sábado, 27 de febrero de 2010

Holandés se escribe con H

El Holandés errante - Pulo
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El plazo ha vencido
otra vez transcurrieron siete años.
Lleno de hastío
me devuelve el mar a tierra...
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¿Cuándo sonará
el golpe exterminador,
con el que saltará en pedazos el mundo?
Cuando todos los muertos resuciten,
entonces me sumiré en la nada.
¡Oh, mundos, cesad vuestro curso!
¡Eterna aniquilación, hazme tuyo!
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Aprovechando la gira autonómica de una denominada Ópera Checa de Praga, de cuyos nombres no quiero acordarme, he podido acercarme a una representación del Holandés wagneriano. Ante las escasas expectativas, he salido con el aprobado más dulce que recuerdo... Cuando no esperas nada, un algo te parece el todo.
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A pesar de una muy escasa orquesta, dirigida con interés; a pesar de una Senta joven, fresca, esténtorea, algo gritona y escasa de matices; a pesar de un Holandés recio, oscuro, angustiado también en su propio engolamiento, con una voz que no corría cuando se la exigía. Digo que, pese a estos pecados mortales, hubo un aire de Wagner en la función, un empuje y un oficio, limitado, pero plausible.
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Recordando dicha función he caído en la cuenta de la sobreabundancia de haches en los grandes intérpretes del atormentado volador. Escuchemos dos monólogos "Die Frist ist um":
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Hans Hotter: el incomparable, el prototipo, la vocalidad perfecta para el rol:
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Hermann Uhde: si bien más limitado, es otro arquetipo:
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Y London ¿por qué no tiene haches?

sábado, 20 de febrero de 2010

Elíptica Quinta

Gustav Mahler - Gordon Shaw

No se alarmen, no voy a hablar del Círculo de quintas; tampoco sabría. Con este geométrico título quiero referirme a la Quinta Sinfonía de Gustav Mahler escuchada el pasado jueves 18 en el Auditorio de Galicia. La interpretación corrió a cargo de la Orquesta Sinfónica de Galicia con uno de los valores en alza de la dirección orquestal, el Maestro Pablo González, titular de la OBC a partir del próximo septiembre.

Las Sinfonías de Mahler son auténticos tapices poliédricos, pero aquí quiero hablar de una órbita elíptica en la interpretación de esta Quinta, situando como centro al propio Mahler, por su mayor o menor proximidad al espíritu compositivo, que desde cada personal foco mantiene siempre su propia perfección geométrica e incluso su bella excentricidad.

La vibrante y sólida, sin reciedumbres, arquitectura sonora del monumento mahleriano, que construyó González se apoyaba en dos columnas maestras: por un lado, en la clarificación del ambiente sonoro, siempre diáfano y eufónico; y por otro, en el absoluto control de dinámicas, amplias pero aseadas, arrolladoras pero pulcras. Así el edificio abundó en una amplia expresividad, a la vez amena y atractiva, más aún tratándose de una sinfonía larga y agitada. En el aspecto estilístico, el maestro optó por la implicación humana, contenida, nada mística pero de una intimidad que huyendo del romanticismo se afirma en el expresionismo de sus bruñidos metales cromáticos, y en la evolución de sus propios estados anímicos.

Ia. Trauermarch: desde la fanfarria inicial, asociada por algunos a la Quinta de Beethoven, sensacional prestación de trompas, trompetas, trombones y tuba en todo este inmóvil movimiento, soporte sonoro de él, contrastado en la nostálgica melodía de los violonchelos. Unos bronces que aportaban toda la pompa de las elegías mayúsculas.

Ib. Stürmisch Bewegt: vehemencia interpretativa, agitación interior, descarnada y humana que sacude de manera precisa, muy precisa, a todos los atriles. Posiblemente el momento más eficaz, dulce y redondo de la interpretación.

II. Scherzo: más anodino el excesivo scherzo, de ritmo vienés, popular y elegante en su danza, pero algo extraño y ajeno, como mirado desde fuera, tal vez buscando una distancia preventiva.

IIIa. Adagietto: el célebre movimiento, regalo de bodas de Alma Mahler, fue leído con hondura, pero sin el arrobo suficiente en las cuerdas más agudas. Dejó flotando un sentimiento sin huella en el alma, salvo en aquellos íntimos pasajes en los que el amor intenso del compositor deambula, ingenuo, entre las violas y los violonchelos

IIIb. Rondo-Finale. Allegro: la monumental polifonía, en forma fugada, con rasgos de ironía y desapego, tiende a la alegría vital, con la, ahora sí, óptima asistencia de todas las secciones, y de nuevo, el fulgor del metal rematando el proyecto.

Un gran Mahler, personal, elíptico, embridado, tal vez no genial pero con la talla suficiente para exclamar, con la últimos acordes todavía resonando, un sentido y también contenido ¡Bravo!

Desde la Goldener Saal del Musikverein (otro monumento) escuchemos el comienzo de la Quinta Sinfonía de Mahler bajo la dirección de Leonard Bernstein:


martes, 16 de febrero de 2010

Zappa póstumo: “Amnerika”

Cuando Frank Zappa murió, en diciembre de 1993, dejó inédito, pero totalmente rematado y retocado, un doble álbum llamado Civilization Phaze III (1994) El disco era un musical (ópera-ballet-pantomima) tan personal como toda su obra, cuyo proyecto venía de muy lejos, desde finales de los sesenta. De esa época datan las conversaciones grabadas, desde el interior de un piano de cola, que servirían de puente entre las distintas piezas instrumentales que fue grabando en el Synclavier durante los ochenta y con el Ensemble Modern a comienzos de los noventa.

Uno de los mejores temas que lo integran es sin duda “Amnerika”, una pieza cuya primitiva versión puede rastrearse en el álbum Thing-Fish (1984) y que conocería sucesivas versiones, con o sin letra, a cargo del Ensemble Modern. Aquí aparece en su versión original, compuesta e interpretada en el Synclavier, con toda la carga de su extraña e inquietante belleza melódica que intenta fluir de forma sincopada:

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martes, 9 de febrero de 2010

Lyrische Suite: un secreto

“Seis piezas más bien cortas, de un carácter más lírico que sinfónico” (Berg)
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Contrastando con el excesivo almibaramiento melódico de Rimski, nos damos un paseo musical por la atonalidad, a través de la hipersensibilidad expresionista del más genial miembro de la denominada Segunda Escuela de Viena: Alban Berg (1885-1935). Un músico complejo, sensible, elaborado, lírico, tradicional y moderno… esencial.
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De su escaso e imprescindible catálogo nos detenemos hoy en una partitura clave del siglo XX: la Suite Lírica. Escrita entre 1925-1926 consta de seis movimientos, originalmente para cuarteto de cuerda, aunque posteriormente transcribiera tres de ellos para orquesta de cuerda. Fue dedicada a Zemlinsky, rememorando su Sinfonía Lírica, de quien toma prestado el adjetivo, la estructura en seis partes, así como alguna cita musical. Pero que, en cuya génesis y en su simbolismo serial, hoy se sabe que late el amor secreto y epistolar hacia Hanna Fuchs, o tal vez siguiendo a Adorno “Berg no escribió la Suite Lírica por amor a Hanna Fuchs, sino que amó a Hanna Fuchs para poder escribir la Suite Lírica”
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Con esta partitura Berg continúa experimentando con el dodecafonismo serial, si bien manteniendo esa ambigüedad estilística tan propia, que le permite unificar en una misma obra (ésta misma) elementos dodecafónicos no seriales, serialismo dodecafónico y recursos de jerarquía tonal.
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La Suite Lírica se estructura en tres movimientos rápidos intercalados de otros tres lentos, con la particularidad de que aquéllos tempi van evolucionando a más rápidos, y éstos cada vez a más lentos: allegretto-allegro-presto – andante-adagio-largo; proponiendo además un carácter que evoluciona desde el giovale inicial hasta el desolato final, pasando por el amoroso, appassionato, misterioso y delirando ¡Cuán atractivo!
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Para las ilustraciones sonoras he elegido dos movimientos lentos, con sus correspondientes versiones para cuarteto y orquesta, para que cada paladar pueda escojer entre la más cortante y expresiva, o la más redonda y acogedora, pero todos con Egon Schiele al frente:
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II. Andante amoroso: un rondó de escritura dodecafónica no serial, que conlleva un tema de doce notas, ligeramente variado, de carácter juguetón, dinámico, proporcionado…
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Cuarteto Lasalle
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Orquesta Filarmónica de Viena- Claudio Abbado
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IV. Adagio appassionato: un nocturno de forma muy libre, no serial, que atrapa por la escritura muy oprimida en su instrumentación; un movimiento lírico, esforzado, ceñido, inquieto, y donde se cita la Sinfonía de Zemlinsky.
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Cuarteto Lasalle
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Orquesta Filarmónica de Viena - Claudio Abbado

jueves, 4 de febrero de 2010

Scheherezade

Sheherazade - Kay Nielsen

Sin poder abandonar, hechizados, la fantasía del cuento, la curiosidad de lo fabuloso, la seducción de lo imaginario, y los aromas exóticos de Oriente, nos enlazamos a otro asombroso orquestador: Nikolai Rimski-Korsakov (1844-1908). Un prodigio de refinamiento, narración, estructura y color, cuya obra cumbre para orquesta, la suite sinfónica Scheherezade op.35 (1888) ha atravesado gloriosamente de forma transversal a todos los públicos; una embelesadora música, elocuente y opulenta, que satisface tanto al purista melómano como al tarareador inconsciente.

Basada en las Mil y Una Noches, la partitura narra de forma libre algunos pasajes de tan extensa obra, utilizando como guía el lírico motivo de Scheherezade en el primer violín. En las adictivas melodías orientalizantes de origen folclórico, en el rico colorido instrumental, en la imbricación temática de sus movimientos (como ocurre en la colección de cuentos), o en la potencia narrativa de sus escenas más sinfónicas, radica la belleza y el encanto de tan hermosa página del XIX.

El lírico tercer movimiento, El joven Príncipe y la Princesa, es sin duda el más conocido y seductor. Comienza embriagadoramente con el tendido motivo del Príncipe en los violines, arropado por diademas de clarinete, al que sucede el tema de la Princesa, más ligero y vivaracho, marcado por la percusión y solemnizado en las trompetas. En la reexposición del primer tema se intercala el motivo de la Sultana, para finalizar en cascadas descendentes de las maderas. Aquí queda en la versión de la Filarmónica de Berlín con Karajan:

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Sheherazade - Edouard Frederic Wilhelm Richter
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Escuchada mil y una veces; hace bien poco la Royal Philharmonic Orchestra, con ese trotamundos y todoterreno maestro Charles Dutoit al frente, dejó constancia de su arrebatador sonido en su mini gira gallega. Con unas cuerdas que eran pura caricia sensual, supieron extraer el máximo partido a una obra que ensalza como pocas esa inmensa comunidad artística llamada Orquesta.