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“En el mes en que los Beatles cumplen cuarenta años de su separación, el Vaticano se ha reconciliado con su música y ha decidido absolver de sus excesos a los cuatro chicos de Liverpool. El diario oficial de la Santa Sede, L'Osservatore Romano , publicaba el pasado fin de semana dos artículos en los que alababa la música creada por los Beatles y, por fin, hacía la vista gorda sobre la disipada vida de los artistas y el hecho de que consumieran drogas, causas estas que les valieron ser vetados por el Vaticano…
«Sus excesos son cosas del pasado, su música es algo del presente», comenta el periódico en uno de los artículos que aparecieron en primera plana.
«Es cierto, no han sido el mejor ejemplo para los jóvenes de su tiempo, pero tampoco el peor. Todavía escuchando sus canciones todo aquello parece lejano e insignificante», señala L'Osservatore Romano, que apunta que todos sus desmanes solo fueron pecados de juventud… Otro amago de reconciliación y perdón cristiano tuvo lugar hace solo un mes, cuando el diario de El Vaticano incluyó el elepé Revolver entre los diez mejores de la historia.”
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En primer lugar acierta al perdonar los pecados juveniles de los Beatles. Aunque con cuarenta años de retraso, una minucia si lo comparamos con otros casos: la absolución es una prerrogativa del sacerdocio. Ya se sabe que la juventud, y más si está inserta en la vorágine del éxito, es fuente de muchos excesos ¡quién esté libre de culpa que tire la primera piedra!
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Incluso si me apuran me alegro de que se les perdone aquello que, aunque escandaloso, no era más que la pura verdad: me refiero a la célebre frase de Lennon “somos más famosos que Jesucristo”. Basta observar un mapa de las religiones para darse cuenta de la realidad. Siempre tendemos a mirarnos el ombligo y a convertir nuestras manías en leyes universales. Mea culpa…
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En segundo lugar acierta por incluir su álbum Revolver (1966) en el top ten de la Santa Sede. Nada me place más que ver uno de mis discos preferidos de los Fab Four en la cima de la lista de las músicas divinas. Uno, en su modosidad, siempre se decantó por la exquisitez melódica del lado beatle frente a la aridez deslenguada de su contraimagen stone... Acierta pues de nuevo, y van dos, el Estado Pontificio demostrando un gusto exquisito, a la altura de su alto rango, convenientemente amplificado por sus medios.
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¡Quien puede ser inmune a la evolución musical del pop-rock, documentada en esta obra fundamental de tan amplia influencia!
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Eleanor Rigby , un must de densidad colgada de la cuerda de su doble cuarteto:
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For no one introduce la trompa de Alan Civil en la música pop, mientras oficia McCartney con una sencilla pero directa letra de ruptura:
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And your bird can sing, autopista eléctrica para la voz de Lennon…
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Here, there and everywhere, placidez en sus sutiles armonías vocales:
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Tomorrow never knows, un infernal y ostinato ritmo materializa la retorcida mente de Lennon con un novedoso sistema de grabación. Pura psicodelia:
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Felicidad, pues, por la doble decisión… Sobre otras noticias provenientes del Estado Vaticano, no quiero entrar desde el Castillo. Tan sólo dejar claro que todos delitos deben ser castigados por las leyes humanas, incluido el de encubrimiento…


En todo caso, excelente intérprete debió de ser la misteriosa joven porque con su arte interpretativo, y los nuevos aires musicales que portaba, supo extraer del genio de Salzburgo la primera obra maestra en su tan querido mundo del Concierto para piano. La más personal forma expresiva de Mozart, que le acompañó durante toda su vida. Una simbiosis de virtuosismo instrumental, alturas sinfónicas, rica paleta orquestal e intensa expresividad; cualidades innatas en WA que supo llevar hasta la más pura perfección formal.




