Alexander von Zemlinsky nació en Viena en 1871 en el seno de una familia de complejas raíces socio-culturales (
padre eslovaco católico convertido al judaísmo, y madre mitad sefardita-mitad musulmana). Cursó sus estudios musicales en el prestigioso conservatorio vienés, y sus primeras composiciones merecieron el elogio de Brahms. En 1894 conoció a Schoenberg quien además de cuñado, sería su discípulo al igual que Korngold. En 1900 comenzó su gran carrera de director musical en el
Theater an der Wien, pasando en 1907 a la
Ópera de Viena de la mano de Mahler. Su gran etapa de director discurrió en Praga en el
Neues Deutsches Theather donde tuvo como asistentes a personalidades como Erich Kleiber, Anton Webern, Georg Szell… Allí se convirtió en un dinamizador cultural de la ciudad, y estrenó
Erwartung de Schoenberg y fragmentos del
Wozzeck de Berg. En 1927 aceptó la oferta de Otto Klemperer para codirigir la
Kroll Oper de Berlin. Debido al ascenso nazi volvió a Viena, y tras la anexión alemana de Austria se trasladó a Nueva York donde murió en 1942 dejando incompleta su última ópera.
Pese a su amistad, colaboración e incluso parentesco con Arnold Schoenberg, nunca se vio tentado por el
dodecafonismo, alegaba que "
necesitaba sentir junto a él el seguro de las relaciones de jerarquía tonal". Explorando y explotando el mundo de las disonancias y el cromatismo, desarrolló y engrandeció el
expresionismo tonal de corte clásico, muy en la línea de Franz Schreker. Sus nunca disimuladas influencias provienen de Brahms y Wagner y llegan hasta Mahler y Richard Strauss.
Eine Florentinische Tragödie op. 16, basada en una obra teatral de Oscar Wilde traducida al alemán por Max Meyerfeld, fue estrenada en Stuttgart en enero de 1917. Seguía una moda imperante en esa época de óperas de ambientación renacentista italiana:
Mona Lisa,
Violanta,
Die Gezeichneten, e incluso el
Gianni Schicchi pucciniano.
Se trata de una ópera en un solo acto, que al igual que
Salome o
Elektra en cuyas fuente bebe, se abre con unos fieros acordes orquestales. No sólo comparte el arranque con esas dos obras maestras
straussianas, sino todo el profundo desvarío psicológico de un ambiente claustrofóbico y decadente, cuya resolución exige la tragedia. Con tan sólo un triángulo amoroso protagonista va progresando la tensión dramática gracias a la magnífica orquestación de Zemlinsky. Tras la Obertura, a modo de escena de amor de los esposos, el clímax se va preparando poco a poco hasta la escena del asesinato, y se resuelve en un final lírico, imprevisto, enfermizo e irreal.
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Con un pie en la más pura tradición brahmsiana y otro en el más descarado cromatismo, al límite de la tonalidad, es un canto al más limpio expresionismo entendido como
ultrahiperromanticismo. La orquestación es muy
sugestiva, como corresponde a un brillantísimo orquestador:
sugerente, envolvente y de gran
exuberancia tímbrica. La línea conductora de la obra son los
ariosos de Simone, que van reflejando el profundo cambio psicológico que va sufriendo el personaje: simple y efectivo.
El comienzo de la obra, una
alegoría entre el amor y la muerte, es una soberbia Obertura orquestal: