Si bien podrían ser excepciones, no toda la televisión es basura. Todavía quedan canales y programas que pueden darnos satisfacciones a los melómanos. Así ocurre con la muy recomendable Arte.tv, el canal franco-alemán en uno de cuyos últimos programas domingueros, dedicado a la violonchelista argentina Sol Gabetta, acercó hasta mi receptor, vía satélite Astra, una pequeña composición de Peteris Vasks: “Plainscapes” para violín, violonchelo y coro. Un buen ejemplo de los caminos sonoros que transita, cuyo misticismo lleva al éxtasis, pasando por la sorpresa a los 2:59 minutos:
Peteris Vasks (1946) es un músico nacido en Letonia, formado como contrabajista, que estudió composición en la vecina Lituania, faceta hacia la que orientó su vida profesional y con la que consiguió amplia aceptación e importantes premios como el Herder Prize de Viena (1996).
Generador de una música enormemente emotiva, que partiendo de una visión naturalista asciende verticalmente hacia el infinito merced a armonías saturadoras y a tímbricas audaces. Su vocabulario musical resulta muy personal, acrisolando distintas influencias, bien dispares. Por un lado, en sus comienzos, la influencia de las técnicas de música aleatoria de sus mentores Lutoslawski o Penderecki, creadoras de intensos éxtasis sonoros. Por otro, la creciente utilización de arcaicos elementosdel folclore letón, adosados a la relación con los fenómenos naturales. Y también, al modo de inmensos corales, el desarrollo de una composición modal, de melodías inacabables que ascendiendo y descendiendo, se mantienen suspendidas como un pedal de órgano. En su sabia fusión acierta a llevar connotaciones minimalistas a una música de carácter expansivo, preñadas de humanidad y tensionadas en sus propias y terribles disonancias.
Algunas obras suyas recomendables son Viatore, la Sinfonía número 2, el Concierto para violín “Distant Light”, el Concierto para corno inglés o el Cantabile para cuerda que pasamos a escuchar:
Latvijas Nacionalais Simfoniskais Orkestris, Riga /Pauls Megi
“Cuando al final la verdad se abrió paso en su mente, el enano lanzó un aullido, un grito de desesperación y cayó al pavimento sollozando. ¡Ese ser deforme y jorobado, de aspecto horrible y grotesco, era él! ¡Era él mismo, él era el monstruo, y era de él de quien se habían reído todos los muchachos… y la Princesita, en cuyo amor creyera… ella también se había burlado de su fealdad, había hecho mofa de sus piernas torcidas! ¿Por qué no lo habían dejado en el bosque, donde no había espejo que le mostrara su horror? ¿Por qué no lo había matado su padre antes de permitir que se burlaran de él? Lloró lágrimas quemantes, y sus manos destrozaron la rosa blanca… y el monstruo hizo lo mismo y esparció por el aire los delicados pétalos.” Oscar Wilde – El cumpleaños de la Infanta . Público y cruel fue también el rechazo que Alma Schindler le dedicó a los requerimientos amorosos de Zemlinsky. El desprecio hacia la reconocida fealdad del gran compositor llegó al insulto: “ese enano horrible”. Desconozco si fue la única causa que le llevó a fijarse en la figura del enano del cuento de Oscar Wilde“El Cumpleaños de la Infanta”, basado en la libre contemplación de Las Meninas del gran Velázquez, pero le encargó a Franz Schreker la elaboración de un libreto basado en dicho cuento. Éste, prendido también de la crueldad del relato, se lo apropió para su ópera “Die Gezeichneten”, así que Zemlinsky recurrió a Georg Klaren para el libreto en alemán, sobre el que trabajaría entre 1919 y 1921 en la composición de la partitura. Finalmente con el título “Der Zwerg” (El Enano) también conocida como Der Geburstag der Infantin, fue estrenada su sexta ópera en 1922 en el Neues Theater de Colonia bajo la batuta de Otto Klemperer.
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Así este divertimento cortesano, con tintes autobiográficos, tomó drama y sonido convirtiéndose en una decadente muestra de Crueldad, ligereza, desprecio, sentimiento y tragedia; un juego despiadado y una ironía grotesca en la paleta orquestal de Zemlinsky: exuberante, rica y brillante, como un paisaje emocional pulido e imaginativo. Toda una muestra de expresividad romántica y controlado dramatismo, en una obra de fluir constante hacia el clímax. Con un tratamiento vocal enfático pero nunca tirante, suave y conmovedor, que requiere voces frescas, bordeando la ingenuidad, pero de trasfondo dramático en el feroz desprecio, cuyo punto culminante de tensión se desata ante el descubrimiento de su propio ser por parte del enano y su posterior muerte. . Resumen: Es la fiesta de cumpleaños de la Infanta Donna Clara, el chamberlán Don Estoban supervisa los preparativos con ayuda de las doncellas, mientras describe los fabulosos regalos que han ido llegando. El más maravilloso procede de un Sultán que ha enviado un horrible y deforme Enano que desconoce su fealdad al no haberse visto jamás en un espejo; es más, se tiene por un atractivo Caballero. Las doncellas se apresuran a cubrir todos los espejos de la estancia, mientras da comienzo la celebración con la introducción del Enano ante la Infanta. La algarabía es máxima cuando el Enano, impresionado por la belleza de la Princesa, comienza a cantar toda una declaración de amor. Ya a solas, el Enano llevado hacia un éxtasis amoroso cuenta a la Infanta historias de valientes caballeros que salvan a sus princesas de terribles dragones. La Infanta le declara que, además de valiente, su Príncipe ha de ser apuesto, pues la belleza es sagrada para ella. Tras asistir al baile de la Infanta y sus amigas, el Enano descubre casualmente su realidad en un espejo descubierto, enfrentándose cara a cara con su reflejo. Cuando regresa la Infanta le expone la realidad: “me gusta bailar y jugar contigo, pero solo puedo amar a un hombre y tu eres un monstruo” El Enano cae fulminado a sus pies, mientras la Infanta se apresura a volver a su baile… . Escuchemos la escena final, desde el grito angustiado de la realidad, con David Kuebler(t) y Soile Isokoski(s), los Frankfurter Kantorei y la Cologne Gürzenich Orchestra dirigidos por James Conlon: .
. Y para quien le pueda interesar e Internet no se quede en negro, AQUÍ dejo el enlace para descargarse completa la siguiente interpretación:
Opera Garnier Paris (14 Noviembre 1998) . Infante Christine Schafer Dwarf David Kuebler Ghita Susan Anthony Don Estoban Andrew Shore 3 Ladies Anna Maria Panzarella Isabelle Cals Delphine Naidan 1st Young Girl Nathalie Karl 2nd Young Girl Andrea Creppon . Choeur et Orchestre de l'Opera National de Paris James Conlon
Giovanni Battista Viotti (1755-1824), nacido en un lugar del Piamonte de precioso nombre, Fontanetto da Po, fue considerado el gran violinista del XVIII. Y no solamente por su virtuosismo instrumental sino también por su arte compositivo para dicho instrumento, del cual son buena muestra sus 29 conciertos.
A partir de su formación en la capilla de la corte de Saboya de Turín, recorrió la gran Europa musical de la época dejando y tomando influencias en cada jornada. Tras pasar por Dresde, Berlín, Varsovia y San Petersburgo, debutó en París en 1782 con gran éxito, entrando al servicio de la corte de María Antonieta. En la capital francesa llegó al cargo de Director de la Ópera Paris y a fundar su propio teatro: el Teatro Monsieur. En este período compuso los llamados Conciertos parisinos: los 19 primeros.
En 1792 se trasladó a Londres, coincidiendo con FJ Haydn en los Salomon Concerts, donde rivalizaban sus composiciones, y alcanzando el cargo de director del King’s Theatre. Aquí completó su opus concertístico para violín. Aunque volvió a Paris por motivos religioso-políticos, acabó muriendo en la capital inglesa en 1824.
Su influencia violinística fue inmensa, gracias a su cosmopolitismo y a su calidad, partiendo de la tradición clásica italiana, nacida con Corelli, supo enriquecerla con el dramatismo teatral francés y la robustez sinfónica alemana. Siendo un egregio representante del galante rococó, se asomó, sobre todo en sus conciertos londinenses, al primer Romanticismo. Su prestigio lo podemos rastrear en nombres como Beethoven (concierto para violín), Mozart que añadió trompetas y trombones a su concierto n.5 (K470) o Brahms, quien amaba profundamente su número 22.
Escuchemos precisamente los tres movimientos (Moderato – Adagio - Agitato assai) de este Concierto para violín en la menor N.22 de GB Viotti, en la refinada versión de Itzhak Perlman:.
“Aquí el Arte de la Música ha sepultado una fecunda riqueza, pero también sus esperanzas, aún más luminosas”
(Epitafio de Schubert en el cementerio de Viena)
Aseguraba Kant que la sublimidad, sobrepasando a la belleza, desborda la forma; por tanto al tender hacia la infinitud carece de final, en tiempo y en espacio. Y ahí radica su poder de agitación, de convulsión, de excitación, de temor espiritual.
Y qué mejor modelo de sublimidad que una obra de la que desconocemos todavía si fue terminada por su autor y luego perdida, o reutilizada en otras obras, o simplemente abandonada a su propia belleza inconclusa.
Hablamos, queridos lectores, de la Sinfonía n. 8 en si menor de Franz Schubert, apodada la Inacabada. Esa Sinfonía brillante, maestra, sublime, de tan sólo dos movimientos, nacida en 1822 como agradecimiento hacia la Gesellschaft der Musikfreunde de Graz, que terminó en manos de los Hüttenbrenner, de las cuales pasó a la gloria en 1865 en la batuta de Johann Herbeck.
Dos movimientos que valen todo un catálogo, donde el jovial cantabile mozartiano se aprieta al dramatismo beethoveniano, para engendrar un efímero relámpago llamado Schubert: el melodismo inacabable. ¡Cuánta verdad encierra su epitafio!
Bajo la maestra batuta de un mago, mi querido y añorado Carlos Kleiber, amplio de dinámicas y recogido de sentimientos, Espíritu libre y envoltura elegante, al frente de las cuerdas más milagrosas del mundo, la Filarmónica de Viena, disfrutemos de su primer movimiento Allegro moderato:
Entrada doliente de las cuerdas graves para enseguida presentar el primer tema en la agitación de la cuerda y la suavidad de las maderas. Más tierno y melódico aparece el segundo tema en los violonchelos para pasar a los violines, y luego ser balanceado entre todas las secciones de la cuerda, y quedar suspendido en una nota del viento-madera. El desarrollo se presenta desbocado, atormentado, con su sección central heroica en los trombones. Vuelta a la tonalidad original en la agitación de la cuerda y la nota suspendida esta vez en el viento-metal, para retomar, más hermosa que nunca, la melodía del segundo tema. La coda nos devuelve al dolor de la entrada en una tendencia a la desaparición, que es cortada por el tutti para terminar el movimiento con cuatro poderosos acordes.
Aprovechando la gira autonómica de una denominada Ópera Checa de Praga, de cuyos nombres no quiero acordarme, he podido acercarme a una representación del Holandés wagneriano. Ante las escasas expectativas, he salido con el aprobado más dulce que recuerdo... Cuando no esperas nada, un algo te parece el todo.
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A pesar de una muy escasa orquesta, dirigida con interés; a pesar de una Senta joven, fresca, esténtorea, algo gritona y escasa de matices; a pesar de un Holandés recio, oscuro, angustiado también en su propio engolamiento, con una voz que no corría cuando se la exigía. Digo que, pese a estos pecados mortales, hubo un aire de Wagner en la función, un empuje y un oficio, limitado, pero plausible.
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Recordando dicha función he caído en la cuenta de la sobreabundancia de haches en los grandes intérpretes del atormentado volador. Escuchemos dos monólogos "Die Frist ist um":
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Hans Hotter: el incomparable, el prototipo, la vocalidad perfecta para el rol:
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Hermann Uhde: si bien más limitado, es otro arquetipo:
No se alarmen, no voy a hablar del Círculo de quintas; tampoco sabría. Con este geométrico título quiero referirme a la Quinta Sinfonía de Gustav Mahler escuchada el pasado jueves 18 en el Auditorio de Galicia. La interpretación corrió a cargo de la Orquesta Sinfónica de Galicia con uno de los valores en alza de la dirección orquestal, el Maestro Pablo González, titular de la OBC a partir del próximo septiembre.
Las Sinfonías de Mahler son auténticos tapices poliédricos, pero aquí quiero hablar de una órbita elíptica en la interpretación de esta Quinta, situando como centro al propio Mahler, por su mayor o menor proximidad al espíritu compositivo, que desde cada personal foco mantiene siempre su propia perfección geométrica e incluso su bella excentricidad.
La vibrante y sólida, sin reciedumbres, arquitectura sonora del monumento mahleriano,que construyó González se apoyaba en dos columnas maestras: por un lado, en la clarificación del ambiente sonoro, siempre diáfano y eufónico; y por otro, en el absoluto control de dinámicas, amplias pero aseadas, arrolladoras pero pulcras. Así el edificio abundó en una amplia expresividad, a la vez amena y atractiva, más aún tratándose de una sinfonía larga y agitada. En el aspecto estilístico, el maestro optó por la implicación humana, contenida, nada mística pero de una intimidad que huyendo del romanticismo se afirma en el expresionismo de sus bruñidos metales cromáticos, y en la evolución de sus propios estados anímicos.
Ia. Trauermarch: desde la fanfarria inicial, asociada por algunos a la Quinta de Beethoven, sensacional prestación de trompas, trompetas, trombones y tuba en todo este inmóvil movimiento, soporte sonoro de él, contrastado en la nostálgica melodía de los violonchelos. Unos bronces que aportaban toda la pompa de las elegías mayúsculas.
Ib. Stürmisch Bewegt: vehemencia interpretativa, agitación interior, descarnada y humana que sacude de manera precisa, muy precisa, a todos los atriles. Posiblemente el momento más eficaz, dulce y redondo de la interpretación.
II. Scherzo: más anodino el excesivo scherzo, de ritmo vienés, popular y elegante en su danza, pero algo extraño y ajeno, como mirado desde fuera, tal vez buscando una distancia preventiva.
IIIa. Adagietto: el célebre movimiento, regalo de bodas de Alma Mahler, fue leído con hondura, pero sin el arrobo suficiente en las cuerdas más agudas. Dejó flotando un sentimiento sin huella en el alma, salvo en aquellos íntimos pasajes en los que el amor intenso del compositor deambula, ingenuo, entre las violas y los violonchelos
IIIb. Rondo-Finale. Allegro: la monumental polifonía, en forma fugada, con rasgos de ironía y desapego, tiende a la alegría vital, con la, ahora sí, óptima asistencia de todas las secciones, y de nuevo, el fulgor del metal rematando el proyecto.
Un gran Mahler, personal, elíptico, embridado, tal vez no genial pero con la talla suficiente para exclamar, con la últimos acordes todavía resonando, un sentido y también contenido ¡Bravo!
Desde la Goldener Saal del Musikverein (otro monumento) escuchemos el comienzo de la Quinta Sinfonía de Mahler bajo la dirección de Leonard Bernstein:
Cuando Frank Zappa murió, en diciembre de 1993, dejó inédito, pero totalmente rematado y retocado, un doble álbum llamado Civilization Phaze III (1994) El disco era un musical (ópera-ballet-pantomima) tan personal como toda su obra, cuyo proyecto venía de muy lejos, desde finales de los sesenta. De esa época datan las conversaciones grabadas, desde el interior de un piano de cola, que servirían de puente entre las distintas piezas instrumentales que fue grabando en el Synclavier durante los ochenta y con el Ensemble Modern a comienzos de los noventa.
Uno de los mejores temas que lo integran es sin duda “Amnerika”, una pieza cuya primitiva versión puede rastrearse en el álbum Thing-Fish (1984) y que conocería sucesivas versiones, con o sin letra, a cargo del Ensemble Modern. Aquí aparece en su versión original, compuesta e interpretada en el Synclavier, con toda la carga de su extraña e inquietante belleza melódica que intenta fluir de forma sincopada:
“Seis piezas más bien cortas, de un carácter más lírico que sinfónico” (Berg) . Contrastando con el excesivo almibaramiento melódico de Rimski, nos damos un paseo musical por la atonalidad, a través de la hipersensibilidad expresionista del más genial miembro de la denominada Segunda Escuela de Viena: Alban Berg (1885-1935). Un músico complejo, sensible, elaborado, lírico, tradicional y moderno… esencial.
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De su escaso e imprescindible catálogo nos detenemos hoy en una partitura clave del siglo XX: la Suite Lírica. Escrita entre 1925-1926 consta de seis movimientos, originalmente para cuarteto de cuerda, aunque posteriormente transcribiera tres de ellos para orquesta de cuerda. Fue dedicada a Zemlinsky, rememorando su Sinfonía Lírica, de quien toma prestado el adjetivo, la estructura en seis partes, así como alguna cita musical. Pero que, en cuya génesis y en su simbolismo serial, hoy se sabe que late el amor secreto y epistolar hacia Hanna Fuchs, o tal vez siguiendo a Adorno“Berg no escribió la Suite Lírica por amor a Hanna Fuchs, sino que amó a Hanna Fuchs para poder escribir la Suite Lírica”
. Con esta partitura Berg continúa experimentando con el dodecafonismo serial, si bien manteniendo esa ambigüedad estilística tan propia, que le permite unificar en una misma obra (ésta misma) elementos dodecafónicos no seriales, serialismo dodecafónico y recursos de jerarquía tonal.
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La Suite Lírica se estructura en tres movimientos rápidos intercalados de otros tres lentos, con la particularidad de que aquéllos tempi van evolucionando a más rápidos, y éstos cada vez a más lentos: allegretto-allegro-presto – andante-adagio-largo; proponiendo además un carácter que evoluciona desde el giovale inicial hasta el desolato final, pasando por el amoroso, appassionato, misterioso y delirando ¡Cuán atractivo! . Para las ilustraciones sonoras he elegido dos movimientos lentos, con sus correspondientes versiones para cuarteto y orquesta, para que cada paladar pueda escojer entre la más cortante y expresiva, o la más redonda y acogedora, pero todos con Egon Schiele al frente: . II. Andante amoroso: un rondó de escritura dodecafónica no serial, que conlleva un tema de doce notas, ligeramente variado, de carácter juguetón, dinámico, proporcionado… .
Cuarteto Lasalle .
Orquesta Filarmónica de Viena- Claudio Abbado .
IV. Adagio appassionato: un nocturno de forma muy libre, no serial, que atrapa por la escritura muy oprimida en su instrumentación; un movimiento lírico, esforzado, ceñido, inquieto, y donde se cita la Sinfonía de Zemlinsky.
Sin poder abandonar, hechizados, la fantasía del cuento, la curiosidad de lo fabuloso, la seducción de lo imaginario, y los aromas exóticos de Oriente, nos enlazamos a otro asombroso orquestador: Nikolai Rimski-Korsakov (1844-1908). Un prodigio de refinamiento, narración, estructura y color, cuya obra cumbre para orquesta, la suite sinfónicaScheherezade op.35 (1888) ha atravesado gloriosamente de forma transversal a todos los públicos; una embelesadora música, elocuente y opulenta, que satisface tanto al purista melómano como al tarareador inconsciente.
Basada en las Mil y Una Noches, la partitura narra de forma libre algunos pasajes de tan extensa obra, utilizando como guía el lírico motivo de Scheherezade en el primer violín. En las adictivas melodías orientalizantes de origen folclórico, en el rico colorido instrumental, en la imbricación temática de sus movimientos (como ocurre en la colección de cuentos), o en la potencia narrativa de sus escenas más sinfónicas, radica la belleza y el encanto de tan hermosa página del XIX.
El lírico tercer movimiento, El joven Príncipe y la Princesa, es sin duda el más conocido y seductor. Comienza embriagadoramente con el tendido motivo del Príncipe en los violines, arropado por diademas de clarinete, al que sucede el tema de la Princesa, más ligero y vivaracho, marcado por la percusión y solemnizado en las trompetas. En la reexposición del primer tema se intercala el motivo de la Sultana, para finalizar en cascadas descendentes de las maderas. Aquí queda en la versión de la Filarmónica de Berlín con Karajan:
Sheherazade - Edouard Frederic Wilhelm Richter
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Escuchada mil y una veces; hace bien poco la Royal Philharmonic Orchestra, con ese trotamundos y todoterreno maestro Charles Dutoit al frente, dejó constancia de su arrebatador sonido en su mini gira gallega. Con unas cuerdas que eran pura caricia sensual, supieron extraer el máximo partido a una obra que ensalza como pocas esa inmensa comunidad artística llamada Orquesta.
El sensacional tercer acto se abre bajo una bóveda subterránea con la pareja de tintoreros separados cada uno en una cámara, incomunicados. El ambiente es opresivo en los vientos graves, a los que se va sumando la tristeza del tema de los No Nacidos en arpas y celestas. La desesperanza y la angustia provocan la tortura de la Mujer(Schweigt doch, ihr Stimmen! - ¡Callaos voces!), quien solicita el perdón de su marido.
Sobre la desalentadora cantinela de los violonchelos, Barak comienza un monólogo, unos de los momentos más intensos y hermosos de la obra (Mir anvertraut – Me fue confiada) que posteriormente es convertido en un sublime dúo con su esposa, en una atmósfera de perdón y angustia en el extendido melodismostraussiano. El fragmento finaliza en la dulzura de Barak hacia la Mujer (Fürchte dich nicht - No tengas miedo) mientras la trompetas anuncian la superación de su prueba y el camino libre hacia la superficie, seguido, siempre por separado, de su esposa. Oigamos este maravilloso pasaje en las voces de Christa Ludwig y Walter Berry con Karajan:
Un interludio orquestal nos cambia la escena llevándonos hacia la roca-montaña, un Templo ante cuya escalera, que lleva a su grandiosa puerta, llegan la Emperatriz y el Ama en una barca sin guía que se detiene obstinadamente en la orilla. Mientras el Ama quiere abandonar el lugar, la atmósfera musical se va aclarando para iniciar el irreal dúo de las dos mujeres. En el clarinete se desarrolla el tema melódico que nos indica que la Emperatriz reconoce, por su sueño, el lugar y el momento: las trompetas anuncian el juicio al Emperador (Sie halten gericht - Le están juzgando). Tras los vanos intentos de disuasión, la Emperatriz asume su destino y despide para siempre al Ama (Ich gehöre zu ihnen, du taugst nicht zu mir - Yo soy una de ellos,Tú no me eres útil) y entra a través de la gran puerta, siendo imposible para el Ama seguirla.
Desquiciada, el Ama exclama su maldición hacia los hombres (Was Meschen befürden? – ¿Lo que los humanos necesitan?) al tiempo que intenta convencer a Barak, quien todavía está buscando a su esposa, para que se vengue de ella (Strafe sie,räche dich - Castígala, Véngate de ella). Su caída en desgracia es total, aparece el Mensajero, quien tras impedirle el paso, le impone el castigo de Keikobad enviándola de vuelta en la barca hacia el mundo de los humanos, en medio de una tormenta orquestal.
La escena nos presenta ahora a la Emperatriz ante el Templo. La irresistible belleza straussiana del violín nos introduce en la Gran Prueba de la Emperatriz, dando comienzo a su primera parte –la Plegaria- (Vater, bist du’s? – Padre, ¿estás ahí?): reconoce ante Keikobad su fracaso en conseguir una Sombra, pero asegura haber descubierto el don del Sacrificio, arropada por la trompa y las escalas ascendentes de los violines. Escuchemos la escena en la voz de Julia Varady con Solti:
En respuesta se inicia la Tentación en forma de fuente del Agua de la Vida. ElGuardián del Umbral le urge beber del manantial para adquirir la Sombra de la Mujer de Barak. Pero al escuchar el lamento de la pareja de tintoreros, y conocer su destino si acepta, rehúsa beber (Blut ist in dem Wasser, ich trinke nicht! - ¡Sangre hay en el agua, no beberé!)
Un tremebundo crescendo orquestal le descubre semioculto al Emperador ya petrificado, tan solo puede mover los ojos. Comienza la segunda parte de la Prueba –La Renuncia- En medio de un intenso dramatismo, introducido por unos golpes de gong, la Emperatrizya no puede cantar… su desesperación se vehicula en recitativo(Erfüllt der Fluch! – ¡La maldición se ha cumplido!): pide morir, mientras unas voces sobrenaturales repiten la advertencia del Halcón. El Guardián la vuelve a tentar con el Agua de la Vida, pero ante las voces suplicantes de los tintoreros, y en un clamoroso silencio orquestal, con un dramático grito la rechaza definitivamente (Ich will nicht! - ¡No la quiero!). El momento es excelso, más aún en la voz de Rysanek con Böhm
La Prueba ha sido superada, desaparece la fuente, la escena se ilumina, los agudos tremolantes de las cuerdas reproducen el tema de la Sombra que preludia la aparición de una larga sombra a los pies de la Emperatriz. En ese mágico instante el Emperador se despetrifica iniciando un arrebatador pasaje henchido de pasión (Wenn das Herz aus Kristall - Cuando el corazón de cristal, se quiebre en un grito) al que se le unen las voces de los niños. Oigámoslo en la interpretación de Plácido Domingo con Solti:
Aparece el reino de Keikobad donde la imperial pareja canta un sublime dúo con la orquesta desatada, en un ambiente de impetuoso romanticismo.
Reaparecen Barak y su Mujer, a la cual su recobrada Sombra se le convierte en un Dorado Puente sobre el abismo que les permite por fin reencontrarse (Dein Schatten, er führt mich zu dir! - Tu Sombra me lleva a ti)
Radiantes se reúnen las dos parejas en un canto de amor conyugal que inicia Barak con un himno jubiloso (Nun will ich jubeln - Quiero gritar de alegría como nadie lo hizo jamás) y que finalizan como cuarteto en una apoteosis orquestal del más genuino Strauss.
Pero para Hofmannsthal es el Coro de Niños No Nacidos quien debe cerrar la ópera, en límbica calma y con una más que enigmática frase:
¡Si hubiera alguna vez una fiesta,
nosotros seríamos en secreto
no sólo los invitados,
sino también los anfitriones!
FIN
Discografía recomendada:
1.Rysanek, Golz, Höngen, Hopf, Schöffler – Wiener Philharmoniker – Karl Böhm 1955. Excepcional lectura plena de poesía y de lirismo, de opulencia diamantina en la orquesta. Cuenta además con Rysanek (la mejor Kaiserin) y un soberbio Schöffler como Barak. IMPRESCINDIBLE
2.Varady, Behrens, Runkel, Domingo, Van Dam – Wiener Philharmoniker – Georg Solti. 1992 Lectura heroica, pétrea, expresionista, arrolladora de Solti con una estupenda Hildegard Behrens. MUY RECOMENDABLE.
3.Voigt, Schwarz, Hass, Heppner, Grundheber – Staatskapelle Dresden – Sinopoli 1996. Una versión íntima y delicada, ajustada y viva, con algunos desfallecimientos tensionales, y algunas insuficiencias vocales pero con un Kaiser de lujo, Heppner. RECOMENDABLE.
4.Rysanek, Ludwig, Hoffmann, Thomas, Berry – Wiener Staatsoper – Karajan 1964. Lectura elegante, ligera, de una opulencia de bisutería, y escaso dramatismo, que cuenta, además de la Rysanek, con unos tintoreros sensacionales, Christa Ludwig y su marido Walter Berry. RECOMENDABLE.
En formato DVD recomendaría la excelente labor orquestal de Solti en Salzburgo 1992, y la preciosa puesta en escena de Ichikawa (vista en el Real) con Sawallisch a la batuta.