido de que hay que considerar y juzgar un libreto de ópera sólo en relación con la música. Separado de la música sólo es un medio auxiliar de orientación sobre el argumento de la ópera, y de ninguna manera una obra literaria independiente.
Rimsky

Una de las óperas más hermosas del amplio catálogo de Nikolai Rimsky-Korsakov (1844-1908) es sin duda Sadko, escrita entre 1894-1896 y estrenada en Moscú en 1898. Una obra basada en antiguas leyendas rusas con una música tan hermosa como exótica.

Sadko fue un histórico comerciante de Novgorod del siglo XII alrededor del cual surgieron numerosas leyendas, epopeyas y cuentos rusos que, reuniendo tradiciones paganas y cristianas, crearon una historia fabulosa sobre la vida de dicho personaje convertido en un trovador intérprete de cítara (gusli). Sadko embarcaba para alta mar y regresaba henchido de gloria y tesoros, tras casarse con la princesa hija del Rey del Mar.

Numerosas plumas – V. Stasov, V. Yastrebtsev, N. Shtrup, N. Findeyzen y V. Belsky – trabajaron sobre el amplio conjunto de historias para escribir el libreto de la ópera, estructurado en siete variadas escenas.

Rimsky, a partir de un poema sinfónico homónimo previo, compuso una música tremendamente hermosa y evocadora, dando rienda suelta a su inmensa capacidad melódica, de fuerte sabor popular eslavo, y con una gran carga de exotismo y onirismo que tan bien encaja en esta leyenda mágica. Los enormes contrastes entre las distintas situaciones, reales y fantásticas, domésticas y aventureras, marítimas y terrestres, cercanas y lejanas, con la naturaleza como fondo, llevadas con la maestría orquestal del compositor hicieron el resto, y nos dejaron una obra redonda y de gran atractivo para casi cualquier público.

Escena I: Reunión de los ricos comerciantes de Novgorod quienes se burlan de la presunción y de los sueños de grandeza de Sadko.


Escena II: Solitario a orillas del lago Illmen, Sadko se encuentra con Volkhova, princesa del Mar, quien le ofrece sus tesoros si decide casarse con ella.


Escena III: Sadko comunica a su mujer que ha decidido abandonar su hogar.

Escena IV: Sadko se despide de sus camaradas, en busca de su gloria y destino en alta mar, pidiendo a exóticos personajes (vikingo, indio y veneciano) que le describan los tesoros y bellezas de sus lejanos paises.


Escena V: tras varios años de navegación, con el barco cargado de tesoros, una calma oceánica les impide el regreso; la tripulación de su barco decide tirar por la borda a Sadko para aplacar al Rey del Mar.


Escena VI: en un rico palacio en el fondo del mar se celebran las bodas de Volkhova y Sadko con la bendición del Rey, amenizado por la interpretación musical de Sadko, hasta que una antigua aparición detiene la fiesta.


Escena VII: Sadko despierta de su sueño a orillas del lago mientras Volkhova se va transformando en el río que une su ciudad al mar. Retomando a su familia y a sus camaradas, cantan todos el esplendor del vasto Mar.


(vídeos Barbebleuei)

Extractos musicales tomados de la interpretación, para el sello Decca, de los solistas, coro y orquesta del Teatro Maariinsky, bajo la dirección de Valery Gergiev. Grabación muy, muy recomendable...







domingo, 31 de enero de 2016

Cinco Cuerdas

El violonchelista - Paul Gauguin

No deja de resultar sorprendente la relativa escasez de literatura musical para un instrumento tan sensacional como el Violonchelo, reconocido por la calidez de sus agudos, la riqueza y plenitud de sus notas bajas, la variedad de sus modos expresivos o la enorme extensión e igualdad de su registro sonoro.

Una de las obras cimeras, si bien no la primera para el instrumento en solista, lleva la firma de Johann Sebastian Bach: las Seis Suites para Violonchelo Solo BWV 1007-1012. Olvidadas durante años, tras la muerte del compositor, es al gran Pau Casals a quien debemos su recuperación moderna y el ya consolidado puesto preponderante e incluso desafiante para cualquier intérprete de violonchelo; también para cualquier enamorado del sonido de dicho instrumento.

Se cree que fueron compuestas durante la estancia de nuestro maestro en la corte de Cöthen, con dos de los violonchelistas de la orquesta de dicha corte en mente: Bernard Linigke y Karl Ferdinand Abel. Y digo “se cree” pues no nos ha llegado manuscrito autógrafo de Bach.

Dichas Suites, como indica su nombre, son una sucesión de danzas en distintas expresividades, Gigue, Sarabande, Courante, Bourrée, Menuet, Alemande, Gavotte, … precedidas por un amplio Preludio. Es precisamente en dichos Preludios donde reside gran parte de las cualidades musicales más destacables y complejas de la escritura bachiana; también su gran profundidad. No siendo, en conjunto, una obra en exceso complicada para un ejecutante avezado, sí logra revisar gran parte de la sonoridad instrumental y repasar un amplio catálogo de modos expresivos.

Más sorprendente resulta conocer que la Sexta Suite BWV 1012 en Re Mayor, fue escrita para un instrumento de cinco cuerdas. Todavía hoy no se sabe si un Violonchelo Piccolo de cinco cuerdas, una Viola Pomposa, un Violonchelo normal con cuerda adicional, o cualquier otro engendro museístico perteneciente al destinatario de tan extraña composición. Su sonoridad, más aguda, aporta nuevo valor y variedad al conjunto de Suites, y su Preludio es un fascinante ejemplo señero de toda la Belleza del mundo: la de JS Bach y un Violonchelo Solo.

Una obra embriagadora, interpretada aquí por Paul Tortelier:

(vídeo Barbebleuei)