Carmen
Santonja y Gloria
Van Aerssen fueron sin
duda la representación más personal del pop español, desde
mediados de los sesenta hasta su última obra discográfica fechada
en el 2000.
Supieron
aunar frescura, ternura y desparpajo con una calidad y
elegancia musicales muy por encima de su género. Letras
imaginativas, muy directas, un tanto psicodélicas, encajaban como
guantes en melodías de raíces populares y ramas complejas. Tal vez por
eso nunca alcanzaron el éxito comercial masivo, viviendo siempre en
los extrarradios de la fama, en las nebulosas de la independencia.
Su
primer disco homónimo, en el sello Ópalo, data de 1971, y sin
apenas éxito las llevó a su primera cumbre discográfica:
Heliotropo
(1973) más refinado en arreglos y más variado en composiciones.
Escuchemos “Habanera
del primer amor”:
(vídeo
lavocaciondezakun)
Diez
años más tarde, darían un paso al frente con su sexto álbum
Taquicardia
(1984) donde el sencillo pop de raíz folk se envolvería en una
sofisticación de cuerdas y metales de aromas jazzísticos, obra del
Maestro Reverendo, sin abandonar el toque naíf y la elegancia
estructural. “Taquicardia”,
la canción:
La
ópera no se encuentra entre la mejor y más amplia producción de FJ
Haydn, pero aún así, dejó no menos de catorce títulos durante
su vinculación con Eszterháza. La última fue Armida,
un drama heroico sobre el afamado poema de Torquato Tasso Gerusalemme
Liberata, en el cual basaron también sus óperas JB Lully
(Armide), Händel (Rinaldo), Vivaldi (Armida al
campo d'Egitto), Jommelli (Armida abbandonata), Salieri
(Armida), CW Gluck (Armida), Rossini (Armida),
Dvorak (Armida), y algún otro.
La
obra de Haydn fue estrenada en 1784, gozando durante los primeros
años de numerosas representaciones, para caer, con los siglos, en
notable ausencia de los escenarios, como todas las óperas del
maestro de la Sinfonía y del Cuarteto.
Se
trata de un ópera seria, en tres actos, sin apenas números de
conjunto, en la que destacan los dos protagonistas: Armida, la
hechicera y Rinaldo, el caballero cristiano. Con grandes influencias
de la reforma de Gluck, tanto en la obertura y como en el diseño de
los números, se perfilan más los sentimientos de los personajes que
la acción en sí misma. Posiblemente
sea el Acto Tercero el más hermoso en cualidades musicales,
destacando la rebelión de Rinaldo y el dolor de Armida. Muy
recomendable también el limitado pero jugoso papel secundario de
Zelmira. Escuchemos su Aria “Torna pure al caro bene”, seguida de la de Armida “Ah, non ferir: t'arresta!”
Sir
Thomas Beecham, el legendario director británico, fue el gran defensor en el
mundo anglosajón, de la música de Frederick Delius (1862-1934). El
compositor nacido en el norte de Inglaterra, pero de ascendencia alemana, fue sin duda
un postromántico, influenciado enormemente por R. Wagner y su flujo
sensorial de sonido; también por E. Grieg y su gusto por el folclore
popular de las latitudes norteñas, y por la palidez tonal de C.
Debussy.
Delius,
afincado en Francia durante sus últimos años, sería recordado especialmente
por su obra sinfónica, más destacada y personal en el cromatismo
armónico, también heredado de Wagner, que por su capacidad
melódica.
Cierto que algunas de sus obras pudieran pecar de un cierto
carácter contemplativo, estasis y éxtasis, que nos dejan un aroma decadente.
Pero la partitura que hoy les presento, "Walk to the Paradise
Garden", cobra un fuerte impulso dramático, tal vez por tratarse de un interludio
de su cuarta ópera A Village Romeo and Juliet, deudora del Tristan, “representa,
en su arrebato y angustia, el verdadero espíritu del amor romántico” (John W.
Klein)
(vídeo mangott) London Symphony Orchestra Sir John Barbirolli
Con el
nombre del título se conoce también el Cuarteto de cuerda en Re mayor op.76 n.5 de FJ Haydn. Perteneciente al afamado
conjunto de seis Cuartetos Opus 76, compuestos entre 1796 y 1797, mientras
trabajaba en el oratorio La Creación. Un opus llamado “Cantos de experiencia”
por la enorme carga de aprendizaje de toda una vida que le conduce a la
perfección formal.
El
sobrenombre popular del número 5 es obviamente debido a su segundo movimiento:
un extraordinario Largo cantabile e mesto. Movimiento sobre el que pivota todo el
Cuarteto. Una precisión expresiva muy romántica que se desarrolla en dos ideas
musicales que, entre modulaciones espectaculares, alcanzan una cota emotiva de
tal altura, que después de hacer llorar al padre de Mendelssohn, dejó
entusiasmado al legendario violinista Joseph Joaquim.
Disfrutemos
también nosotros de la perfección del clasicismo que entreabría ya la puerta al romanticismo, en este célebre Largo, sin demora:
El Synclavier fue uno de los primeros sintetizadores digitales y
muestreadores musicales polifónicos, que vio la luz a mediados de los años
setenta, desarrollado por el profesor Jon Appleton y los programadores Sydney
Alonso y Cameron Jones.
Muy pronto Frank Zappa se sintió atraído por la comentada máquina,
en especial por las inmensas posibilidades que le brindaba para la composición
en estudio, pues podía escribir e interpretar cualquier cosa imaginable. Tanto
la primera versión del instrumento, como especialmente el Synclavier II, con su
mayor capacidad de almacenamiento y muestreo, y su teclado táctil, le permitían
experimentar con complicadas líneas rítmicas y su ejecución en variadísimos
grupos instrumentales, sin tener que poner orden en una gran banda de músicos.
La precisión
milimétrica del equipo y la total disponibilidad a las órdenes del
compositor, llevaron a Zappa a una intensa pasión por dicho
instrumento, pasando días y noches enteras explorando las
capacidades de la máquina y su inagotable y torrencial vena
compositiva. Era la herramienta idónea para la complejidad de su
música.
Como es natural el
equipo nunca podría competir con la capacidad expresiva e
improvisatoria de un conjunto de músicos, por ello Zappa siempre lo
consideró algo totalmente diferente, para decantarse finalmente,
aunque con dudas, por el elemento humano. Yo también!
De
sus años de promiscuidad con el Synclavier surgió una abundante
obra que vio la luz en varios álbumes. Especialmente exitosos
resultaron Jazz
from Hell
(1986), premiado con un Grammy, y el póstumo Civilization
Phaze III (1994) de los que les propongo escuchar temas tan excelentes como "Night School":
Zéjel: composición estrófica de la métrica
española, de origen árabe. Se compone de una estrofa inicial
temática, o estribillo, y de un número variable de estrofas
compuestas de tres versos monorrimos seguidos de otro verso de rima
constante igual a la del estribillo. (RAE)
Pero Zejel también es un grupo musical y un
proyecto de recuperación de la música de Al-Andalus. En palabras
suyas “un proyecto que nace y navega entre un mar de memorias,
aromas, melodías e improvisaciones...”
Una Música, una
Poesía, un Arte, una Cultura, que, aún con unos orígenes venidos
de Oriente, fue fruto de una simbiosis con los pueblos locales de la
península ibérica, para florecer durante la baja Edad Media como
una Cultura Única, con tres credos diferentes, los tres monoteístas
y denominados del Libro.
Un fructífero mestizaje que creó un estilo único, con
estructuras formales, modos clásicos (dórico, frigio, mixolidio) y
desarrollos melódicos compartidos, loando en ocasiones a Sta. María,
alabando en otras a Mahoma, o citando a la Tora judía.
El resultado es
una Música de enorme elegancia y evocación, digna de una Cultura de
inmenso refinamiento, como puede comprobarse en el disco La Memoria
de Oriente del citado grupo Zejel, un trío formado por Iman
Kandoussi, canto; Juan Manuel Rubio, santur, oud, zanfona; Alvaro
Garrido, percusiones.
"Primavera en Salonico" uno de los más hermosos del programa: un tema tradicional sefardí con introducción pausada en
ritmo marcado que conduce con suavidad al hermosísimo canto del poema, para
terminar con un cambio intenso del ritmo, en un arrebato virtuoso del
oud sobre un fondo sugerente de la percusión:
Con una evidente influencia de Shostakovich, el Quinteto para piano y cuerdas (1957) de Sofia
Gubaidulina (1931) es la segunda obra reconocida por la compositora. Fue
escrito en cuatro movimientos, siendo el Larghetto
el tercero, durante sus estudios en el Conservatorio Chaikovsky de Moscú.
Don Rodrigo de Castro y
Osorio, hijo de la III Condesa de Lemos, Beatriz de Castro A
Fermosa, llegó a ser cardenal arzobispo de Sevilla, lugar donde murió en 1600.
Este Príncipe de la Iglesia fue también un importante mecenas
cultural, ordenando construir para la Compañía de Jesús, el
Colegio e Iglesia de Nuestra Señora la Antigua, conocida desde
entonces como de la Compañía o del Cardenal, en Monforte de Lemos,
en el estricto estilo renacentista español: el herreriano.
El Cardenal también
mantenía una Capilla Musical, al frente de la cual estuvo el gran
compositor Francisco Guerrero. Se cree, porque no hay constancia
fehaciente, que en dicha Capilla trabajó un poco conocido músico
llamado Cristóbal de Medrano, de quien nos ha llegado un
manuscrito de 1594 conteniendo una Misa Voce Mea
y un Motete, a seis voces, dedicado y en homenaje a Don Rodrigo de
Castro, como bien se puede observar en su portada.
Más de cuatro siglos
después, y ante el sepulcro del mismo Cardenal en la hermosa Iglesia
monfortina (a la izquierda en la fotografía superior), tras una laboriosa recuperación, se interpretó dicha Misa y Motete el pasado 19 de
septiembre, se conjetura que por vez primera, a cargo del Coro Vox
Stellae y miembros del conjunto instrumental Menestreis de
1500, dentro del Festival Espazos Sonoros 2015
Concierto de fuerte
emotividad, tanto por el histórico entorno y el posible estreno
mundial, como por la intensidad de la polifonía del XVI, aún a
pesar de la escasa afluencia de público, pues apenas se llenaron la
mitad de las bancadas de la Iglesia.
Las obras, como ya
hemos dicho, fueron escritas a seis voces y aúnan el misticismo más
recogido y espiritual con un profundo impacto sensorial, incluso
entre el público menos habituado a este repertorio polifónico.
Delicada belleza melódica con intensa altura armónica; sin duda
Medrano ofreció al Cardenal una obra al nivel de tal jerarquía,
algo Sublime.
También los
intérpretes se movieron en la cota requerida para tales fastos. El
Coro Vox Stellae, dirigido por Luis Martínez y repartido en tres
sopranos, tres altos, dos tenores y dos bajos, leyó la partitura con
una plasticidad muy atractiva en el juego de voces, perfectamente
ensambladas para crear una unidad instrumental de enorme nivel, sin
duda fruto de intenso trabajo y mucho cariño. El acompañamiento
instrumental a cargo de cuatro miembros de los Menestreis de 1500 con
instrumentos de época en cuatro voces: corneta, baixonciño
alto, sacabuche (una especie de trombón) y baixón (fagot
antiguo), insertados entre los miembros del coro, apoyó con eficacia
en la construcción del clima ritual y la belleza del conjunto.
Una Maravilla de
Evento, titulado Rodericus Cardinalis, que cerró con
un enorme éxito. Y una obra que bien merece una grabación comercial
a cargo de tan magníficos intérpretes y recuperadores.
Filmado durante la
propia interpretación, con el móvil, escuchemos, con los debidos
permisos, el Sanctus de la Misa Voce Mea:
Ixión, rey de
Tesalia, tras haber asesinado a su suegro Deyoneo, fue perdonado por
Zeus, quien le invitó a la morada de los dioses. El ingrato lapita
quiso allí seducir a Hera, la mujer de Zeus, por lo que el dios lo mató con un rayo y lo envió al Tártaro donde fue atado con
serpientes a una rueda ardiente que giraba sin cesar. Tan solo
durante la visita de Orfeo a los infiernos, dicha rueda se detuvo,
gracias al canto del héroe.
Un giro eterno que el
compositor danés Rued Langgaard (1893 -1952) comparaba con la
situación del artista, sometido a una continua labor de incesante
búsqueda y creación. Tomó el nombre del infortunado para su más
provocadora, absurda y rompedora Sinfonía, la número 11 fechada en 1945 bajo el
título provisional “Evighedskrig”(Guerra Eterna),
sin duda influenciado también por los acontecimientos bélicos del
momento.
Langgaard quiso ir más
allá, por eso modificó el título original, para con su obra dar
una vuelta más a la rueda que no descansa, a la continua evolución
del Arte musical, tal vez intentando provocar el triunfo o la muerte de la
Sinfonía... nunca se sabe.
La partitura, de apenas
seis minutos de duración, se basa en la repetición, hasta once
veces, de un fragmentario tema de vals de sabor trágico, tocado en
fortissimo en el tutti orquestal, pero con constantes
modulaciones. Hacia el final de la obra, la entrada de cuatro tubas
extras, tocando al unísono un nuevo motivo, atraviesa dramáticamente
el constante giro del vals original, que bien remeda a una infernal
danza.
(vídeo Barbebleuei)
Orquesta Sinfónica de la Radio Nacional Danesa Thomas Dausgaard
Declaraba
a la prensa el barítono Juan Jesús Rodríguez, pocos días antes del estreno, que
el reparto de este Trovatore de la Temporada Lírica de A Coruña, era hoy por hoy,
insuperable. Después de escuchar la segunda función, el día 6 de septiembre, no
sólo corroboro dicha opinión, tal vez interesada en origen, sino que la
remacharía añadiendo que supera a muchas del pasado glorioso.
Al fin
y al cabo, como decía Toscanini ¿o era Caruso? para esta ópera “tan sólo se necesitan los cuatro mejores
cantantes del mundo”… y ésta es la única y simple razón del éxito de estas
funciones: todas y cada una de las cinco voces principales fueron absolutamente
óptimas para sus roles, por volumen, por color, por técnica, por fiato, por squillo, por filato, por canto verdiano… Cada cual, lo suyo, lo
justo y necesario, y en algunos, la excelencia.
Gregory Kunde, el tenor dejó un trovador altivo, pelín
alocado como procede. Timbre altanero, emisión poderosa, squillo ad hoc para una “Pira”;
pena de una dicción algo más clara...
Angela Meade: Leonora de dulcísima voz y técnica
apabullante: coloratura maestra y filati
de vértigo. Una gozada de soprano.
Juan Jesús Rodríguez: barítono de “bronce y rasga” dotó de vida y credibilidad al Conde de Luna,
atormentado personaje. Su presencia vocal fue apabullante, tan solo con unas
gotas más de elegancia sería un barítono verdiano de referencia.
Marianne Cornetti: Azucena racial, desatada,
demente, de voz amplia y generosa, que no dúctil, arrimó una fuerza dramática
fuera de lo común. Gitana de rompe y
rasga, ¡ésta sí! Un animal operístico que se llevó la mayor ovación.
Dmitri Olyanov: Ferrando de auténtico lujo. Voz profunda de
bajo paternal, untuoso como un abrazo largo y profundo.
El Ruiz
de Badel Albelo resultó cumplidor y
animoso, pero la Inés de Alba López
Trillo evidenció un preocupante vibrato.
El Coro Gaos estuvo muy acertado en las
preciosas partes que Verdi le dejó escritas. Una grata sorpresa.
La
siempre preciosista Orquesta Sinfónica
de Galicia estuvo dirigida por la directora canadiense Keri-Lynn Wilson, con fiereza metronómica, hábil en el
acompañamiento a los cantantes pero escasa en vuelo sinfónico.
Montaje
de Mario Pontiggia: un geométrico
marco cambiante que sin gran belleza plástica no llegó a molestar como sí lo
hizo la desastrosa iluminación, especialmente la de los personajes.
Lo
importante, excepcional, de campanillas. Un placer para los sentidos. En homenaje a la más aplaudida, cerramos con la conocida
aria de Azucena “Stride la Vampa!” a cargo de Marianne Cornetti hace ya nueve
años (ahora está mejor):